Reparar reparándose

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Jóvenes en conflicto con la ley cumplen su condena a través de los cursos de formación profesional de la obra salesiana.

Boletín Salesiano Noviembre 2014

¿Cómo hacer para que aquellos valores y sueños compartidos durante la adolescencia y juventud no se pierdan cuando llegamos a ser adultos? Durante los años setenta, Mirta participó en los grupos misioneros juveniles, y luego en el taller de apoyo integral para familias de desaparecidos junto con el padre Mario Leonfanti, en la obra Nuestra Señora de los Remedios, de Buenos Aires. “Esta es mi casa —relata— El año pasado nos juntamos con Juan Carlos Dichiara, docente, con quien habíamos participado del grupo misionero y dijimos ‘esto de la nostalgia no está bueno’, y empezamos a tender el puente entre la casa salesiana y los chicos del juzgado”.

Hoy Mirta Guarino es jueza de garantías del joven del departamento judicial Moreno – General Rodríguez, y vive su trabajo a partir de las convicciones sembradas durante su juventud, tratando de que jóvenes en conflicto con la ley puedan reencauzar su vida desde la capacitación profesional y el desarrollo: “El Juzgado de Garantías es un diseño nuevo en la provincia de Buenos Aires. Con la entrada en vigencia en 2008 de las leyes 13298 y 13634 se deroga el Patronato de Menores a través de la creación del Sistema de Protección Integral de Derechos de niños y niñas, y se establecen los procedimientos en el Fuero de Familia y en el Fuero de la Responsabilidad Penal Juvenil. Se adopta el paradigma de la protección integral”.

¿En qué consiste el Fuero Penal Juvenil?
Es un cambio total basado en la responsabilidad y no en el castigo. El proceso penal lo impulsa el fiscal, que es el titular de la acción. Si acusa a un niño, tiene que probarlo. No va más el “a mí me parece que el chico que está en la esquina tiene cara de chorro”. Además, como es un proceso especializado, no aplicamos los mismos conceptos que en la justicia de mayores. Y le damos al pibe un proceso con todas las garantías.

¿Qué servicio cumple el juzgado de garantías?
En pocas palabras, cumple la misión de administrar las cuestiones del proceso penal juvenil desde su inicio hasta el debate. No siempre se llega al debate y entonces se ponen en juego las formas alternativas de conclusión del proceso penal. Si nos manejamos con un esquema donde la única forma de resarcimiento con la sociedad es con la aplicación de una pena privativa de libertad, que yo no comparto, se aplica la pena. Pero el juez también puede reducir la pena, que es lo que hacemos nosotros, de manera que se pueda cumplir en libertad. ¿Por qué en libertad? Porque quiero demostrar que ese joven se tiene que reincorporar a la sociedad, desde el proceso penal mismo.

Cuando no se resuelve en la instancia de Garantías, ¿cómo puede terminar una causa?
Siempre le digo a los chicos: “bien o mal”. Ellos saben y lo dicen, que terminar mal es ir preso. Si termina bien, están en libertad. Los homicidios, los secuestros extorsivos y violaciones van a juicio. Interviene un juez de responsabilidad penal que está en la cabecera departamental, que para los delitos graves se junta con otros dos, y forma un tribunal colegiado. Interesante, porque hay tres votos.

En las causas que lo permitan, nosotros intentamos finalizar el proceso en el juzgado de garantías, en Moreno. Si termina en Moreno, los chicos pueden hacer trabajos comunitarios: la famosa probation. Al pibe se lo pone “a prueba” por un año. Viven en sus casas, hacen los trabajos comunitarios y se cumple ese año de prueba. El año pasado implementamos como trabajo comunitario la reparación personal del chico, con la incorporación de un conocimiento técnico a través del centro de formación de la casa salesiana Nuestra Señora de los Remedios. Entonces, el pibe “repara” reparándose. No le queda condena. Los trabajos comunitarios duran tres o seis meses. Como los cursos duran cuatro, nos viene bárbaro.

¿Qué pasa si el chico no tiene padres o no tiene abogado?
Los padres, si no están, son reemplazados por un familiar. Si tampoco está, lo representa el asesor. El chico nunca está solo. Quien nunca puede faltar es el abogado defensor oficial, que son muy idóneos. Lo digo para echar por tierra que si es “abogado de pobres” no es bueno. Con respecto a los padres, no es común que estén los dos juntos. O el padre está preso, o la madre está presa, por ejemplo. Y tenemos también chicos que no tienen a nadie. Esos son los casos en los que es convocado el asesor.

¿Si hay que dictar una medida dónde va el chico?
En ese caso, uno los manda a una casa de contención o dispositivos de semi libertad. Son casas que dependen de la Secretaría de Niñez, preparadas para alojar hasta doce chicos. Es un desafío: requiere un director formado, un equipo técnico, mucho trabajo de interacción y, sobre todo, la mentalidad puesta en la inclusión social. Los chicos se integran con el barrio, van a la escuela, a la unidad sanitaria, al club o jugar al fútbol con otros chicos. Yo creo mucho en este abordaje de lo penal. Después tenemos chicos que, por la problemática que presentan o por el delito que cometieron, están en institutos cerrados. Generalmente en los casos muy complicados, a los pibes les queman las casas. No pueden volver al barrio.

