“La educación afectivo-sexual es un desafío pastoral”

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José Miguel Núñez, director del Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil, analiza el libro «Una Pastoral Juvenil que educa para amar«.

Publicado en el Boletín Salesiano de España.

El director del Centro Español Salesiano de Pastoral Juvenil y de la revista Misión Joven, referencia en el campo de la pastoral con jóvenes desde hace varias décadas, José Miguel Muñoz, analiza «Una Pastoral Juvenil que educa para amar«, el libro que llegó a nuestro país de la mano de Ediciones Don Bosco Argentina y mediante el cual se busca ofrecer a los educadores un instrumento actualizado capaz de sistematizar los conceptos y las actitudes ligadas a la educación afectiva y sexual.

¿Por qué ahora abordar el tema de la educación afectivo-sexual?

Creo que se trata de una reflexión necesaria y urgente. En primer lugar por la realidad concreta con la que nos topamos cada día como educadores, en el contexto sociopolítico en el que viven nuestros chicos y chicas en los diferentes ambientes pastorales. Pero también porque, como Iglesia, necesitamos seguir madurando un planteamiento educativo que, enmarcado en la cultura que habitamos, pueda emerger desde la antropología cristiana con vocación de incidir, iluminar y acompañar el crecimiento y la maduración de personas equilibradas y felices.

¿Es una asignatura pendiente en la tarea de la Iglesia?

Me parece que, en buena medida, lo es. Durante décadas, en la Iglesia hemos puesto siempre el acento en la norma y en la moral, sin abordar la sexualidad en un contexto más amplio como es la plenitud de la persona y la consideración de la dimensión afectivo-sexual como una realidad positiva en el desarrollo humano integral.

Hoy queremos situarla en un cuadro más holístico en el que confluyen todas las fuerzas y dimensiones de la persona: lo físico, lo afectivo, lo intelectual, lo emocional, lo espiritual… Desde este punto de vista, en la Iglesia hemos de seguir reflexionando para proponer un acercamiento a la cuestión menos moralista y más atento al desarrollo pleno de la persona; menos normativo y más liberador; menos oscurantista y más luminoso, considerando el sexo como un don de Dios que, vivido con madurez, nos ayuda a vivir como hombres y mujeres más libres, más plenos, más auténticos.

¿Cuál sería su papel de la familia en esa tarea?

En la tarea educativa, es decir, en el acompañamiento de los niños, los adolescentes y los jóvenes hacia la madurez, las familias son imprescindibles. Son el primer lugar de acogida, de afecto, de protección, de socialización, de apertura a los demás. Es ahí, en el hogar, donde se aprende a vivir y amar. En un contexto familiar en el que se vive equilibradamente, el amor es la primera condición para poder vivir de forma madura los propios afectos y la vida sexual. Naturalmente, aún con los condicionantes que pueda haber, en la familia se dan los primeros pasos para la maduración de la persona. La dimensión afectivo-sexual no es ajena a esta afirmación.

Por eso, el papel de la familia es tan importante. En este sentido, acompañar educativamente a las familias, se convierte también en un desafío pastoral.

¿Hay una propuesta de educación afectivo-sexual en clave salesiana? ¿Qué aspectos aporta la espiritualidad juvenil salesiana?

Pienso que la espiritualidad salesiana es rica en elementos que pueden ayudar a vivir una sexualidad sana, madura y equilibrada. Señalo algunos elementos que me parecen importantes: el ambiente de familia, en el que se viven relaciones maduras, de acogida, de aceptación, de positividad en el desarrollo de las propias capacidades; la relación personal entre el educador y los chicos o chicas, basada en el afecto, en el respeto y en la libertad; la confianza que genera en los chicos un adulto cercano y maduro, que acompaña y potencia las oportunidades de crecimiento; la alegría, el deporte, el teatro, la música… elementos que generan ambientes positivos en los que la persona se expresa y dinamiza todas sus potencialidades; la experiencia religiosa como camino espiritual que abre a la dimensión trascendente y pone en juego emociones y fuerzas afectivas.

La espiritualidad salesiana es rica en elementos que pueden ayudar a vivir una sexualidad sana, madura y equilibrada.

¿Cómo se debería abordar dentro de la pastoral juvenil salesiana?

Estamos trabajando, en primer lugar, formando a los propios educadores de forma más específica y concreta para acompañar esta dimensión de la persona integrada, de forma transversal, en toda la propuesta educativo-pastoral que llevamos adelante.

¿Qué crees que ha supuesto las enseñanzas del papa Francisco para impulsar este tema en el momento actual?

Estamos seguros de que es posible una propuesta educativa que, inspirada en Jesús de Nazaret, dialogue con la cultura sin renunciar a los principios evangélicos de libertad, identidad, reciprocidad, generosidad, amor. El magisterio de Francisco nos estimula y nos inspira para acompañar personas libres y auténticas, que encuentran en el amor la única norma moral que nos hace personas logradas.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – ABRIL 2024

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