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La importancia del discernimiento

Por Gustavo Cavagnari, sdb
cavagnari@unisal.it

Como sus predecesores, también Francisco habla con sus gestos, sus silencios y sus palabras. Muchas de ellas son fáciles de entender, porque son parte del lenguaje común, provienen de la vida de cada día, están cargadas de imágenes y sugerencias. Otras palabras, en cambio, son modismos locales o neologismos que provocan dolores de cabeza a los traductores y desorientan a casi todos, excepto tal vez a los argentinos. Otras, en fin, son palabras más técnicas, “teológicas” diríamos, arraigadas en la Tradición dogmática o espiritual de la Iglesia. Entre estas últimas, los términos discernimiento y discernir se repiten tantas veces que, si se los quisiera estudiar en profundidad, habría que analizar cientos de escritos y discursos. Deben ser importantes, ¿no? 

Intentaremos darle una miradita a la cuestión; así, con el diminutivo, porque el asunto es tan amplio que por eso se han escrito bibliotecas enteras.

¿Me lo explica sencillito, por favor?

Trataremos. Según el diccionario, discernir significa distinguir algo de otra cosa. Parece una cosa fácil, sobre todo si tengo que distinguir entre un camión y una patineta. Sin embargo, en su raíz griega, la palabra indica algo más sutil. Es filtrar dos veces, como hacen los de MasterChef con la harina para que la torta le salga esponjosa. O entrecerrar los ojos para ver haciendo foco, como hago yo cuando no tengo los lentes. En síntesis, es separar prestando atención a los detalles, como cuando jugamos a encontrar las diferencias.

Cuando hablamos de “discernir”, queremos sobre todo concentrarnos en aquellos temas, situaciones o áreas en las que sentimos indecisión o desorientación para entender qué dirección tomar, qué pasos dar, cómo actuar del mejor modo. Como dice el Papa en una entrevista, “no se nos ha entregado la vida como un guión en el que ya está todo escrito”. Por eso discernimos.

No importa quién o dónde, todos estamos llamados a discernir.

Muchas veces, el discernimiento se asocia a la orientación general de la propia existencia: ¿Qué hago con mi vida? Pero la cosa es más amplia. De hecho, el discernimiento cubre un abanico de cuestiones, desde aquellas personales, de cada día ―¿Cómo ayudo a mi hijo que atraviesa una etapa difícil? ¿Qué pasos dar para mejorar mi vida profesional? ¿Cómo me expreso como ciudadana?― a aquellas otras que van más allá del sujeto para implicar a toda una comunidad ―¿Cómo gestionamos nuestra escuela? ¿Qué posición asumimos como institución frente a una ley dañina?

Y esto, ¿qué tiene que ver conmigo?

No importa quién o dónde, todos estamos llamados a discernir. Y, en tiempos que son cada vez más complejos, saber cómo obrar (el) bien en una realidad concreta es siempre complicado. Decía el Papa a los jesuitas polacos: “En la vida no todo es blanco sobre negro o negro sobre blanco. ¡No! En la vida predominan los tonos de gris. Se debe enseñar entonces cómo discernir en este gris”. Discernir bien es incluso decisivo si uno tiene responsabilidades que afectan a otros; un político que administra la cosa pública, un empleador que da trabajo, una madre que sostiene una familia, un dirigente que preside una comunidad… no pueden obrar improvisadamente.

El discernimiento evangélico es reconocer, interpretar y elegir de acuerdo al proyecto de Dios en Cristo.

Para los cristianos, el discernimiento tiene incluso una dimensión más honda. Discernir supone preguntarnos cómo dar respuesta a esas preguntas que nos hacemos todos, pero desde la fe, en fidelidad a la Revelación, según el mandato de Cristo. Evangelii gaudium lo llama discernimiento evangélico. Este discernimiento, que “se alimenta a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo”, sirve para reconocer qué es según el querer de Dios y qué no, y elegir en conformidad. “¡Aquí radica lo decisivo!”, agrega Evangelii gaudium. Entonces, no se trata de elegir sólo entre lo bueno y lo malo – lo cual ya sería mucho – sino entre lo bueno y lo mejor, según lo que Dios quiere. 

¡Ah, pero eso no es fácil! Claro. Por eso Amoris laetitia dice que se discierne para que nuestras opciones, aún en medio de los límites, sigan creciendo hasta responder plenamente a lo que Dios ha pensado para nosotros. No todo lo que es trending topic es conforme a ese plan divino. No todo lo que “me gusta” se orienta a la salvación.En síntesis, el discernimiento evangélico es reconocer, interpretar y elegir de acuerdo al proyecto de Dios en Cristo. Esto vale para las personas, los grupos, las comunidades, las instituciones. Las preguntas pueden ser las mismas, pero las respuestas no siempre deben ser las mismas.

BOLETÍN SALESIANO – MARZO 2022

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