Una ayuda inesperada

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-¿Me ayudás a escribir en el cartel?- dijo Luna, una niña de estatura pequeña, pero era de esas que son trabajadoras, amables y parecía siempre activa.
-Ahora no puedo -dijo Agostina, una niña de pelo oscuro y liso, con su piel clarita y con su cara regordeta. -No se terminan de secar las banderitas.

A ambas les mandaron (de hecho, eran unas de las pocas que se pusieron de voluntarias) preparar las cosas de 7° “A” para el 24 de Mayo, cuando vayan a hacer la procesión de María. Estuvieron trabajando un montón, ya que a Melissa le iban a poner los brackets, así que se iba al dentista; y Micaela todavía no llegaba.

TOC TOC

¡Debía ser Micaela! Casi corriendo, las chicas fueron a abrirle la puerta, ilusionadas… pero no.

-Hola… -dijo una voz. Era la hermana menor de Micaela, llamada Sofi. Era un poco tímida. Iba a 4° grado, y las chicas la querían mucho.
-¿Y Mica? –preguntaron las chicas, un poco sorprendidas al verla solo a ella.

Sofí no respondió al instante; se interesó rápidamente en sus jeans, y luego dijo:

-Mi hermana me dijo que les envíe esto de su parte. Y les entregó un sobre. Las chicas, sacaron una carta y tiraron al suelo el sobre. Apretujadas para leer las dos a la vez, vieron que decía así:

Para Agos, Luna y Mely (si estás ahí):
Hola, les envío esta carta con el propósito de… decirles que las voy a desilusionar  mucho.
Voy a estar unos días fuera de la ciudad, y no vuelvo hasta el 24/5 a la tarde.
Lo lamento muchísimo.
                                                            Mica

-¡¿Qué?! –gritaron a la vez Luna y Agostina, realmente alteradas por la noticia.
Haciendo cuentas, Agos dijo lo que nadie quería escuchar:
-Así sin Guadalupe y sin Micaela, no llegaremos a terminar… – miró a Sofía y dijo: -¿Eso es cierto? Sofía las miraba con ojos muy abiertos, entonces supusieron que sí.
-¡¡¡Alto!!! –dijo Luna, que todavía no se convencía. -¡Creo que vi algo más en el sobre!
En efecto, había un montón de papeles de colores, y una posdata más grande que la carta, que decía así:

PD: Aunque… les dejo unas cosas, para ayudarlas. 1° es que encontré en una página, las instrucciones de unas rosas de origami que se veían muy buenas.Corté hojas de colores para que las hagan (bueno, sé que Agos es la mejor haciéndolas) 2° Agarré mis     stickers, o sea todos, y los puse acá, ojalá ayuden. Y 3°, mi hermana quiere y va a ayudar.                                                                                                MICAELA

 

Guau. Las chicas no se lo esperaban. Estaban tan sorprendidas y más que felices. Tanto, que ninguna podía reaccionar. Solo Sofi, con una sonrisa traviesa:   –Bueno, ¿vamos a empezar?

Y lo hicieron como nunca. Agos armaba las flores, que iban adquiriendo forma. Luna se encargaba de los carteles, copiando frases inspiradoras y emotivas. Y hasta Sofi se mostró colaborativa. Ayudó en todo, muy confiada, y no hubo problemas. Bueno, excepto cuando sin querer, derramó tinta china en un banderín, pero nada más.

Llegó el día. Las tres tenían todo preparado para la procesión: los carteles, los banderines y la gran antorcha.

Al llegar al colegio, los esperaban todos. Repartieron todo, y se prepararon para salir.

Al iniciar la procesión, Luna y Agos estaban felices y satisfechas de sí mismas. Por todos lados se veían las cosas que habían preparado. Los chicos agitaban banderines, las chicas alzaban un par de carteles y ellas andaban con la antorcha.

Al finalizar la misa, salieron de la iglesia. Todo séptimo fue a agradecerles, felicitarlas y a devolverles las manualidades que prepararon.

Cuando se iban a volver a sus casas, vieron salir a…

-¡¡¡MICAELA!!! –exclamaron Agos y Luna, que fueron a abrazarla y a saludarla.
-¡Estuvieron muy bien! –comentó Micaela. –Yo no llegué a la procesión, apenas estuve para la misa, pero vi lo que hicieron, y me encantó.
-Y bueno, también gracias a tus consejos… -empezó a decir Agostina.
-¿Consejos? –se extrañó Mica.
-Sí, claro, lo que estaba en la carta: las páginas, los papeles, etc. –dijo Luna.
-No sé de qué hablan, yo solo les envié la carta de que no podía ir; claro, sin ofender –añadió Micaela.
-Y entonces, ¿quién la envió? –se preguntaron las tres a la vez.
-Yo fui –dijo alguien. ¡Era Sofía!
-¿Vos?
-¿Por qué?
-¡Y por qué no nos dijiste?
-Fui yo –explicó Sofi. –Yo sé que a veces creen que soy molesta, y como Micaela se iba de viaje, pensé en hacer un pequeño gesto. Entonces, me hice pasar por ella, y escribí la carta.
-Nos lo hubieras dicho en un principio. ¡¡¡Sos la mejor!!!
-¡Venga un abrazo!

Y se abrazaron las cuatro chicas, que se dieron cuenta de que los mejores gestos, son esos pequeños que se hacen desinteresadamente, cada día.

 

Por Lara Combina Gutierrez
12 años. Instituto María Auxiliadora.
Puerto Deseado, Santa Cruz

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