«Tenemos que involucrar a los jóvenes en las decisiones políticas»

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Entrevista a Pablo Vommaro, especialista en juventudes.

Por Ezequiel Herrero y Juan José Chiappetti
redaccion@boletinsalesiano.com.ar

Miércoles 9 de agosto, por la tarde. Faltan cuatro días para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. En las oficinas de Clacso -Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – nos recibe Pablo Vommaro, profesor de historia en la UBA -donde además coordina el Grupo de Estudios de Políticas y Juventudes-, post doctor en Ciencias Sociales, investigador del Conicet y especialista en estudios de juventudes. El objetivo: dialogar sobre los jóvenes y el compromiso sociopolítico.

“En política en los últimos 15 o 20 años hay una especie de red semántica que es nuevo joven-bueno, nuevo es sinónimo de joven y si es nuevo y joven, es bueno”, señala Pablo Vommaro, doctor en ciencias sociales y especialista en juventudes.

Pablo, ¿estamos ante un nuevo escenario en lo que hace a la participación política de los jóvenes?

En primer lugar me gustaría aclarar que cuando pensamos en participación política juvenil tenemos que mirarla en un sentido amplio, no solo restringida a la participación dentro del sistema político, sino pensar en una participación más general.

Dicho esto creo que en los últimos años, sobre todo con la pandemia y la post pandemia se reconfiguró la relación de los jóvenes con el compromiso político y percibo desencanto, malestar, desilusión, enojo, bronca. Hoy no estamos en un momento de auge de la participación juvenil, pero al mismo tiempo se ve que algunas formas de participación territorial, barrial, sindical, religiosa, estudiantil se mantienen o han subido un poquito.

Para las juventudes involucrarse en cualquier organización tiene que ver con una vocación de participar, de comprometerse, de no quedarse encerrado en su casa, con su celular o con su red social o con su juego en línea, sino de ir a buscar a otro, de asociarse, de estar con otros, de buscar un compartir, un colectivo.

Entonces, creo que no es un momento de auge pero tampoco veo un declive. Creo que es un momento más de incertidumbre y de reacomodamiento.

Vos recién nombras a la pandemia, ¿cuánto tiene que ver con este panorama?

Un pibe que hoy tiene 16, 17 años vota por primera vez. A los 13 vivió dos años sin poder juntarse con sus amigos o juntándose a escondidas, acusado de hacer fiestas clandestinas, cursando virtualmente, conviviendo a la fuerza con su familia en su casa.

Toda esa experiencia subjetiva que hoy está totalmente invisibilizada. Cuando yo entrevisto a pibes de entre 17 y 24 o 25 años todos, no hay ni uno, que no me refiera a la pandemia. No me refieren teorizando, pero todos me dicen “cuando estábamos en pandemia” o “antes de la pandemia”. Pero el mundo adulto no habla de la pandemia y en la experiencia juvenil está eso.

Entonces hay un malestar, no solo con lo vivido, sino por estar hablando un código que vos no estás escuchando. Vos hablas de una cosa y yo hablo de otra. Lo que aumentó mucho en los últimos años es una suerte de desconexión intergeneracional.

¿El descontento de los jóvenes con el mundo adulto, despierta cierto compromiso social?

En algunos temas si, por ejemplo todo lo que tiene que ver con la agenda ambiental, ahí hay una responsabilización de las generaciones adultas. “Ustedes destruyeron el mundo haciendo extractivismo, agotando los recursos, provocando el cambio climático y ambiental, paren porque nos queda a nosotros o a las próximas generaciones”. Es un momento de descontento por el legado, “lo que ustedes me dejan, no solo no es bueno, sino que es una porquería”.

Por eso algunos dicen generación de cristal, la generación que algunas cosas ya no se banca. Yo entrevisto a muchos jóvenes y habitualmente me dicen “¿Por qué me tengo que bancar el insulto en un trabajo? ¿Por qué tengo que pagar ‘derecho de piso’? Qué lo paguen los de 50 años, yo no lo voy a pagar”.

Y encima los sueldos son tan bajos que algunos prefieren no trabajar en relación de dependencia. ¿Hasta dónde va a llegar eso? No sé. Pero están planteando otra relación. “Si vos te la bancaste es problema tuyo. Yo no me voy a sacrificar. ¿Para qué me la voy a bancar? ¿Cuál es el premio dentro de diez años? Porque tampoco tengo una recompensa. No existe, o es muy diluida, muy gris”.

¿Cómo educamos, cómo volvemos a enamorar a las juventudes en la participación, en el compromiso?

Hay una primera cuestión que es escucharlos o generar espacio de escucha. Las juventudes hoy están muy bombardeadas recibiendo discursos, todo el mundo les habla y todo el mundo quiere interpretarlas, capturarlas, captar lo que piensan, lo que le gusta consumir, lo que los seduce, pero no pensamos cómo escuchar a las juventudes y generar empatía.

