Vivir a fondo

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Por la vida

Porque los verdes pastos nunca se acaben,
ni tampoco las ganas de ver el sol.
Por la risa de un nene yo doy la vida,
por detener su llanto, también la doy.
Doy todo lo que me pidan por estas cosas,
la vida doy por la vida que yo quiero vivir.

Por estar siempre cerca de mis amigos,
porque esas largas charlas no tengan fin.
Porque el destino siempre nos cebe un mate,
y nos destape vinos el porvenir.
Doy todo lo que me pidan por estas cosas.
La vida doy por la vida que yo quiero vivir.

Porque cumplan sus sueños aquellos que amo
y hagan de la alegría una decisión.
Porque nada les falte a nuestros hermanos
y por tener hijos mejores que yo.

Por abrazar un día de madrugada
a la mujer que siempre soñé abrazar.
Porque nos entendamos con una mirada
y no exista lo que no nos podamos dar.
Doy todo lo que me pidan por estas cosas.
La vida doy por la vida que yo quiero vivir.

Artista: La caverna
Álbum: A la sombra del por qué (2009)

Lo cotidiano, lo sencillo, los pequeños gestos. La risa y el llanto de un nene. El encuentro con amigos, un buen mate, largas charlas, un abrazo. Todo se vuelve extraordinario si es vivido a fondo, si nosotros hacemos que no pase desapercibido. Un corazón permeable y sensible ante la realidad es condición necesaria para jugarse y decir “la vida doy por la vida que yo quiero vivir”. ¿Qué es la vida sino vivir a fondo lo de todos los días?

Con el correr de los acordes, podemos ir recordando personas que se animaron a vivir a fondo, que se comprometieron en causas nobles que consumieron sus vidas, que nos dieron y nos dan todavía hoy motivos para caminar. Qué bueno sería recordar acá el grito de Jesús, “¡Yo soy el camino, la verdad y la Vida!”.

A modo de deseo, el autor de la canción expresa: “que el destino siempre nos cebe un mate”. Cada mate encierra un sinfín de historias, encuentros, recuerdos y al mismo tiempo nos abre a la persona del otro, nos pone a la par, genera confianza, permite cruzar miradas, invita a agrandar el corazón y dispone a la escucha. Nos encuentra gratuitamente con los demás. Dice un obispo brasilero, Pedro Casaldáliga: “Al final del camino me dirán: ‘¿Has vivido? ¿Has amado?’ Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres”.

Don Bosco o Maín podrían haber escrito este estribillo, para quienes se sientan sus hijos: “Porque cumplan sus sueños aquellos que amo, y hagan de la alegría una decisión. Porque nada les falte a nuestros hermanos, y por tener hijos mejores que yo…”. Somos hijos de soñadores que no se quedaron en la almohada, sino que se animaron a pisar el barro sin renunciar a lo que les dictaba su corazón, puesto en lo alto. Somos hijos de un padre y una madre que nos quieren mejores que ellos, que quieren que la alegría no sea algo improvisado, sino una decisión. Que nos enseñaron que la verdadera vida es vivir a fondo; celebrar el encuentro con los pibes, lo que aún queda por andar, y dar gracias a Dios, que es papá y mamá, por el regalo de la vida.

Para seguir pensando…

  • ¿De qué manera y con qué gestos concretos nos jugamos la vida en lo cotidiano?
  • ¿Qué rostros e historias a nuestro alrededor nos dan motivos para seguir caminando?
  • ¿Qué sueños nos impulsan a buscar la vida que queremos?

 

Por Ana Crespo y Emiliano Fallilone • efallilone@donbosco.org.ar

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