“Dios nos quiere siempre felices”

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El mensaje del Rector Mayor

“ Era fines de noviembre del año pasado cuando nos despedíamos de las comunidades de Mozambique, celebrando la Eucaristía en un lugar muy humilde, junto a unas doscientas personas. Una de ellas, una niña, leyó esto que les trascribo. Me pareció tan bonito que no lo podía guardar solamente para mí. Y me llevó a pensar que Don Bosco sigue muy vivo en todas partes del mundo.

“Damos gracias al Señor y a usted, padre Ángel. Su presencia nos ayudó a celebrar la vida y la amistad. El corazón se hizo más grande celebrando con usted, que lleva en el corazón a tantos niños y jóvenes del mundo. Rezaremos por usted y sabemos que usted nunca va a dejar de rezar por nosotros.

Nos gustaría viajar y ayudarlo en sus trabajos, pero sabe que tenemos aún que estudiar mucho, ayudar en casa y prepararnos para hacer mucho bien a mucha gente.

Un día, cuando regrese, tendremos más tiempo para contar todo lo bueno que descubrimos y todo el bien que hicimos. Don Bosco nos enseñó que Dios nos quiere siempre felices, haciendo bien todo lo que tenemos que hacer (…)”.

Hasta aquí el saludo de estos niños y niñas, acompañados de algunos jóvenes animadores. Nuestra Familia Salesiana en todo el mundo realmente ha nacido para ellos, para los más pobres y sencillos. Es aquí donde mejor nos sentimos.

Una semana antes estaba en Luanda, Angola, visitando nuestra casa que acoge a muchachos recogidos de la calle. Aquel día eran cuarenta y dos, que llevaban con nosotros entre una semana, el último en llegar, y cinco años, el más “veterano”. Uno de ellos, que tiene una gran capacidad para cantar “rap”, compuso una canción con motivo de nuestra visita, que decía: “Nada está perdido. Estoy aquí y tengo futuro. Yo tengo futuro”.

Llevaba dos años en la calle cuando la Providencia quiso que pudiéramos contactar con él. Mirándolo, con el corazón lleno de emoción, pensaba: ¡Don Bosco vive! En esta casa, en cada uno de mis hermanos salesianos y educadores laicos que hoy le dan palabra, mirada y brazos para acoger como amigos, hermanos y padres a estos muchachos.

Tenía razón la muchachita que me pedía que los llevara en el corazón. No puedo no hacerlo luego de conocerlos. Y como yo, tantos de ustedes, tantas buenas personas que siguen creyendo que juntos hacemos el bien, en un mundo con tanta desconfianza. Les puedo asegurar que lo que les narro es la vida misma. Como decía la Madre Teresa, para cada pobre, para cada joven con el que nos encontramos, el encuentro no es indiferente. Puede cambiar para bien sus vidas.

Gracias al Buen Dios porque ellos, los más pequeños, los que no cuentan nada en este mundo, nos siguen haciendo tanto bien. En nombre de Don Bosco, ¡gracias! 

 

Por Ángel Fernández Artime

BOLETÍN SALESIANO – AGOSTO 2018

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