La historia sin fin

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Don Bosco en Bernal: un gran pasado, un valioso presente y un hermoso futuro.

Por: Ezequiel Herrero y Valentina Costantino //

redaccion@boletinsalesiano.com.ar

Año 1850. Los Bernal son una familia de la aristocracia porteña que viven en Buenos Aires desde la época colonial. Un descendiente de la familia, Pedro, decide construir una amplia residencia en un campo de su propiedad cercano al río de La Plata, unos quince kilómetros al sur de la ciudad.

Mientras tanto, en otra parte del mundo, en las costas del mar Tirreno, un muchacho del norte de Italia que había sufrido un accidente en su pierna, logra llegar a duras penas hasta el santuario de Nuestra Señora de la Guardia en el Monte Figogna, cerca de Génova. Se llama Agostino Pedemonte, pide a la Virgen aliviar su dolor y vuelve a su casa caminando.

Del puerto de Génova partían en aquellos años los barcos repletos de migrantes que se alejaban de sus hogares con valijas cargadas de preguntas, de miedos y de sueños. Lo último que veían en la costa genovesa era el Monte Figogna y la Virgen que los despedía en su viaje hacia la tierra prometida.

Así surgió el deseo de los genoveses que habían llegado al Río de la Plata de que, al entrar al puerto de Buenos Aires, los recibiera la misma Virgen patrona de Génova. Pedemonte, que también migró joven a la Argentina y había comprado a la familia Bernal parte de sus tierras, compartía el mismo anhelo de sus compatriotas. Por eso, cuando conoció a los salesianos en La Boca, les ofreció terreno para levantar en Bernal una capilla a Nuestra Señora de la Guardia. El obispo salesiano Juan Cagliero fue en tren a visitarlo y le compartió su necesidad de levantar allí una casa de formación. Entonces hicieron un trato: todo el terreno que el obispo llegara a recorrer con los ojos cerrados sin tropezar, sería donado. El pequeño Luisito Pedemonte lo acompañaría tomado de la mano. Caminaron juntos un kilómetro. Y don Agustín cumplió su palabra.

“¿Por qué estamos donde estamos?”

2024. Los años transcurrieron en el terreno de los salesianos. Se plantaron árboles, se levantaron edificios y se trazaron amplios patios. Por el mismo lugar que el obispo Cagliero recorrió con los ojos vendados tomado de la mano de Luisito Pedemonte, hoy corren, juegan, estudian, enseñan y sueñan, cientos de niños, jóvenes y adultos. Porque la Obra de Don Bosco en Bernal tiene un rico pasado, un valioso presente y un prometedor futuro.

La educación de los jóvenes fue la prioridad de Don Bosco, que se ocupó no sólo de la transmisión de contenidos propios de las diferentes disciplinas, sino también de que sus chicos sean amables con los demás, den una mano a quien lo necesita y se sepan parte de una Familia que cuida, protege y acompaña. La Casa de Bernal lo tiene muy presente en su formación inicial, primaria, secundaria y profesional.

El jardín Hogar Escuela Don Bosco, de cuota cero, ofrece desayuno, almuerzo y merienda a ciento ochenta niños y niñas de hogares carenciados.

Camila conoce la escuela desde que ingresó al jardín de infantes Santa Teresita. Hoy cursa su último año de secundaria y preside el Centro de Estudiantes. Con cariño expresa: “el colegio me dio un sentimiento de pertenencia. Me enseñó sobre compañerismo y sobre estar al servicio de los demás. Yo siento que es mi casa”. Ese sentimiento de hogar y de familia se construye entre todos. Así lo enseñó Don Bosco y así lo enseñan hoy los educadores. Fátima es docente de nivel primario. Destaca el protagonismo de los chicos y chicas en la propuesta educativa, teniendo siempre en cuenta el contexto y la realidad que atraviesan: “Acompañamos su crecimiento como personas comprometidas en nuestra sociedad”. Y añade que lo principal es que el paso por la escuela sea realmente algo significativo para ellos”.

“Les mostramos que existe otra realidad, que alguien puede esperarte con un plato de comida y decirte que te quiere”, expresa la directora del Hogar Escuela.

¿Y cómo hacer de un espacio un lugar significativo? “No es solamente un lugar donde se viene a aprender contenidos. Intentamos que se sientan queridos, seguros y que puedan manifestarse tal como son, explica Evangelina, directora del nivel inicial del Santa Teresita. Gabriela coincide en que “no se trata solamente de ser maestra. Siempre hay que preguntarse ¿por qué estamos dónde estamos?. Lo dice desde la dirección del Hogar Escuela Don Bosco, donde reciben a niños y niñas de los barrios populares cercanos a Bernal: Villa Itatí, Villa Azul, Los Eucaliptus y La Cañada. El jardín de cuota cero y jornada completa ofrece desayuno, almuerzo y merienda a ciento ochenta infantes que provienen de hogares con muchas necesidades. “Les mostramos que existe otra realidad, que hay alguien que puede abrazarte, esperarte con un plato de comida caliente, decirte que te quiere y que valés la pena”, concluye Gabriela.

