Pensar una vida con Dios

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Casa Emaús es una obra salesiana ubicada en Bahía Blanca, Buenos Aires, que recibe a jóvenes del sur de Argentina —desde Capital Federal hasta Tierra del Fuego— ofreciendo un espacio para reflexionar y pensar el proyecto de vida, siempre con el acompañamiento de una comunidad de salesianos consagrados.

Allí funcionan también las experiencias de “peregrinos” y “prenoviciado”, que ofrecen la posibilidad de vivir en comunidad con otros jóvenes por uno o dos años. Este año, once jóvenes se encuentran realizando esta experiencia. Vienen de las ciudades de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Río Grande, Trelew y Viedma. Ellos sintieron que Dios los invitaba a preguntarse por la posibilidad de la vida religiosa salesiana y se animaron a mudarse a Bahía para vivir esta experiencia.

¿Qué preguntas tenías antes de empezar y qué respuestas encontraste?

“Yo sentía que una vez que ‘entrás’, no hay vuelta atrás —arranca Federico—.Sin embargo, uno descubre que es una invitación de Dios que elegís desde la libertad y el amor”. Omar agrega que cuando surge la pregunta por la vida religiosa, aunque exista el miedo a lo desconocido, “está bueno dedicarle el tiempo necesario. Está bueno decir: ‘lo voy a intentar’”.

Muchos coincidían en el miedo a perder el tiempo, a “desperdiciar” su vida. Casi todos estudiaban y trabajaban. “Si esto no es lo tuyo—pensaba Martín—,¡perdiste un año de tu vida!”. Finalmente, lo que descubrió es que, más que tiempo perdido, es tiempo ganado, donde uno crece mucho espiritual y personalmente.

Leonel comparte que le generaba muchos conflictos pensar cómo iba a tomar su familia su decisión de hacer la experiencia de discernimiento vocacional. Juan Cruz tenía miedo de perder el vínculo con sus amigos. Pero con el tiempo, la familia va a haciendo su proceso y acompañando las búsquedas de cada uno. Es importante seguir en contacto con los afectos y con los amigos: es una oportunidad de volver a darle valor y significado a esos vínculos.

“¡Qué loco que dieciséis personas tan diferentes se junten y quieran buscar a Dios!—dice Mauro—.Yo pensaba que esto era un monasterio. Pero es una casa normal, con mucha vida, sencillez, con trabajo con los pibes del barrio y con la búsqueda de Dios”. En ese sentido, Lucas agrega que, para él, muchas de la experiencias que permiten conocer a Jesús suceden en la vida en comunidad, entre los hermanos.

“¿Qué es esto que me pasa, que me siento tan feliz? ¿No será que lo mío es ser salesiano?”

¿Cómo llegaron a esta propuesta vocacional?

Casi todos los que viven en la casa coinciden en venir de escuelas salesianas, oratorios, batallones y grupos misioneros. Estaban en contacto con otros salesianos y con jóvenes.

“Hice ‘click’—comenta Leo—. Estaba contento en los oratorios, después conocí a los curas y empecé a pensar: ‘¿Qué es esto que me pasa, que me siento tan feliz? ¿No será que lo mío es ser salesiano?’”. Fede suma: “En esto de trabajar con los pibes, Dios te va pidiendo algo más”. “Dios nos habla a todos de una forma distinta y hay que descifrarlo —agrega Lucas—. Cuando uno conoce el amor quiere seguir profundizándolo, ¿no?”.

Uno se va comprometiendo y allí surge la pregunta sobre el propio proyecto de vida. Es un camino que hay que recorrer, nadie tiene la certeza, lo vas sintiendo en el corazón”, dice Juan Cruz. “Es haber vivido algo —completa Mauro Rossato— y decir: ‘Esto me hace feliz, esto es lo que quiero’”.

¿Qué pistas podemos darle a alguien que piensa en vivir una experiencia de este tipo?

Para Lucas está bueno entender que es normal tener dudas, incertidumbre. Que también los que ya están consagrados las tienen, y siguen buscando: “La vocación no es algo determinado, sino que se va creando”. Omar agrega que está bueno preguntarse:“¿Por qué no intentarlo?”. Y sobre todo, contar con un buen acompañamiento. “Alguien que te confronte y ayude a ver qué es lo que vos querés, lo que quiere Dios”, suma Fede.

También lo que piensan los padres influye mucho. “Pero tus viejos no están toda la vida para decidir por vos —afirma Juan Cruz—. Hacete cargo de lo que vos soñás, de tus opciones. Animáte y probálo vos. Tené coraje”. “El proyecto de vida y lo que te pide Dios coinciden en que ambos son caminos para ser felices y poder amar más”, comparten Federico y Juan Cruz.

“Yo pensaba que esto era un monasterio. Pero es una casa normal, con mucha vida, con trabajo con los pibes del barrio y con la búsqueda de Dios”.

¿Están seguros de querer trabajar para Dios?

“Todos tenemos crisis, dudamos. Pero tengo confianza de que sí, que quiero trabajar para Dios”, dice Leo. Esta casa intenta ayudar a ver de qué manera hacerlo. Mauro suma: “Es una respuesta de todos los días. Y descubrir a Dios en lo cotidiano, con una comunidad que acompaña”.

“Por la ansiedad —exclama Martín—uno quiere resolver su vida en un día. Son los pequeños pasos que se dan cada día en donde se aprende a amar.” “Lo importante es no dejar de preguntarse. Dios te va desafiando todos los días”, cierra Juan Cruz.

 

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