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La santidad, seguir a Jesús en lo de todos los días

Los cristianos estamos convencidos que seguir a Jesús es acercarnos a Dios. Así lo expresa el Evangelio y así nos lo enseñó el mismo Jesús: “Vende todo y sígueme” (Mt. 19, 21); “Síganme y los haré pescadores de hombres. Dejaron todo y lo siguieron” (Mt. 4, 19-22), “Baja del árbol que hoy voy a comer a tu casa” (Lc. 19, 5).

Así lo hicieron miles de personas que hoy son reconocidas por la Iglesia como ejemplos para todos: Don Bosco, María Mazzarello, monseñor Romero, Juan XXIII, Enrique Angelelli, la Madre Teresa de Calcuta y tantos otros a quienes pedimos que intercedan por nosotros.

Pero el papa Francisco también nos invita a pensar en los seguidores “anónimos” de Jesús: “Los padres que crían con tanto amor a sus hijos, esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, los enfermos, las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad ‘de la puerta de al lado’, de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios”.

En síntesis, la santidad también la podemos percibir y descubrir en los cientos de hombres y mujeres que viven los valores del Evangelio en la vida cotidiana, en los diferentes espacios por los que transitan y con las personas que se encuentran.

Entendida desde esta perspectiva la santidad ya no se presenta como una propuesta para encontrarse con Dios separándose del mundo terrenal, sino más bien todo lo contrario, es seguir a Jesús en la vida cotidiana. Dios se encarnó y se hizo hombre en Jesús, por lo tanto nos invita a su seguimiento a todos los hombres. Todos y todas podemos ser santos, como nos convoca el lema para la Familia Salesiana de este año: “La santidad también para vos”.

“Hacer como Dios”

Jesús nos enseña que la santidad es “hacer como Dios”. Es decir, acercarse a la humanidad, conmoverse y comprometerse, sobre todo con quienes más están sufriendo. Dios nos invita, nos convida y nos comparte su santidad en el seguimiento de Jesús conmoviéndonos y comprometiéndonos con nuestra historia y nuestra realidad.

Como Familia Salesiana, estamos llamados a alcanzar la santidad junto a nuestros jóvenes

Los santos son aquellos que saben hacer como Dios, mirar y escuchar la realidad no desde una perspectiva conformista o con lástima, sino desde la esperanza y con el firme deseo de transformarla. Por eso el seguidor de Jesús debe animarse a dar respuestas nuevas y audaces, aunque a veces hasta puedan ser criticadas. Leer el Evangelio desde la realidad es encontrarse con que Dios siempre tiene alguno nuevo para decir y también es reconfirmar la opción y pasión por el Reino.

Y al mismo tiempo, los seguidores de Jesús no dejan de cuestionar todo aquello que atenta contra la vida y la dignidad. En esto Francisco es muy contundente: “No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente”.

En la raíz salesiana

Proponerle a los jóvenes el seguimiento de Jesús está en la raíz del carisma salesiano, pues como expresa el Rector Mayor, “es Jesús quien suscita en sus corazones el deseo de hacer de su vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejarse atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometerse con humildad y perseverancia para mejorarse a ustedes mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna”.

Proponerles a los jóvenes el seguimiento de Jesús es parte de la raíz del carisma salesiano

Fue lo que hizo Don Bosco desde los comienzos del oratorio con sus jóvenes. Hoy nos toca a nosotros proponer la santidad a los chicos y chicas que habitan nuestras casas, pues esa propuesta es también el primer paso para la santidad de los educadores. “Es lógico que Domingo Savio sea el primer canonizado después de Don Bosco, es decir, los frutos de la santidad de los salesianos son los jóvenes santos, y la santidad de los jóvenes es casi el indicador de la santidad de los miembros nuestra Familia Salesiana”, concluye el Rector Mayor.

Jóvenes y educadores, hombres y mujeres, consagrados y religiosas, se hacen santos juntos, porque el seguimiento de Jesús nunca es una propuesta individual o para unos pocos los elegidos. Como Familia Salesiana estamos llamados a alcanzar la santidad junto a nuestros jóvenes y sobre todo a colaborar para que ellos alcancen la santidad, siguiendo a Jesús en lo de todos los días.

Por Facundo Arriola, sdb

BOLETÍN SALESIANO – MARZO 2019

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