En el centro, los pibes

“Nosotros veníamos pensando cómo darle una vuelta de tuerca cada vez más significativa al centro de formación para responder a los pibes en situación de vulnerabilidad”, cuenta Evangelina Petrelli, directora general laica de la casa Nuestra Señora de los Remedios. En el centro los chicos que vienen del juzgado hacen cursos de soldadura y electricidad domiciliaria. Este año, además, dos chicas están aprendiendo computación. Hay entre doce y quince pibes de alrededor de 18 años. “Ellos cursan con otros alumnos. Hay gente adulta, y a veces ves que les dan consejos como si fuesen sus padres. Y se han integrado en todas las actividades. En ningún momento se dice ‘los pibes de Moreno a la derecha, el resto a la izquierda’”, aclara Evangelina.

Con la colaboración de una ONG, el juzgado alquila un colectivo que trae a los chicos desde Moreno. Tito, ordenanza del juzgado, es el responsable de acompañarlos: “Tiene un cuaderno gris donde anota los presentes —cuenta Mirta— Es un tipo de pueblo, y quiere profundamente acompañar a los pibes”. Evangelina agrega que es “una figura de referencia, fuertemente educativa. Los días que hacemos deporte o celebración, se queda con nosotros”.

“Me rompo la pata pero no el zapato”
“El logro de uno motiva a la superación de los otros—cuenta Evangelina—. El año pasado, cuando realizamos el acto a fin de año vino todo el juzgado. Y los pibes estaban muy orgullosos. ¡Uno hasta se vino con traje!”. Se logró conseguir fondos para comprarles a los alumnos ropa de trabajo. “Venían a jugar al futbol en la cancha de tierra y se sacaban los zapatos. No es menor para una mirada donde a veces a los pibes se los ubica en un lugar que no valoran nada, que todo da lo mismo. Cuando empiezan a descubrir que su vida vale, que han ganado con esfuerzo determinadas cuestiones, ahí ponen en perspectiva que la vida y las cosas del otro, también valen.

Más allá del expediente
El abordaje de lo penal que se plantea en el Juzgado de Garantías que conduce Mirta Guarino da lugar a muchas iniciativas que van más allá de la tarea estrictamente judicial. Por ejemplo, cada quince días funciona un grupo que reúne a los padres de los chicos en conflicto con la ley: “lo empezamos a manejar con dos auxiliares letrados, dos empleados del juzgado. Y salen cosas riquísimas. Momentos muy hondos donde hay mujeres que vienen de historias de sometimiento, de soledad, mamás solas con hijos drogadictos, que vienen al juzgado a pedir ayuda —desarrolla Mirta—.Y ahora incorporamos los sábados a la mañana un micro emprendimiento para los chicos que salen de los cursos, que lo están armando Juan Carlos y Ricardo, otro docente, jubilado”. Rejas, parrillas y palitas para el asado forman parte de los productos que elaboran los chicos. “Los pibes trabajan bien —agrega Tito, quien también los acompaña los sábados— y lo que se recauda se reparte según la cantidad de horas que hace cada uno”.

Luces y sombras
“En una causa penal de Moreno, un chico condenado por un homicidio egresó de un instituto cerrado y está estudiando en la universidad de La Plata. El me suele llamar los lunes, que es el día que no tiene clases. Está cumpliendo una pena. Desde la institución se le consiguió una posibilidad de trabajo. Esto es posible, pero requiere un trabajo artesanal —aclara Mirta, y enfatiza—. Uno de los ejes del proyecto es evitar la reincidencia: estamos teniendo menos del uno por ciento”. Para Evangelina esto es una cuestión fundamental: “Es hacerle creer al pibe que uno confía en él porque tiene posibilidades, no que uno confía por una cuestión técnica o por conveniencia”.

De todos modos, y aunque según las estadísticas la cantidad de delitos cometidos por jóvenes se mantenga estable desde hace varios años, un relevamiento hecho recientemente en los juzgados del conurbano bonaerense mostró que lo que aumentó es la gravedad de los mismos.

¿A qué responde la gravedad de los episodios?
A la violencia que estamos viviendo. El modelo es violento: “¿Qué mirás, gato?”, le dice uno a otro, y lo mata. Y el tema de la droga. Los pibes tienen más acceso, no hay castigo, circula de tal manera que terminan asesinando a la kiosquera que la vende. Las armas circulan de manera masiva. La policía bonaerense está implicada con los traficantes de armas. Hay que caminar bastante con los policías egresados de las nuevas universidades: los sumarios están mal hechos y uno tiene que decidir a veces por una nulidad porque lo que escribió la policía está mal. Eso violenta las garantías. La seguridad no se labra con baja de imputabilidad penal, se forja en que los jueces hagamos lo que tenemos que hacer, en que la policía trabaje bien, y que los núcleos donde se vende droga sean desbaratados.

¿Vos cómo te sentís Mirta?
Yo hago lo que me gusta. Me gusta ser juez. Somos un equipo. Armar un equipo en el poder judicial no es fácil, pero se puede. En la medida en que uno pueda con estas cosas también revisar el sentido de la justicia, no de la justicia administradora, sino la otra, meterse en la situación más allá del expediente bueno… me parece que vale la pena.

Por Juan José Chiappetti y Santiago Valdemoros • Boletín Salesiano de Argentina

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