¡No teman!

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Adviento: tiempo para esperar contra toda esperanza

adviento_nov19_okCORREGIDO

¡Hay hambre!
¡Hay angustia!
¡Hay violencia!
¡Hay abandono!
¡No hay dignidad!
¡Hay abuso infantil!
¡Hay ancianos que están solos!
¡Hay chicos que abandonan la escuela!
¡Hay enfermos que no encuentran cura!
¡Hay trabajadores que no cumplen con su deber!
¡Hay autoridades corruptas que buscan el beneficio propio!
¡Hay mucha estadística, pero poca sensibilidad y cercanía!
¡Hay quien no puede perdonar y quien no sabe pedir perdón!
¡Hay mucha pobreza en medio de un país con tanta riqueza!
¡Hay secuestro y venta de personas para la explotación sexual!
¡Hay chicos que recaen en el consumo de drogas y alcohol!

Se acerca la Navidad y el tiempo que la precede es el Adviento, donde la virtud fundamental es la esperanza. ¿Se puede esperar algo? ¿Creemos que esta realidad se puede transformar? ¿Esperar qué y a quién?

En este tiempo del Adviento esperamos a Jesús, que se plantó en la tierra de los pobres. Cuando abrió sus ojitos a la vida vio a José, a María y a los excluidos del sistema, a los changarines pobres, los famosos pastorcitos que eran explotados, mal pagos, trabajadores de noches enteras para cuidar el rebaño. A ellos, los que no cuentan, se les dijo: “Alégrense, hoy les ha nacido un salvador”. Dios hecho uno de nosotros.

Cuando perdemos la esperanza, la vida pierde sentido.

Solo un pobre sabe esperar

La espera solo entra en un corazón humilde, pobre. Solo el que no tiene nada sabe esperar. Quien está lleno de sí mismo y de sus bienes, no sabe poner la confianza en ningún otro sino en sí mismo. ¿No tendremos acaso que desprendernos de lo que nos sobra y tener el corazón más ligero? La esperanza no es un optimismo de corto alcance. No es simplemente decir: “¡Ánimo, ya vamos a estar mejor!”.

La esperanza es esperar con pasión que el sueño de Dios sobre nosotros, sus hijos, llegará. Y esa esperanza es segura, Dios no nos va a decepcionar. 

Las hijas de la esperanza

San Agustín menciona que la esperanza tiene dos bellas y queridas hijas: la indignación y el coraje.

La hija-indignación nos dice que hay que resistir, tomar conciencia, dialogar sobre lo que nos pasa y por qué nos pasa, y buscar caminos para cambiar rumbos que nos llevan a la no-vida. La esperanza “indignada” no nos deja quietos, nos mueve a proyectar sueños y utopías, incluso en medio de las situaciones difíciles. Nos permite aprender sabias lecciones de los fracasos y hacernos más fuertes en las condiciones adversas y complicadas para no bajar los brazos. Donde hay vida hay esperanza, y donde hay esperanza hay vida.

La hija-coraje nos mantiene animados. Hay mucho por hacer. Hay que poner el corazón, las ganas. Hay que soñar. Tenemos potencialidades. Quizás las grandes utopías no podrán ser todavía. Y por eso es más sano centrarse en lo mínimo, en lo pequeño, en lo que no pudiendo cambiar el mundo puede al menos mejorarlo. Y así construir esperanza de a poquito. En el medio de la noche más oscura hay que dejarse guiar por las estrellas.

En el medio de la noche más oscura hay que dejarse guiar por las estrellas.

Portadores de esperanza

Como Martín, que a sus cincuenta y dos años quiere terminar la escuela y sueña que con su oficio de panadero podrá trabajar para darle un presente a su familia.

Como Jonathan, que le viene peleando a la droga desde hace más de veinte años y se dice: “Yo sé que voy a poder, y aunque a lo mejor recaiga una vez más, me voy a levantar”.

Como la fundación Deportes para la Libertad, dos personas que desde hace ocho años recorren los penales y con la excusa del rugby reúnen a los detenidos, y además de jugar, los invitan a conversar y reflexionar sobre la libertad, el amor, las personas y su dignidad.

Como Victorina, que desde hace quince años cuida a su esposo postrado en la cama; quien ya no habla. Ella lo cambia, le da de comer, y aunque muchas veces está cansada le sigue diciendo que lo quiere y que está para él.

Como Juana, que vive hace cuarenta años al lado de una “laguna” —más bien agua estancada— y aunque no tiene casi nada, siempre le da pelea a la vida, apostando por arreglar su casita y por darle de comer a sus hijos y nietos.

Cuando perdemos la esperanza la vida pierde sentido y el futuro no tiene horizonte. La esperanza está en la base de la vida.

¡Qué seamos portadores de esperanza!

¡Esperando contra toda esperanza!

 

Por Carlos Morena, sdb • carlosamorena@yahoo.com.ar

BOLETÍN SALESIANO – NOVIEMBRE 2019

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