Y por otro lado es importante involucrarlos en las decisiones. Por ejemplo, en la pandemia el debate era educación virtual o presencial. Pero, ¿cuándo fueron los jóvenes o los estudiantes consultados? Hay marcas subjetivas que quedan. Esas marcas invisibilizadas, desoídas, no escuchadas y no reconocidas son las que alejan a los pibes, entre otros ámbitos, de la política.

Hoy hay muchos síntomas de que la juventud no le interesa al sistema político. Por ejemplo, en la Argentina no hay Ley Nacional de Juventud. Es uno de los pocos países de América Latina que no tiene. ¿Con una ley de Juventudes los jóvenes van a estar mejor? Seguramente no, pero eso muestra que no hay una intención de dar un marco normativo.

Un tema que no se aborda mucho son las altas tasas de suicidio juventil. ¿Cuánto tiene que ver en eso la dificultad en poder construir a través de la participación política y social un futuro prometedor?

Lamentablemente entre el 2014 y el 2022 el suicidio pasó de ser la sexta causa de muerte juvenil, a ser la cuarta y hoy en día la segunda causa de muerte juvenil, atrás de los accidentes en general. El primer tema es poder reconocer el problema, muchas veces invisibilizado.

Yo no soy psicólogo, pero desde mi perspectiva creo que tiene que ver con dos o tres sensaciones o vivencias que son concluyentes. Por un lado, lo que tiene que ver con la incertidumbre. Estamos en un mundo de incertidumbres en general. Pero a la incertidumbre del mundo contemporáneo ahora se suma una pandemia y una guerra.

Las juventudes están muy bombardeadas recibiendo discursos, pero lo más importante es escucharlas y generar empatía.

Por otro lado, en todo lo que tiene que ver con la escucha social, estos jóvenes que habitan la incertidumbre no son escuchados. Entonces encima de que están inciertos y que buscan alguna referencia, alguna contención, alguna pertenencia, se encuentran con una barrera intergeneracional.

Y una tercera cuestión tiene que ver con la precarización de la vida juvenil en general, con la degradación de las condiciones de vida a nivel laboral, barrial, territorial, familiar. Realidades familiares cada vez más deterioradas, cada vez más precarizados, territorios cada vez más inseguros.

Todo esto forma como un cóctel donde la proyección de futuro es muy difícil. Hoy hay una búsqueda, un consumo inmediato que también reconfigura la perspectiva de futuro. Para muchos jóvenes acceder a una casa es imposible, entonces lo que hace es satisfacer los consumos inmediatos, ir a un recital, salir a comer, viajar, es una proyección de la inmediatez, que es subjetiva, pero que también es material.

A pesar del descontento de los jóvenes con el mundo adulto, muchos parecen atraídos por la figura de Javier Milei, ¿cómo se define esta convocatoria?

Para mí la mayoría de jóvenes que se ven seducidos o se sienten convocados por Milei tiene que ver con que canaliza el enojo, el descontento. Milei es un adulto, pero es un adulto que es astuto para “juvenilizarse”, y no lo digo como un engaño, él capta que lo que tiene que hacer es parecer nuevo y joven.

En política en los últimos 15 o 20 años hay una especie de red semántica que es nuevo-joven-bueno, nuevo es sinónimo de joven y si es nuevo y joven, es bueno. Milei expresa eso. Él no dice que hace treinta años que es economista, que trabaja para los principales bancos del mundo, en los principales medios y corporaciones. Muchos jóvenes dicen “yo estoy enojado, estoy precarizado, estoy, por ejemplo, trabajando en una aplicación de delivery, pedaleo todo el día y no me alcanza. La verdad que quiero insultar a alguien”. «Y viene un tipo que insulta más que yo, que se anima a insultar en la tele. Eso que yo quería hacer lo hace él, lo que yo le quiero decir a mi empleador o al que no me dejó propina o al político de turno, pandemia mediante, él lo hace«. Yo creo que hay mucho de descontento, de voto bronca. Le doy una oportunidad y que sea lo que sea. Todos estos ya me han defraudado. Entonces es un voto más como un grito, que un voto propuesta.

Por otro lado los otros bloques, tanto el peronismo como Juntos por el cambio, lo que están proponiendo es “volvamos a lo mejor de nosotros”. Y vos si a un joven le decís: “mira, sabes que, lo que te propongo es volver como hace cinco años…”. Los pibes te van a decir: “¿papá, tío, qué me está diciendo? Yo quiero crecer, ser para adelante. No me vas a decir que lo mejor de mi vida pasó hace cuatro años”.

En cambio Milei no dice que volvamos, dice que acabemos con todo, que rompamos todo. Y a un joven enojado le gusta más romper todo e insultar que acordarse de hace ocho años o de hace cuatro años y ver cómo se vuelve a eso.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2023

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