Pedalear como Zatti

En 1900 Artémides Zatti ingresó al aspirantado salesiano en Bernal y cuidó de un enfermo de tuberculosis hasta que se contagió él mismo la enfermedad. Con el tiempo logró curarse y, años más tarde, se subió a su bicicleta para recorrer la Patagonia, curando a los enfermos y pedaleando por las calles de Viedma hasta llegar a todo el que lo necesitara.

La Obra de Don Bosco en Bernal cuenta con un “espacio físico”, pero también “pedalea” hasta encontrarse con diversas realidades. Y esa es una de las características de la Casa Magone, el centro de día que recibe a treinta chicos y chicas de barrios populares para brindarles el almuerzo y la merienda, apoyo escolar, talleres y catequesis.

Chicos y chicas del grupo Metanoia, comparten reflexiones, actividades y talleres que los ayudan a sentir que en la Obra de Bernal están en su Casa.

Emanuel, coordinador de “la Casita”, comparte que uno de los propósitos del centro es generar una rutina en la vida de esos niños y niñas que, muchas veces, llegan de hogares desorganizados. “Es un trabajo que hago con placer, como una continuación de todas las actividades salesianas que realicé durante mi infancia, remarca al tiempo que recuerda su pasado de explorador de Don Bosco. Además, destaca que son los mismos estudiantes de secundaria quienes dan una mano como voluntarios. 

A los jóvenes les importa. Y por eso se involucran para ayudar y animar a otros chicos y chicas que necesitan que alguien los acompañe. Nadie debería caminar solo y los jóvenes del Movimiento Juvenil Salesiano –el Batallón 6 de Exploradores, el grupo Metanoia, la comunidad de Jornadas y la comunidad de Confirmación–, bien lo saben. “Vos pasabas la puerta y cualquier cosa que tenías en la mente se borraba automáticamente y se reemplazaba por la alegría de ver a chicos corriendo y amigos abrazándose”, comenta “Pepa”, jefa del Batallón de Exploradores, que conoció la propuesta salesiana hace quince años y recuerda hasta hoy la primera vez que pisó el patio. El caso de Isaías, coordinador del grupo Metanoia, es similar: “Sentí que Dios me interrogó cuando empecé con la animación. Él me pide dejar la vida acá. No le encuentro una respuesta, solo sé que me gratifica ver a los pibes contentos”.

Todos los días Cáritas ofrece alimentos, vestimenta, medicamentos y servicios como odontología, psicología o peluquería.

Cuando Dios interroga, cuando Dios llama, hay que aprender a escuchar. Así fue como Virginia llegó a las puertas de Cáritas en búsqueda de asistencia para su familia. Allí la recibieron voluntarios y le dieron lo que necesitaba. Pero no se trata sólo de alimentos, vestimenta, medicamentos, o, servicios como odontología, psicología o peluquería –algunos de los tantos que ofrecen gratuitamente–, sino que también necesitan a alguien que escuche su historia. “Los voluntarios son atentos y solidarios, te escuchan y empatizan con tu situación”, cuenta Virginia desde su experiencia y resalta los cursos de panadería, herrería y mecánica que se ofrecen con el fin de que todos puedan progresar, crecer y “pedalear” cada vez más lejos, como Zatti.

¡Yo te conozco!

El año pasado la Obra de Don Bosco recibió las cenizas de los fundadores de Bernal para resguardar en el santuario. Las del matrimonio Pedemonte ya descansaban allí. La historia de la ciudad está estrechamente ligada a la Obra Salesiana. Y si bien no hay duda de que la ciudad se fue transformando con el tiempo, hay necesidades que permanecen: una de las más importantes, el trabajo. Por eso, el Centro de Formación Profesional “Don Bosco” de Bernal es sumamente conocido en la ciudad y en toda la zona. Con más de treinta talleres, el Centro recibe a seiscientos estudiantes para que puedan formarse en un oficio. Guillermo, director del CFP, cuenta que los alumnos llegan “con ansias de progresar por sus familias y encontrar algo mejor” y son recibidos por docentes que sueñan con una educación para que ellos puedan defenderse en la vida y salir adelante con sus manos, sus conocimientos, actitud y perseverancia”.

Los desafíos son una oportunidad para seguir creciendo. «El desafío es seguir siendo fieles a nuestros compromisos, a nuestros criterios dentro del carisma salesiano escuchando siempre los gritos de los pibes y pibas», señala Juan Skarlovnik, director de la Casa Salesiana de Bernal. Junto al padre Horacio López, párroco de Nuestra Señora de La Guardia y director de la presencia Bernal-Avellaneda, coinciden en que si bien existe una historia que se ve plasmada en cada rincón de la Casa, lo que más perdura en el tiempo son los valores salesianos que identifican a miles de docentes, chicos y chicas que pasan por el patio del Don Bosco y eligen regresar a su primera Casa. Y por supuesto, una fe que trasciende los tiempos, la que llevó al joven Pedemonte a encomendar su salud a Nuestra Señora de la Guardia y está presente aún hoy en cada rincón de la Obra: “Soñamos con una Casa donde los patios sigan siendo un espacio privilegiado para los jóvenes, de encuentro con un Jesús cercano y donde la familiaridad sea siempre lo primero”, concluye Juan. Pero la lista de sueños sigue y sigue. No todas las historias tienen un final.

¡Próximamente el video de la Obra!

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BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JULIO 2024

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