“Ayudar te cambia la vida”

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Ése es el nombre de la encuesta hecha por Ipsos, con la colaboración de Juan Carr, fundador de la Red Solidaria, y Mundo Invisible, la misma releva algunos aspectos destacados de la cultura solidaria en la Argentina.

Según el estudio, el 96% de los argentinos realiza al menos una acción solidaria por año. De ellos, el 66% lo hace de manera espontánea y el 26%, en organizaciones. Dentro de este segmento, los más jóvenes prevalecen y son los que más se comprometen en acciones de ayuda.

El estudio también indica que el 71% de los encuestados se considera solidario, mientras que el 59% cree que los argentinos, en su conjunto, son solidarios. «Los dos valores son altos, pero hay una cantidad importante de personas que consideran que son más solidarias que el resto. Para construir una sociedad más solidaria, sería interesante que esa brecha se achique, que no haya tantas personas que consideren que son más buenas que el resto», observa Luis Costa, director de Ipsos Mora y Araujo.

«Creo que los jóvenes cada vez están más comprometidos. Lo creo y lo celebro«, dice Manuel Lozano, líder de Fundación SI, una organización dedicada a promover la inclusión social en los sectores más vulnerables.

En cuanto al rol de las empresas, la encuesta arroja que el 91% de las personas piensan que es importante que realicen acciones de responsabilidad social. «Muchas veces, las compañías impulsan una acción solidaria que, de otra forma, no sería tan activa», explica Costa.

La concreción de la solidaridad

Según la encuesta, el 95% declara haber hecho al menos una donación monetaria por año, mientras que el 96% dice hacer al menos una donación no monetaria, como ropa o alimentos, y el 65% asegura realizar al menos una donación de tiempo, en actividades como apoyo escolar o cuidado de enfermos. El promedio anual de donaciones monetarias de una persona es de 3,8 por año, mientras que en el caso de las donaciones no monetarias el promedio es de 2,35 y en las donaciones de tiempo, de 1,39. Por otro lado, la motivación personal más mencionada por los encuestados que realizan acciones solidarias es la «gratificación personal», seguida por el «deber ciudadano» y la «ayuda a los niños».

Pero la tendencia a sumarse a las organizaciones, en muchos casos, no tiene la permanencia en el tiempo que las instituciones necesitan para llevar adelante proyectos a largo plazo.

«Creo que el argentino es solidario, aunque tiende a ser más solidario en situaciones de emergencia que de manera sostenida en el tiempo. En general, ante una inundación o algo por estilo, todos reaccionan, pero es difícil que lo mantengan a lo largo del tiempo», observa Catalina Hornos, una psicopedagoga de 30 años que dejó atrás las comodidades de la ciudad para internarse en el corazón de Santiago del Estero (en Añatuya) y crear Haciendo Camino, una asociación civil que se propone cambiar la vida de cientos de familias en situación de vulnerabilidad. «En este trabajo es fácil ver el resultado de lo que hacés. Eso le da sentido a la vida», dice.

Entregar tiempo

Si bien es menos frecuente que la donación de dinero, alimentos o ropa, la entrega de tiempo parece ser vital para el funcionamiento de las organizaciones y para su permanencia. Según cuenta Lozano, en el caso de la Fundación SI, ésta es la contribución más importante para implementar los planes de largo plazo, que hoy se llevan adelante con el compromiso de casi 2000 voluntarios en todo el país. «A mí lo que más me emociona y lo que más admiración me genera es haber consolidado un equipo de voluntarios apasionados. La pasión del voluntario no se puede comparar con nada… A mí hacer esto me modificó en todo sentido. Soy un privilegiado por haberme cruzado con gente que busca lo mismo que yo, que trabaja con las mismas ganas. Seguiré haciéndolo hasta que mis rastas estén blancas», dice Manuel en referencia a su estilo de pelo.

En el mismo sentido, Catalina Hornos observa: «Para nosotros es fundamental. Conseguir gente que pueda hacer un voluntariado en el interior y que venga a trabajar al interior es algo sumamente útil, pero que nos cuesta mucho conseguir».

La desconfianza, una barrera

¿Qué nos frena a la hora de dar? Según el informe, el factor que más condiciona a aquellos que deciden no donar dinero ni alimentos ni tiempo es la desconfianza en las instituciones. Para la creadora de Haciendo Camino, la clave para vencer esta barrera de desconfianza está en informar y en tender un puente entre el donante y el beneficiario: «Nosotros tratamos de hacer énfasis en la transparencia y mostrar lo que hacemos con lo que nos donan. A las empresas les mandamos rendiciones. También promovemos mucho que la gente pueda viajar para ver lo que hacemos y para conocer al beneficiario directo», explica Catalina.

«Diría que en gran parte nos frena el desconocimiento, que suele traer miedo, y un poco también el ritmo de vida que se lleva -observa Lozano-. Todo el mundo está a mil y eso hace que a veces uno se olvide de cosas que son importantes.»

 

Fuente: www.lanacion.com.ar

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