Mujeres de la primera hora

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Las crónicas de las Hijas de María Auxiliadora en Río Gallegos ponen de relieve la fe y el impulso misionero de esta comunidad de mujeres a comienzos del siglo XX.

Las misioneras llevaron adelante una impresionante tarea educativa y evangelizadora en un entorno sumamente hostil, con mayoría masculina, ansiosa de hacer dinero como fuera.

Por Ana María Fernández, fma
anamferma@gmail.com

Está linda la ciudad. Cada vez que voy la encuentro crecida. Mucha vida pulula por sus calles de capital sureña. Y pensar que en 1901 era apenas un caserío sin municipio siquiera…

Primero se había creado una subprefectura para cuidar la patria y luego, poco a poco, había comenzado a surgir un pueblito. Solo un puñado de inmigrantes y aventureros, con notoria mayoría masculina, ansiosa de hacer dinero como fuera, eso sí, a costa de mucho sacrificio. El clima era rudo y la vida también, de modo especial para ellas, las pocas mujeres.

Fue entonces cuando las Hijas de María Auxiliadora que habían fundado casa en Punta Arenas desde hacía poco más de un decenio, sintieron el desafío. Porque la educación de las niñas y jóvenes se presentó así, como un desafío y también como un sueño. Hizo falta fe, confianza en Dios y mucho coraje pionero. En marzo de 1901 abrieron las puertas del oratorio y enseguida una escuela.

Cuando todo está por hacerse, las expectativas puestas en los que se animan se multiplican rápido. La primera directora, la hermana Teresa Bragutti, escribía a su superiora general: “La intención de Monseñor es que esta casa sirva para externas, oratorianas, pupilas y mediopupilas, y con el tiempo, si el gobierno ayuda, orfanato completamente separado de las pupilas, y hospital, que hace tiempo el gobernador nos ofreció”.

Las tres primeras hermanas, sin desanimarse, pusieron manos a la obra. No pudieron colmar todas las expectativas, pero sembraron vida y esa vida dio frutos, el viento la arraigó profundamente, la hizo fuerte y la fue entretejiendo con la de la gente. Hoy esa vida pulula por las calles de Río Gallegos sin que muchos lo sepan. El colegio de las Hijas de María Auxiliadora está cumpliendo 120 años de servicio educativo allí en el casco histórico donde nació. Sigue siendo testigo viviente de la historia de la ciudad, protagonista comprometido con el presente y con anhelos de futuro, porque el desafío sigue intacto.

 La escuela de las Hijas de María Auxiliadora en Río Gallegos, en 1915.

Acerca del origen y los primeros años del colegio hay muy pocas noticias, por eso nos resulta precioso el relato, aunque sucinto, de las mismas protagonistas. Su testimonio —la Crónica de la Casa—, hasta ahora inédito, acaba de ser publicado como un homenaje a esas figuras casi anónimas y para facilitar la tarea de quienes, para comprender el presente de la ciudad y de su propia vida personal, comienzan desde mucho antes.

La Crónica es un relato sencillo, pocas anotaciones de lo que pasa, de lo nuevo, lo que sorprende, y también de lo rutinario. Desfilan por ella, junto a las niñas y sus familias, grandes personajes del gobierno provincial y vecinos de la casa, inspectores escolares de la Nación y personas en problemas con la ley, comerciantes y militares, hermanas y padres salesianos venidos de visita o de paso hacia otros rumbos. Por la Crónica participamos en fiestas escolares y celebraciones centenarias del país, discusiones callejeras y epidemias. A veces nos sorprenden lagunas de varios días y otras veces detalles curiosos. Y mientras, el horizonte se amplía y la vida del Colegio se hace una con la de tanta gente.

El texto se nos presenta enmarcado en una pintura de la época, del territorio, de los varios ámbitos de pertenencia de la comunidad. Se echa luz acerca de una cierta terminología propia, tradiciones y simbología característica. Se confronta con otras fuentes, contemporáneas a aquellos hechos, como la crónica salesiana y periódicos en circulación. Algunos anexos aportan datos o documentos interesantes que completan el cuadro.

Sí, la ciudad crece y crece. Sus raíces tocan el cielo con las manos, se alegran y rezan por ella.

Año 1901. Marzo.

“El 10 de este mes llegamos a este puerto dos Hermanas: Sor Bragutti Teresa, que venía como Directora de la nueva casa y Sor Margarita Avataneo, ambas procedentes de la Misión de la Candelaria (Tierra del Fuego). Las acompañaron el Señor Don Albera, representante del Rector Mayor de los Salesianos en América, su secretario, Don Calógero Gusmano, Monseñor Fagnano, el Prefecto Apostólico y la Madre Inspectora Sor Ángela Vallese”.

La segunda entrada de la Crónica de la Casa refleja la llegada de la comunidad a la ciudad, provenientes de Río Grande, Tierra del Fuego. Coincide con la presencia de Don Pablo Álbera, futuro Rector Mayor de los Salesianos.

Año 1904. Julio.

“Tenemos un tiempo muy malo: cayó mucha nieve en estos días, motivo por el cual mueren muchos animales en las estancias. Escasea la carne en la población y también nosotras probamos los efectos”.

El clima hostil y la dificultad de abastecimiento, producto de la lejanía y el aislamiento, quedan reflejados en estas líneas durante lo más crudo del invierno de 1904.


Mujeres de la primera hora. La crónica del Colegio María Auxiliadora de Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina, está disponible en la tienda online de Ediciones Don Bosco Argentina.

BOLETÍN SALESIANO – NOVIEMBRE 2021

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