Romero: resucitar en el pueblo

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El 3 de febrero el papa Francisco reconoció el martirio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de San Salvador, reabriendo la causa de beatificación que se encontraba bloqueada desde hacía décadas. Se trata de una noticia gozosa, tanto para el pueblo salvadoreño que mantiene viva la memoria de este pastor que ofreció su vida por la paz en un tiempo de violencia en ese país, como para la Iglesia latinoamericana que encuentra en su “San Romero de América” una referencia luminosa que anima a seguir reafirmando la opción por los más pobres. Este reconocimiento que celebramos es una buena oportunidad para volver a ver —o ver por primera vez— la película Romero, que nos acerca a su persona, recrea el contexto de época en El Salvador de fines de los setenta, y nos invita a reflexionar sobre su testimonio y nuestras propias opciones como Iglesia.

Se trata de una película estadounidense estrenada en 1989, nueve años después de la muerte de Romero, dirigida por John Duigan y protagonizada por Raúl Julia. Abarca el período político salvadoreño desde 1977, hasta el 24 de marzo de 1980, fecha en que monseñor Romero fue asesinado en manos de fuerzas paramilitares celebrando la Eucaristía. En el transcurso del film podemos descubrir cómo el obispo va transitando un camino de profunda conversión atravesada por la toma de conciencia de los sufrimientos de su pueblo en el contacto con las zonas más pobres de San Salvador y los grupos castigados por la represión política y militar del gobierno dictatorial. De esta manera Romero pasa de ser un obispo surgido del núcleo de los sectores más acomodados de la sociedad salvadoreña, a un pastor que hace opción por los pobres y la defensa de los derechos humanos, oponiéndose a los intereses económicos y políticos de aquellos sectores tradicionales, al ala más conservadora de la Iglesia, al gobierno y su brazo armado, los “escuadrones de la muerte”.

Romero ve en el rostro de su pueblo, que es el rostro de las víctimas de las injusticias económicas y de los oprimidos por el poder que legitima desde la fuerza estas injusticias, el verdadero rostro del Pueblo de Dios. Para él defender lo humano es defender a la Iglesia misma. Por eso esta película no sólo cuenta la biografía de un obispo: nos presenta aquella Iglesia latinoamericana del post-Concilio, nacida en Medellín, fortalecida en Puebla, fértil por el testimonio de sus mártires, que camina en comunidad, se encarna en la historia y reflexiona desde su realidad. Una Iglesia pobre con los pobres, profética, eucarística, con el centro en el Reino de Dios y liberadora, que interpela nuestras opciones actuales… que se ofrece como semilla de Resurrección del pueblo, como nos muestra la última escena de la película y de la vida de Romero.

Por Augusto Sánchez Ventimiglia • sanchez.ventimiglia@gmail.com

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Para reflexionar:
¿Qué otros testimonios de compromiso con la vida y los sufrimientos del pueblo conocés en nuestro país y América Latina?
 ¿Qué comprende para vos la “opción por los pobres”?
¿Qué hechos concretos se te ocurren como muestra de esta opción, en tu propia comunidad?

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