Noticias comentadas: Un viaje de ida

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Cuando yo era chico los partidos del campeonato de fútbol se jugaban los días domingo, en las verdulerías te regalaban el perejil y un viaje de egresados era eso: un viaje de egresados. Mucha agua corrió bajo el puente. Y muchos años. El negocio se adueñó de todo. Hay que pagar por el fútbol y por el perejil. Y los viajes de egresados se empezaron a concebir bajo la mirada de la renta y la ganancia despiadada. Como la mayoría de las cosas que nos rodean.

Entonces no importa que viajen o no viajen todos. En el mejor de los casos se ofrece colaborar con la familia insolvente, con la vergüenza del chico y la humillación de los padres. Si no, cada  uno por su lado y listo. Un grupo de diez por aquí, unos treinta por allá, estos que no van a ninguna parte. Hermoso grupo queda. Pésimo ejemplo de, antes que nadie, los adultos. Por acción u omisión, nos quedamos sometidos a argumentos risibles: que “todos lo hacen”, que “a mi hijo no le pasará nada”, que “el que lo pueda pagar, que pague”, que “es una vez en la vida, no lo voy a privar de esa experiencia”.

El estallido de una de las empresas más importantes del negocio de los egresados dejó un tendal. Chicos que, con razón, esperaban su viaje. Enseguida, el reclamo para que el Estado auxilie a los damnificados. Brutal paradoja: si los alumnos se quedan a pie, pedimos ayuda y está bien; si la miseria deja a cientos de miles en la lona, que se arreglen solos porque “a mí nadie me regaló nada”. El egoísmo es un viaje de ida. Y no solo en Bariloche.

Diego Pietrafesa

BOLETIN SALESIANO – SEPTIEMBRE 2018

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