Amazonas: Francisco jugó primero

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 El papa Francisco saluda a una delegación de pueblos del Amazonas durante su visita a Puerto Maldonado, Perú, en enero de 2018.

Del 6 al 27 de octubre de este año se celebra en Roma el Sínodo de los obispos de la Amazonía. Su tema central se titula: “Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”.

La Amazonía es un amplio territorio de siete millones y medio de kilómetros cuadrados y habitado por unos treinta y tres millones de personas, de las cuales unos tres millones son indígenas y afrodescendientes que viven en la selva, a orillas del río Amazonas o en ciudades como Manaos y Leticia.

Pertenece a nueve países: Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Guyana francesa y sobre todo Brasil. Existen más de 380 pueblos o nacionalidades diferentes, además de unos 140 pueblos indígenas en aislamiento voluntario; y se hablan unas 240 lenguas.

Mediante el Sínodo se intenta impulsar un nuevo rostro de Iglesia: amazónico, plural, diverso, ministerial, en defensa del territorio y de los pueblos originarios. En escucha y diálogo con la experiencia de Dios de esos pueblos que han vivido ahí por miles de años y han sabido conservar esa maravilla, cuna de la mayor biodiversidad de nuestro planeta, valorando las culturas ancestrales y no imponiendo un único modelo de Iglesia occidental, ajeno a esos pueblos.

El desastre ambiental provocado por los incendios en el Amazonas nos lleva a recordar las palabras proféticas del papa Francisco cuando advirtió que “escuchamos y vemos las hondas heridas que llevan consigo la Amazonia y sus pueblos”. Con firme voz alertó ante la perversión de ciertas fuentes de información, ciertas políticas y presiones que quieren acaparar grandes extensiones de bosques y negocian con ellas generando situaciones de opresión” (19/01/2018).

Y en la encíclica Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común, el Papa afirma:

“Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes.

Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ (Rm 8, 22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura”.

Lo que se juega entonces en el Sínodo pan-amazónico va mucho más allá de la Amazonía. Se juega la defensa del territorio, de la vida de esos pueblos, otra manera de ser Iglesia con nuevos ministerios, y la vida misma del planeta.

Juan Carlos Romanín, sdb

BOLETÍN SALESIANO – OCTUBRE 2019

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