Salir para vivir

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Guillermo Basañes, salesiano, es actualmente Consejero General para las Misiones. Nacido en Estados Unidos, pero criado en San Isidro, luego de estar varios años viviendo en Angola y como Consejero Regional de África, el Capítulo General 27 lo designó para acompañar al Rector Mayor en la tarea de hacer crecer el carisma salesiano en todo el mundo.

De paso por la Argentina para visitar a su familia, se hizo un tiempo para brindar su mirada en este año del Bicentenario del nacimiento de Don Bosco.

¿Cuál es tu trayectoria como misionero salesiano?
Yo profesé como salesiano el 31 de enero de 1986, y en noviembre de 1991 hice mi profesión perpetua; al año siguiente, mientras estaba concluyendo el primer año de teología en San Justo, me mandaron a Angola, donde inicialmente estuve unos seis o siete meses; después fui al Congo a completar mis estudios y finalmente volví a Angola. En el año 1995 fui el primer salesiano que se ordenó sacerdote en Santa Isabel, donde había hecho toda la escuela primaria y secundaria.

¿Cómo era la situación de Angola cuando llegaste?
La guerra de independencia contra Portugal había comenzado en 1968. En 1975 se declara la independencia, e inmediatamente comienza una guerra civil, que se extendió hasta el 2002. Los salesianos llegamos en 1981, al sexto año de independencia, pero en plena guerra. Cuando llegué en 1992 había una tregua de algunos meses de paz, que coincidió con la visita de san Juan Pablo II. En definitiva, los primeros 21 años de los salesianos en Angola fueron en guerra.

¿Desde el 1992 hasta ahora, cambió el concepto de misión?
Yo diría que va creciendo. La realidad de la misión es siempre la misma: Jesús Resucitado nos dice “vayan y anuncien a todos los pueblos, bauticen en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y hagan discípulos de todas las naciones”. Pero la Iglesia, con la iluminación del Espíritu Santo, va teniendo una comprensión más actualizada y adecuada de lo que significa.
Cuando Don Bosco en 1875 envía la primera expedición a la Argentina, lo hace con una concepción de misión propia de su tiempo, entre pueblos indígenas, fuera del contexto europeo.
Lo que se entiende por misión cambia sobre todo después del Concilio Vaticano II, y en estos últimos años se ha liberado de limitarse a algo geográfico. Vengo de visitar las obras en el Chaco paraguayo, donde la población vive en condiciones muy rudimentarias. Pero hace una semana me encontré con la comunidad salesiana de Ámsterdam, capital de Holanda, una de las últimas misiones que hemos abierto, en un contexto absolutamente acristianizado: ya van dos o tres generaciones de jóvenes que no han oído hablar de Jesús. Un salesiano indio, un belga y un mexicano están trabajando en medio de ellos, a quienes desde lo material no les falta nada; simplemente les falta el sentido de la vida y el conocimiento de Jesucristo, ¡nada más que eso!
Entonces, ¿qué es misión? Todo lugar y espacio donde hay necesidad de anunciar a Jesucristo. Y para nosotros, donde estén los jóvenes.

«¿Qué es misión? Todo lugar y espacio donde hay necesidad de anunciar a Jesucristo. Para nosotros, donde estén los jóvenes».

¿Qué es lo particular y lo original del carisma en cada lugar?
Sin dudas es esa “atracción juvenil” que tiene Don Bosco. Por ejemplo en la capital del Chad, el noventa por ciento son chicos musulmanes, pero ellos se sienten en casa con Don Bosco, que les da espacio, oportunidad. Esto es lo propio del carisma. Después las expresiones culturales son muy diversas. Y ahí es que un carisma se va enriqueciendo: el carisma enriquece a la cultura y las culturas enriquecen al carisma.
La Familia Salesiana va a estar sana siempre que su espíritu misionero esté vivo. Y no significa ir a tal lugar o hacer determinada actividad. Cuando hay espíritu misionero, no nos quedamos agarrados a las paredes. Y en esto Don Bosco era muy libre. Construía, comenzaba, y si no funcionaba se dejaba y se iba a otro lugar. Nosotros a veces somos muy esclavos de la nostalgia, de la gratitud a los pioneros… Bueno, ¡gracias a los pioneros! Pero si una casa en la que un pionero dio la vida hoy no tiene sentido, el pionero está salvado, pero la casa se la podemos dejar a otro. No tenemos que estar sólo conservando “museos”, cuando Don Bosco quiere que seamos misioneros; aunque al mismo tiempo, los museos nos sirven mucho para animar la vocación misionera, como el proyecto que se está llevando adelante aquí en Argentina en el barrio de Congreso. 

¿Se puede pensar la misión sin los consagrados?
Esto lo ha subrayado mucho el papa Francisco, lanzando en 2015 el Año de la Vida consagrada. La vida consagrada en la Iglesia es esencial para la misión. Esto no quiere decir que haga falta que los “sdb” lleguen a un lugar para que todo comience. Pero hay que atender a la historia, porque Don Bosco ha querido que en el centro de la misión salesiana existiese un núcleo de consagrados; sin ese centro de dinamismo misionero, la cosa se debilita. Al mismo tiempo, y en esto Don Ángel está insistiendo mucho, el trabajo salesiano sin los laicos no se puede entender. Hace poco en Roma lo dijo con mucha claridad: no se puede concebir un “sdb” que diga “yo no necesito trabajar con los laicos”. A veces no llegamos a pescar lo más fundamental de Don Bosco, que es su ser religioso. Vemos un Don Bosco educador, promotor social, lleno de iniciativas, pero su fibra religiosa es un aspecto que tenemos que profundizar para entender el lugar de la vida religiosa.

¿Qué es lo que lleva a alguien a ser misionero?
Lo que está por debajo en toda experiencia misionera o de voluntariado es la gratuidad, y este es uno de los puntos centrales, porque es contra corriente. Cuando uno está con los jóvenes, la primera pregunta que te hacen es “¿qué ganás viniendo acá?”. Te vas un año como misionero a Nigeria. ¿Qué ganás? Nada, perdés todo: el trabajo, un año de estudios, el casamiento, porque le decís a tu novia que te espere y a lo mejor se termina la historia… Entonces, ¿con la experiencia del voluntariado se pierde todo? No, lo que se gana en un año de voluntariado es impagable.

«Para llegar al corazón de los jóvenes de hoy no necesitás conocer a la perfección una lengua, sino poder entrar en el lenguaje juvenil».

Después del fervor por el Bicentenario, ¿cómo sigue la misión salesiana?
Es el desafío de toda fiesta. Yo creo que Don Pascual le dio un tono muy preciso, en la forma en que presentó la temática de los tres años, enseguida le quiso dar profundidad. No basta tener la foto de Don Bosco, hay que estudiarlo y entenderlo, para que de 2015 en adelante lo imitemos mejor; que haya una comprensión más fiel de su figura y un resurgir de vocaciones, no solamente para la vida consagrada, sino en todos los diferentes grupos de la Familia Salesiana. Si este Bicentenario lo celebramos bien, en todos los grupos tiene que haber un florecimiento en número, en calidad y en espíritu misionero.

Por Ezequiel Herrero y Santiago Valdemoros • redaccion@boletinsalesiano.com.ar

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