Cuando no soltás…

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No sé soltar

Yo no sé soltar, me agarro de las cosas.
Yo no sé olvidar, ¡me cuesta una bocha!
Y no es que no quiera: es que no sé cómo.

Yo soy de llorar en cada despedida.
Yo soy de lamerme mucho las heridas.
Y, por más que quiera, no puedo con todo.

Me gustaría aprender a soltar, sentirme más liviano.
Me gustaría aprender a viajar sin tu fantasma aquí a mi lado.
Aquí a mi lado.

Yo no sé soltar ni quiero que me sueltes.
Yo aún sueño que te quedes para siempre.
Nadie nos enseña a sentirnos solos.

Me gustaría aprender a soltar, dejarte en el pasado.
Me gustaría aprender a soltar.
Me gustaría volver a confiar, dejar de estar atado.
Me gustaría aprender a viajar sin tu fantasma aquí a mi lado.

Artista: Niño Etc
Álbum: No sé soltar (2022)

Por Luciana Caprini
lcaprini@donbosco.org.ar

Cuando no soltás es parecido a cuando guardás hasta los recortes del afiche «por si me sirve después». Y vas acumulando y encajonando un montón de cosas que después se llenan de mugre, de tierra, de olvido.

Bueno, pareciera que en los cajoncitos de nuestra mente, la parte del olvido funciona medio raro. Cuando no soltás, las cosas, las personas y los recuerdos se escapan, hacen lío, te desordenan. Dan mil vueltas y no te dejan dormir, pensar, trabajar, jugar…

Tampoco te digo que vamos por la vida como si nada importara, no. Pero qué pasa cuando pretendés «poder con todo», cuando te atás a tal punto que empieza a lastimar…

La espiritualidad ignaciana nos habla de la «santa indiferencia», que palabras más palabras menos, sería estar disponibles al Amor y a la voluntad de Dios. Y en definitiva, lo que Dios quiere es que seamos libres, ¿o no? Que esa soga que te ata a fantasmas y a subsuelos se afloje. Y te alivianes, y puedas estar más cerca del Cielo: de los vínculos sanos, de los espacios seguros, de la alegría, del gustito de vivir cada día como un regalo.

Entonces, te invito: Vamos a medias, hagámoslo juntos. Aflojemos, de a poquito. Estemos menos atados y más disponibles; menos esclavos, más libres. Desenfoquemos un poco de lo que nos entristece y enfoquemos en los procesos, en el patio que nos enciende la esperanza, en los abrazos que sostienen, en la vida que crece. Hagamos limpieza para encontrar y ver al Dios que te habita, que me habita.

¿Qué emoción, qué vínculo, qué tarea necesitás soltar hoy? ¿A qué y a quién le querés hacer lugar en tu vida?

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – AGOSTO 2022

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