Todavía estamos a tiempo

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El Adviento, una invitación a renovar la esperanza

Por Pablo Rozen

pablo.rozen@gmail.com

El tiempo que nos toca vivir no es sencillo, y aunque no sabemos si alguna vez lo fue, fácilmente se puede caer en la desesperanza. Soñar incluso con algún tipo de mejora suena irrisorio. A nivel mundial, superado el peor momento de la pandemia, una nueva guerra nos sacude el alma. Mientras tanto en nuestro país los problemas económicos parecieran no tener un horizonte de resolución y la angustia se va llevando puesto todo intento de pensar en un futuro diferente. 

Al mismo tiempo proliferan discursos que se transforman en falsos dadores de sentido: consumir indiscriminadamente nos va a dar la felicidad que necesitamos, o poseer ciertos bienes es lo que nos dignifica, y quien no puede tenerlos es porque no ha hecho el mérito suficiente.

Pareciera que ni siquiera tenemos la capacidad de disponer de nuestro tiempo y de crear nuestra propia agenda. De esta manera se siembra desesperanza y se nos propone una dureza del corazón, dejándonos con la sensación de que no tenemos motivos para celebrar en la vida. 

Soñar presentes diferentes

Sin embargo, la palabra Navidad evoca en nosotros la posibilidad de un tiempo distinto, y de poder habitarlo de una manera diferente. Nos lleva a pensar nuestra vida y la de todas las personas como parte de esta gran familia que es la humanidad, sosteniendo la testarudez de apostar por la vida y soñar presentes diferentes.

Es que la fiesta siempre anticipa ese futuro que esperamos. La posibilidad de celebrar nos invita a disponer nuestro corazón y nuestras energías en dirección al encuentro de los demás. La fiesta implica reconocer la necesidad de un otro y al mismo tiempo nos hace ver las necesidades de aquellos que están tirados al costado del camino y aún nos esperan 

El Adviento es entonces un despertar y un crear símbolos que nos permitan resistir. El armado del pesebre, el pensar la cena, los presentes que intercambiamos, son todas profecías de una fraternidad universal. Es en esta resistencia que sentamos las bases para una vida diferente, para un vivir mejor. Es querer descubrir lo mejor que tienen los demás y es, al mismo tiempo, descubrir lo mejor de mí y compartirlo.

Organizar la esperanza

Al organizar el tiempo, vamos construyendo también símbolos que nos ayudan a remontar la esperanza. Símbolos que dan sentido a nuestro presente y que desenmascaran los mecanismos que nos oprimen, símbolos que nos permiten volver a adueñarnos del tiempo, y de poner el futuro en favor nuestro.

Por eso, vivir el adviento y celebrar la Navidad es organizar la esperanza. Es mirar nuevamente la escena de Belén, recorrer con José y con María la búsqueda de un lugar donde la vida sea recibida, es seguir la estrella que nos marca el camino, es escuchar el anuncio del ángel diciéndonos que nos alegremos porque nos “ha nacido un Salvador”.

Jesús, un niño envuelto en pañales, nos recuerda que desde nuestras fragilidades podemos humanizar el tiempo actual.

Este momento de la historia se construye desde los y las que resisten los embates de los Herodes actuales, evitando los caminos que ellos nos proponen. Es hacer la experiencia de recuperar la alegría, porque al decir del profeta Isaías: “un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado”

En todas estas representaciones y en otras que son parte de nuestra tradición cristiana, afirmamos que por más duro que sea este tiempo, va a pasar. Y que la victoria final será de los y las que fueron capaces de no corromperse, de no traicionar, de no venderse, de no bajar los brazos creyendo que ya nada podía cambiar.

Hay otro tiempo posible, el que lentamente vamos construyendo entre todos y todas.

Con esfuerzo y con alegría, convocando a la vida oculta en el presente, germen de vida plena para toda la humanidad. En definitiva, celebramos que nuestro tiempo es el tiempo de Dios. Es Él quien sale una vez más a nuestro encuentro y nos convoca a vivir y celebrar en medio de todas las dificultades y los sinsabores que atravesamos, porque al estar en medio nuestro nos anima a seguir, creyendo que somos capaces de ir al encuentro de quienes nos necesitan y que en la fragilidad se eterniza la posibilidad de la ternura y la preeminencia del amor sobre toda desesperanza.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – DICIEMBRE 2022

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