Recorriendo para no correr

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El viaje duró 44 días: fueron 11 países en un recorrido de 38,000 millas. El director y fotógrafo Rick Meriki resumió toda esta experiencia en el corto Move. Al verlo, nosotros también entramos en “movimiento”. Nos sentimos interpelados por este viaje en el que, en un abrir y cerrar de ojos, somos llevados por todo el mundo. La velocidad es tan intensa que nos sentimos maravillados; reconocemos algunos lugares y nos dejan ese sabor de querer estar allí. Sin embargo, esa rapidez sólo nos permite registrar los sitios, pero se nos escapa la vivencia que cada lugar ofrece, las historias que de allí pueden desencadenarse, los sueños que se estén gestando.

Tal vez, este moverse rápido y continuo también nos pasa en el cotidiano. De hecho, si hoy mirás el almanaque, te darás cuenta que estamos transitando el tercer mes del año, que el tiempo pasó y pasa con mucha rapidez. Hay una velocidad que hace muy difícil fijar sentido, hacer experiencia, marcar rumbo…

Pareciera ser que aún no “aterrizamos” demasiado en este 2014, que ya nos ha recibido y exige de nosotros respuestas y certezas que a veces nos desbordan. Recorremos espacios y posibilidades únicas, pero a un ritmo que imposibilita componer planes futuros. El presente se torna tan demandante que olvidamos conectarnos con la experiencia, y dejamos de lado los desafíos que nos están aguardando. Move nos permite observar que el tiempo pasa, y en un “minuto” se puede “vivir” toda una vida. Es por eso que, si no se está atento, todo se diluye y no hacemos experiencia de elegir, anticipar, saborear, crear, apostar, proyectar.

Por eso, la pregunta que surge es hacia dónde vamos con este ritmo. Podemos, “a pesar de” o mejor dicho “gracias a”, plantear horizontes más evidentes y soltar amarras. En este mar lleno de incertidumbres pero también de desafíos, la posibilidad que se nos regala es la de vivir viviendo y no, simplemente, transcurrir corriendo: vivamos “el instante”, pero no “en el instante”.

El tiempo pasa y es importante escuchar esa fuerza que nos impulsa a responder al sentido de la vida, de nuestra existencia. Tenemos una historia y de allí partimos. Siempre hay un inicio de viaje. Acaso recordarlo, mirarlo y admirarlo nos anime a ponernos en marcha y no perder el rumbo. Una marcha lenta en ritmo, pero contundente en experiencia. En definitiva, “siempre seguir caminado” va dejando huellas que marcan los surcos de una vida vivida.

La propuesta es simple: en este año tengamos presente que viajar nos hace recorrer mundos y descubrir posibilidades aún no soñadas. Nos permite reencontrarnos con nuestra tierra-historia de un modo diferente. Cada experiencia que hagamos en esta travesía nos otorga el regalo de perder el rumbo para finalmente encontrarlo.

Tal vez sea como dice Borges, que la geografía resulta tan importante como la filosofía, y el viaje exterior que nos vuelve itinerantes y nos pone en movimiento sea el mejor camino para viajar a nuestro interior.

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Para reflexionar:
¿Cómo vivis tu tiempo: corriendo o recorriendo?
 ¿Estas de aquí para allá? ¿Sentís que podés hacer experiencia de y en lo vivido?

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