Épocas de cambios

Compartir

Una reflexión sobre la familia actual a partir de la experiencia carismática de Don Bosco.

Frente al desafío de los cambios

Son muchas las transformaciones que se producen en la vida social y cultural de nuestro tiempo. La globalización es una situación generalizada que atraviesa todos los ámbitos de la sociedad y alcanza todas las culturas. Dos son los móviles principales que la promueven: la especulación financiera y el desarrollo tecnológico. El resultado es alarmante: concentración de la mayor parte de las riquezas en manos de pocos, aumentando la pobreza de los más; frenesí de libertad ilimitada, desechando los valores de la convivencia humana; desenfreno de arbitrariedad, predominando la injusticia y la criminalidad. En medio de ese proceso, la familia no es una excepción. Paradójicamente, las redes sociales aceleran este proceso de decaimiento y exclusión que va arrastrando a innumerables familias.

Dicen los obispos en el documento conclusivo de Aparecida: “Los anhelos de vida, de paz, de fraternidad y de felicidad no encuentran respuesta en medio de los ídolos del lucro y la eficacia, la insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, los ataques a la vida intrauterina, la mortalidad infantil, el deterioro de algunos hospitales, y todas las modalidades de violencia sobre niños, jóvenes, hombres y mujeres. Esto subraya la importancia de la lucha por la vida, la dignidad y la integridad de la persona humana. La defensa fundamental de la dignidad y de estos valores comienza en la familia (468).

El quarantotto en tiempos de Don Bosco

En Italia, la palabra quarantotto —“cuarenta y ocho”— se utiliza todavía hoy para indicar un gran “lío” o confusión. El 1848 fue un año de grandes desórdenes en varios Estados europeos. Así lo describe el mismo Don Bosco en las Memorias del Oratorio:

“Durante este año, los asuntos políticos y el ambiente social entraron en una fase dramática cuyas consecuencias son aún imprevisibles. Carlos Alberto concedió la Constitución. Para muchos eso significaba hacer lo que les viniera en gana, así fuera bueno o malo. Se apoyaban en la misma mentalidad con la que, una vez concedida la libertad religiosa a los hebreos y protestantes, parecía que ya no hubiese distinción entre católicos y miembros de otros credos religiosos. Eso valía, ciertamente, respecto a la igualdad política, pero no en cuanto a la religión. Mientras tanto, los jóvenes fueron presa de una especie de locura y dispersándose por las calles y las plazas de la ciudad creían estar haciendo lo mejor si ultrajaban al clero y a la Iglesia. Yo fui varias veces asaltado por ellos, tanto en la casa como por la calle” (MO 65).

El territorio de Italia, dividido en varios Estados, se debatía en tendencias contrapuestas, en un proceso denominado Risorgimento —“resurgimiento”—. De las situaciones de tensión no se salvó ni el papa Pío IX, que tuvo que escaparse a escondidas del Vaticano: “A fines de 1848 los acontecimiento políticos obligaron a huir de Roma al Santo Padre Pío IX, y refugiarse en Gaeta” (MO 69). En el ámbito familiar, la industrialización provocó el abandono de los hogares y la emigración hacia los centros urbanos y a otros países.

Ansia de libertad y de igualdad

Actualmente hay dos convicciones muy difundidas. Según la primera, se cree que cada uno puede afirmar su libertad como le dé la gana. Todo da lo mismo, como si no existieran derechos y deberes. Y la segunda convicción es que todos somos iguales, como si no existieran diferencias entre las personas. Sin embargo, la realidad es otra: la mujer es mujer, y hay que respetarla como tal, y el varón no puede alegar razón alguna de superioridad que legitime la violencia. Nos engañamos suponiéndonos totalmente libres, porque dependemos de un sin fin de condicionamientos.

En la familia las relaciones cambian con el mudar de las situaciones, a medida que los chicos crecen y los adultos envejecen. Se equivocan los padres que se equiparan con sus hijos, como si fueran compañeros de diversión; y se equivocan también los que los maltratan, como déspotas o irresponsables. Además, induciendo a los chicos en prematuras libertades, se altera el proceso de crecimiento natural y los adultos evaden su misión educativa demostrándose incapaces de ejercer su responsabilidad en la conducción de la familia.

 Para ampliar la información y continuar la reflexión

  • Lectura de las Memorias del Oratorio, especialmente los puntos [65] y [69], en el contexto de los años 1848-1850 (páginas 223-240).
  • APARECIDA. Documento conclusivo, número 468, en el contexto del capítulo 9 sobre Familia, Personas y vida [431-476], páginas 195-216.

Algunas preguntas para profundizar la lectura

  • En medio de las transformaciones que se verifican actualmente, ¿cómo entender la corresponsabilidad de los diversos miembros de la familia?
  • ¿Qué implica respetar los tiempos de maduración y crecimiento de las personas que la integran?

Por Juan Picca, sdb • jpicca@donbosco.org.ar

Boletín Salesiano, mayo 2017

Noticias Relacionadas

No la dejemos afuera

Liturgia. Los jóvenes que participan de la vida de la Iglesia piden celebraciones vivas y bellas.

Una vida en Malvinas

La hermana María Ussher, Hija de María Auxiliadora “Stanley , miércoles 3 de junio de...

El ambiente se defiende

Don Bosco Green Alliance: una iniciativa mundial salesiana de la que todos podemos ser...

En memoria suya

A 500 años de la primera misa en territorio argentino   Jerusalén. Proximidades del año treinta...