La vida siempre se abre paso

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Los jóvenes de los pueblos originarios, sus sueños y desafíos

Pensar en la realidad de los jóvenes de los pueblos originarios es un gran desafío que despierta nuevos horizontes cargados de posibilidades y esperanzas para toda la sociedad y para las comunidades de las diversas etnias que forman parte de nuestra realidad pluricultural, y que son indudablemente una riqueza y no una amenaza. La juventud, como la vida, en los diversos terrenos se abre paso, a veces acompañada y otras veces librada a su propia suerte.

Redescubriendo la identidad

Desde lo que conozco,se me vienen algunos rostros concretos de jóvenes del contexto de la realidad patagónica,que de por sí es muy amplia y diversa. Jóvenes que juntos a sus abuelas y familias van descubriendo y asumiendo con entereza su identidad. Se va dando esa trasmisión fuerte y sencilla de los valores y las exigencias que implica reconocerse perteneciente a la cultura de los pueblos originarios. Es hermoso ver a las abuelas acompañadas de esos retoños que van nutriendo su joven corazón con la sabiduría de sus ancianos que de boca en boca se sigue transmitiendo, ayudando a no perder esa trama sencilla pero rica de memoria y de valores que hoy son luces para nuestra realidad cultural amenazada por lo efímero.
Como vida que crece, a veces en contextos de mucha incomprensión, los retoños sufren sus crisis, y los inviernos amenazan los grandes frutos de ese encuentro con sus raíces: el sentido sagrado de la existencia.El respeto a la vida, a los ancianos, a la madre tierra. El sentido de familia grande; es decir, de comunidad. El silencio como actitud y fortaleza.
Como todos los jóvenes, están en búsqueda y no son ajenos a las tentaciones y alternativas “exitistas” de la globalización. Pero no se trata de quedarse aislados en un contexto y realidad del pasado:la cultura es dinámica y se fortalece en el encuentro y en el diálogo con lo diverso, sin perder ni negar lo original y propio de cada uno de los protagonistas.

La memoria los valores de los pueblos originarios son luces para nuestra realidad cultural amenazada por lo efímero.

Hacer frente a la resignación

Entre los riesgos de esas búsquedas, casi sin lugar en el escenario de las posibilidades de real participación social, surge para algunos la resignación, el bajar los brazos y enterrar ese talento de lo propio de su identidad, asimilándose como uno más a lo que impone la mayoría. En otros, quizás el resentimiento y la bronca son canalizadas en la rebeldía y la indiferencia a la causa de sus hermanos. No está ausente la tentación de la violencia y la confrontación cargada de agresividad, queriendo jugar con las mismas armas que en otro tiempo los excluyeron y marginaron. Otros, en pequeños espacios, van entretejiendo y soñando nuevas alternativas con fuerte sentido de pertenencia comunitaria y buscando una sana integración sin renunciar a sus valores y costumbres conservadas por los ancianos como valioso tesoro.
La vida se abre paso a pesar de la dureza del terreno o la adversidad que enfrenta. Así, los jóvenes en las comunidades de los pueblos originarios van manifestando su presencia y su compromiso por servir desde diferentes espacios para fortalecer los valores de su cultura. Algunos se comprometen en espacios comunitarios de vida cristiana, otros en la participación en ámbitos culturales, otros en el trabajo en la tierra de sus ancestros, otros en el estudio y la formación profesional. Una real dificultad es la pérdida del idioma nativo, al menos en la zona patagónica, aunque algunos de los mayores lo van conservando e intentando transmitirlo.

Como todos los jóvenes están en búsqueda, y no son ajenos a las tentaciones y alternativas “exitistas” de la globalización.

 Abrirse a lo diverso desde la propia riqueza

En lo personal, desde hace unos años voy observando que son muchos los jóvenes que se acercan a Ceferino Namuncuráen la gran peregrinación de Chimpay. En varias oportunidades, tempranito llegan hasta su imagen dejando a los pies algún regalito significativo para ellos: en un oportunidad, un simple piedrita, en otra el pañuelo al cuello, una boina, un poncho… encerrando en ese signo algún momento de su historia compartida con este amigo. Durante la peregrinación también hay dos momentos muy significativos: la oración a la salida del soly la reflexión del fuego animada por el lonco. Entorno al fuego, varios peregrinos y jóvenes sienten el “sacudón” de sus raíces, de pertenecer a la cultura de los pueblos de esta tierra.
Ceferino asumió su vida como camino de entrega por el bien de su gente. Supo ver y ponerse en camino seguro de sus raíces, no se cerró a lo diverso. “Quiero ser útil a mi gente”:es un hermoso mensaje para los jóvenes de hoy. Optar es asumir lo propio y partir abierto al encuentro del otro. Es caminar sin olvidar el origen y sin abandonar los sueños del bien de los hermanos. Ceferino es un joven que vivió en fidelidad a su gente y en fidelidad al Evangelio. Que su valioso testimonio ayude y oriente a muchos hoy a jugarse la vida fieles al pueblo y al Padre de todos.

El Equipo Nacional de Pastoral Aborígen(Endepa) es un organismo de la Iglesia católica argentina que reúne a numerosos sacerdotes y laicos de todo el país comprometidos con la causa de los pueblos originarios. ¿Cuál es la realidad actual de los jóvenes indígenas? ¿Qué piensan? ¿Cuáles son sus proyectos, obstáculos y sueños? ¿Qué importancia le otorga la juventud indígena a su historia y sus raíces? Estas fueron algunas de las preguntas que motivaron un encuentro de jóvenes realizado en septiembre del año pasado en Las Lomitas, Formosa. El informe de este encuentro, así como una amplia diversidad de publicaciones y documentos sobre la actualidad de la lucha de los pueblos originarios, se encuentra disponible en el portal web de Endepa: endepa.org.ar

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