Aulapatio

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Se abre ya el nuevo año lectivo, y conviene pararnos un poco a reflexionar sobre la identidad salesiana del aula, recordando que, como señala el Cuadro de Referencia de la Pastoral Juvenil (CdR), “la formación profesional y la escuela salesiana nacen en Valdocco para responder a las necesidades concretas de la juventud y se insertan en un proyecto global de educación y de evangelización de los jóvenes, sobre todo de los más necesitados (CdR, p. 189); y más adelante el mismo documento agrega: “Don Bosco amplió su compromiso promoviendo el nacimiento de las escuelas salesianas. Intuyó que la escuela es instrumento indispensable para la educación, lugar de encuentro entre cultura y fe” (CdR, p. 190).

La acción educativa de la escuela se hace concreta en el aula, lugar privilegiado del aprendizaje; trataremos de presentar, a la luz de las ciencias de la educación, algunas características de un “aula salesiana”.

Aulapatio: no es un error tipográfico, sino un concepto a desarrollar. El patio es, para quienes compartimos la experiencia pedagógica salesiana, el lugar del encuentro con los chicos y las chicas. Es más, parece que el docente que no está en el patio, no está viviendo en plenitud el modo salesiano de educar. Pero olvidamos que todo acto educativo que tiene lugar en el aula, parte de un encuentro entre un docente y cada uno de sus alumnos, y que dicho encuentro es mediado por un contenido a descubrir, desarrollar, profundizar. Si esto es así, el aula es el patio del docente, de ahí que podamos pensar en el neologismo inicial: aulapatio. No hay didáctica posible sin encuentro y, por lo tanto, no hay aula que no pueda y no deba ser “patio donde encontrarse como amigos y pasarla bien” (Constituciones sdb, art. 40).

Aula, lugar de fiesta: La vida es búsqueda constante de respuestas y de motivaciones que nos permitan celebrar el estar vivo. Son estas preguntas y respuestas las que van haciendo crecer el conocimiento y las que nos permiten encontrar motivos para vivir la fiesta. Parafraseando a Otto Maduro —filósofo y sociólogo de la religión, nacido en Caracas en 1945— podríamos decir que “educar es dibujar con los chicos y las chicas mapas para la fiesta de la vida”. El aula debe ser el lugar de la fiesta del conocimiento, no porque aprender sea algo necesariamente divertido y que consigamos con poco esfuerzo, sino porque profundizar nuestros conocimientos nos permite tener más motivos para celebrar.

Aula transparente: No podemos pensar un aula salesiana en la cual no entre el mundo exterior y que no tenga un efecto sobre el contexto que la rodea. El mundo no puede entrar de la mano de un pensamiento hegemónico, sino desde la educación al pensamiento crítico que permita a docentes y alumnos, entre otras cosas, descubrir los diferentes aspectos de la realidad en la que viven para potenciar los aspectos positivos que en ella encuentran, liberarse de las ataduras de los aspectos oscuros de la realidad y cuestionarse el modo en el cual cambiar, con lo que se aprende en el aula, el afuera del aula y de la escuela.

Podríamos agregar tantas otras características, pero preferimos presentar estas tres y dejar el juego abierto a que continúe armándose la fiesta del conocimiento pedagógico salesiano. Pero no debemos dejar de pensar seriamente el aula. Sería incoherente quedarse con la afirmación “en la escuela tenemos un buen ambiente” y constatar, al mismo tiempo, que “es en el aula donde las cosas no funcionan”. Si el “buen ambiente” no llega al aula, el buen ambiente de la escuela puede ser calificado como una mera ilusión. ¡Buen año lectivo 2015!

 

Por Cristian G. Desbouts, sdb • crisgades@gmail.com

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