(Con)vivir con lo que somos

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Mi diablo

Hoy llueve tanto que no sé qué hacer,
parece el llanto de un gigante cruel.
Sigo sentado sobre mi sillón,
en un estado de contemplación.

 

No me sirve de nada
la apatía que empiezo a arrastrar.
Es una carcajada
de mi diablo queriendo brillar.

 

La línea es fina, la pasión también.
A veces giro como un carrousel.
Tal vez intente volver a salir.
Quizás un día logre coincidir.

 

Que no sirve de nada
la apatía que empiezo a arrastrar.
Es una carcajada
de mi diablo queriendo brillar.

Le doy una patada,
pero aún no lo puedo callar.
Dame las coordenadas
que voy para allá.
Espérame allá.

 

Hoy llueve tanto que no sé qué hacer.
Estoy girando como un carrousel…

Autor: La Vela Puerca

Álbum: Destilar (2018)

En esta canción de su disco más reciente, La Vela Puerca nos plantea un estado de encuentro y desencuentro personal, con uno mismo. Mi Diablo puede ser esa parte nuestra que nos incomoda y pellizca.

Encontrarse con uno mismo es resultado de escucharse y hablarse. A veces lo que nuestra vida nos dice, o lo que nosotros le gritamos, se nos hace difícil de aguantar, aceptar y tragar. Así como, muchas otras veces, al vernos al espejo le sonreímos y agradecemos el reflejo que nos devuelve.

La línea es fina, la pasión también. A veces giro como un carroussel”, dice el Enano, cantante de la banda uruguaya. Las idas y vueltas que tenemos con cualquier persona también las tenemos con nosotros mismos. Deseos, sueños frustrados, metas cumplidas y otras no, gustos que varían, días buenos y días malos… De eso estamos hechos. De lo bueno que germinamos, y de nuestros diablos “queriendo brillar”.

La canción oscila entre el optimismo y el desasosiego, pero deja material para apostar por el primero. “No me sirve de nada la apatía que intento arrastrar”, nos convence en el estribillo y agrega que “quizás un día logre coincidir”, lo que invita a encontrarse a uno mismo y aceptarse.

Es importante saberse acompañados: si tenemos que remarla, quienes nos valoran y quieren ya estarán con los remos listos. “Dame las coordenadas, que voy para allá, esperame allá”. ¿A quién va dirigida esa frase? Cada uno le pondrá nombre y apellido.

Puede que la canción invite a esta interpretación. O puede que no, que sea una lectura nunca  pensada al momento de escribirla. Ésa es la magia de la música: permite encontrarse y desencontrarse, preguntar, dudar, acercarse y alejarse. Exactamente como nos ocurre a cada uno con lo que somos y vivimos. 

 Para seguir reflexionando…

  • ¿Cuándo fue la última vez que te buscaste? ¿Te dejás buscar  y encontrar por otros/as?
  • ¿Qué “diablos” ves en lo que sos? ¿Qué rol cumplen, qué papel les dejás actuar y cuándo los mandás al banco de suplentes?

Por Matías Piccoli

BOLETÍN SALESIANO – NOVIEMBRE 2018

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