“No caminar solos”

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¿Qué es el “discernimiento comunitario”?

Fotografía: Cathopic

Por Gustavo Cavagnari, sdb
cavagnari@unisal.it

En el artículo de marzo, Saber para dónde vamos, dijimos que cuando alguien intenta reconocer — a la luz del Espíritu — qué es lo que Dios le pide en una determinada circunstancia, para elegir en consecuencia, esa persona está haciendo un ejercicio de tipo espiritual que se llama discernimiento. Además de referirse a él en Evangelii gaudium, el Papa habla mucho sobre el discernimiento en Gaudete et exsultate. ¿Ya la leímos?

Lo que afecta a todos debe ser tratado por todos

El discernimiento es un instrumento para seguir mejor al Señor, dice Francisco. Y, por eso, recurrimos a él en una infinidad de situaciones. A nivel personal, tal vez el caso más conocido sea el del discernimiento vocacional. En este caso se trata de descubrir qué quiere Jesús de cada uno para definir así la orientación concreta que se le dará a la propia vida. Como enseña Christus vivit, para discernir un joven se pregunta: ¿Cuál es mi lugar en esta tierra? ¿Cómo puedo poner mis cualidades, inclinaciones y dones al servicio del mundo y de la Iglesia? ¿Qué es lo que todavía me falta poseer y desarrollar? Y así se podría seguir.

Sin embargo, el discernimiento no es sólo individual. Es un ejercicio que realizan además los grupos, comunidades e instituciones para entender cómo actuar según Dios en una situación concreta. Es lo que se llama el discernimiento en común. Como el primero, también este tipo de discernimiento se ejercita en una infinidad de escenarios. Otro ejemplo: cuando una comunidad eclesial se pregunta cuál es el mejor modo de evangelizar un territorio realiza una forma de discernimiento en común llamado discernimiento pastoral. Aquí, con la guía de los obispos, los hermanos y hermanas de esa comunidad se pregunta por los objetivos, las estructuras, los modos, los métodos y las actividades que se realizan.

Con el discernimiento en común tratamos entre todos de entender qué está pasando en una realidad concreta, evaluamos desafíos y posibilidades, decidimos qué hacer y cómo hacerlo.

No se necesita mucho para entender que, como práctica eclesial, el discernimiento comunitario está íntimamente ligado a ese estilo sinodal que últimamente tiene amplia difusión. Si la sinodalidad es la capacidad de caminar juntos, con el discernimiento en común tratamos entre todos de entender qué está pasando en una realidad concreta, evaluamos desafíos que se presentan y las posibilidades que tenemos, decidimos qué hacer y cómo hacerlo. Como dice Evangelii gaudium, “lo importante es no caminar solos”.

Escuchar comunitariamente lo que el Espíritu dice a la Iglesia

Lindo… pero, concretamente, ¿cómo llevar adelante este discernimiento comunitario? Bueno, no hay recetas. Pero hay algunos itinerarios posibles. Les propongo aquí las ideas del autor Sergio Lanza.

El primer paso es definir concretamente qué es lo que queremos discernir. Las cosas demasiado generales no llevan a ningún lado. En el ejercicio podemos dejarnos ayudar por personas con más formación o experiencia. ¡La cuestión que nos convoca tiene que ser pensada y estudiada antes de discutida! No se trata de reunirnos y empezar a disparar las “genialidades” que se nos ocurren en el momento…

El segundo movimiento es abrirnos a la oración de forma explícita. ¡Ahá! Lo que normalmente no hacemos… ¿Cuántas veces nos conformamos con “oracioncitas” de compromiso? ¿De verdad creemos en eso de “la luz del Espíritu”?

¡La cuestión que nos convoca tiene que ser pensada y estudiada antes de discutida! No se trata de reunirnos y empezar a disparar las “genialidades” que se nos ocurren en el momento…

El tercer momento es la reflexión personal en común. No es una contradicción. El silencio y la reflexión de cada uno se potencian con el compartir de todos. Sin embargo, ¿cuántas veces nos hemos reunido para discutir y decidir todo “de un saque”?

El cuarto paso es el intercambio sobre el tema en cuestión. No se trata, ante todo, de un debate. Mucho menos de “agarrarnos a las piñas” … Es una escucha atenta, en un clima de fraternidad y de oración. La profundización puede venir en un segundo momento, si se crean las condiciones adecuadas.

El quinto y último escalón es la decisión. En algunos casos, la decisión le corresponde a una persona; pensemos a una superiora religiosa o a un obispo. En otros casos, la decisión es mancomunada. En este contexto, sin embargo, ¡no basta la alzada de manos! Lo decidido por la mayoría muchas veces puede ser violento o incluso inmoral. A veces incluso lo mejor es no decidir; no por cobardía, sino porque está claro que se necesita una mayor reflexión.En fin, habría muchísimo más que decir, pero es mejor detenernos y, si queremos, confrontarnos con un ejemplo bíblico de discernimiento comunitario. Les propongo que lean Hechos 1,12-13.21-26. ¿Cuál era el problema? ¿Qué es lo que hay que discernir? ¿Cuál es el criterio? ¿En qué momento del proceso se coloca la oración? ¿Se llegó a tomar una decisión? ¡Los leo!

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JUNIO 2022

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