Tan distintos e iguales

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Respetarnos, comprendiendo que provenimos de diferentes raíces. Entrevista a la historiadora María Andrea Nicoletti

Los salesianos tienen una larga historia de presencia entre las comunidades aborígenes de nuestro país. “Ya desde la primera expedición misionera fue muy rico el acompañamiento a los pueblos originarios en el peor momento de su historia, por la cantidad de posturas, de hacer mucho o poco dentro de lo que se podía hacer”, asegura María Andrea Nicoletti, doctora en Historia de América e investigadora del Conicet. A partir de su estudio especializado en la historia de las misiones salesianas en la Patagonia argentina, nos ayuda a entender un poco más la difícil situación de los pueblos originarios: “Una parte de la sociedad sigue repitiendo ciertos discursos, porque es más fácil hacer eso que analizarlos. Cuando no tenemos conciencia que somos una amplia nación multicultural, lo más fácil es homogeneizar. Y ahí comienzan los problemas”.

¿Cómo vive el joven de los pueblos originarios esta situación?

Por suerte, hay jóvenes que han comenzado a través de algunas asociaciones a impulsar el rescate de su lengua, de su cultura, de sus propios nombres, identidad, de su lugar. Y algunos temas adversos como los reclamos frente a la sociedad blanca por la tierra o el agua han hecho que muchos de ellos se junten y empiecen a formar asociaciones que tienen muchos años y recorrido. Los jóvenes tienen más fresco el tema de la reivindicación de los derechos, más posibilidades, más libertad y menos prejuicio para luchar. Eso es lo que los impulsa.

En el último tiempo se volvió a escuchar un planteo que minimiza el reclamo por la tierra de los pueblos originarios cuestionando su nacionalidad. ¿Es válido ese argumento?

Cuando calificás al otro de “invasor” estás tocando algo muy íntimo, que es la fibra del sentimiento nacional, de la soberanía, donde no entran variables lógicas como son los hechos históricos. No escuchás la respuesta del otro porque te quedás con tus propios conceptos que te dan seguridad. Creo que es muy bueno dejar de repetir ciertos “clichés”. Los mapuches no son chilenos: son mapuches, porque pertenecen a la nación mapuche y porque estuvieron antes que la nación argentina en un territorio común, donde ambos países no existían aún. Pero cuando uno dice esto, muchas veces se lo tilda de “antipatriota”.

Desde las grandes ciudades hay muchas cosas que no se logran entender hasta que uno vive en esos lugares. La frontera con Chile es porosa. Antes de la época colonial, los pueblos intercambiaban frecuentemente sus productos. Esa dinámica continuó porque la Corona española no logró conquistar el sur. Hasta 1930 circulaba moneda chilena en territorio neuquino. Los salesianos, por ejemplo, viajaban todo el tiempo entre ambos países. Había un intercambio muy fluido de devociones religiosas, cultura, productos, matrimonios.

Que seamos todos argentinos no necesariamente implica que seamos todos iguales. Tenemos raíces diferentes y podemos vivir juntos en un mismo territorio, siempre que respetemos la cultura del otro. Pero hoy en día hay algunas voces que no son escuchadas, sobre todo las de las comunidades indígenas que subsisten, a las que se les hacen permanentemente requisas, se las separa, se les quitan sus bienes y se las maltrata.

¿Qué tipos de maltrato sufren hoy los pueblos originarios?

Una vez me tocó ir a un paraje en la Patagonia. Un señor que vivía ahí nos dijo que su familia era chilena, y cuando le pregunto de qué nacionalidad era él, me dice que era mapuche, que era paisano, que para ellos era lo mismo. Y nos contaba todos los relatos de maltrato a lo largo de su vida: pelear por tener ese pedazo de tierra, por tener educación ahí, para que sus hijos fueran educados. Uno se da cuenta que esas cosas no han cambiado, ese hombre va a morir tan pobre como nació, quizás un poco mejor porque pudo mandar a sus hijos a la escuela gracias a su lucha y la de otros vecinos.

No cambiaron demasiado el latifundismo y las condiciones de trabajo de los peones en las estancias. Cuando uno habla y está con la gente, eso lo puede entender fácilmente. Acá hay una cuestión de distribución de la riqueza muy clara: unos pocos se llevan una parte muy importante. “¿Para qué le vamos a dar tierra a los mapuches?” Qué la vayan a buscar a Chile. “¿Para qué les vamos a dar tierra si no se reconocen como argentinos?” ¿Quién dijo que no se reconocen como argentinos? Es un derecho. Lo que pasa es que cuando ellos se reconocen como ciudadanos argentinos, lo que tienen son obligaciones y ningún derecho.

No es algo nuevo la cantidad de hectáreas que tienen terratenientes como Lewis o Benetton, que no dejan entrar a nadie, como si fuera una especie de nación dentro de otra nación. Pero nadie se preocupa porque son personas poderosas que tienen los medios para que nadie entre. Ni la Policía ni la Gendarmería pueden entrar a revisar. Y eso es avalado por determinados intereses económicos. Curiosamente, ahí no se cuestiona la soberanía nacional. Pero sí se cuestiona con los pueblos originarios o con los galeses de Chubut.

¿Cómo es la situación en otras regiones del país?

En el norte, en Chaco y Formosa, los pueblos originarios pasaron por lo mismo: una conquista por parte del Estado, la imposición de una lengua, una cultura, una educación. Con matices por las características diferentes de cada uno de los pueblos, pero pasaron por los mismos momentos de despojo, de dolor. Hay algunas comunidades que pueden estar mejor organizadas, pero todavía falta un trecho muy largo, sobre todo en la integración educativa. Es muy doloroso, y lo que más me preocupa en lo personal es que se sigan repitiendo en los colegios algunas cosas que deberían ser revisadas. El respeto por otra lengua, por otra forma de hacer justicia, otra forma de entender a Dios. ¿Qué sucede entre los resultados de las investigaciones y la actualización de los contenidos escolares? Hay mucho camino por andar todavía.

Por Juan josé Chiappetti y Santiago Valdemoros • redaccion@boletinsalesiano.com.ar
Boletín Salesiano, noviembre 2017

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