Crecer desde las diferencias

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En tiempos de grietas, el diálogo interreligioso promueve el respeto y la integración social.

María Eugenia Castro es coordinadora junto a Nancy Falcón y Marisa Bergman del programa Constructores de Puentes, una iniciativa que comenzó en el año 2009. Su trabajo se desarrolla en dos áreas principales: formación para fomentar el aprecio por lo diverso y la profundización sobre saberes, prácticas y oración en las distintas tradiciones religiosas; y acción social, alentando a los jóvenes en sus propias comunidades de fe a dar el paso de trabajar juntos con jóvenes de otras tradiciones por el bien de la comunidad. El programa ya capacitó a miles jóvenes, funcionarios, directores de escuelas y miembros de diversas comunidades religiosas.

¿Qué puede aportar a la sociedad el diálogo interreligioso?

Es un diálogo en la diversidad. Actualmente la necesidad del diálogo se da en muchos ámbitos, como por ejemplo en la familia, la escuela, la sociedad, y eso ocurre porque somos distintos y a través del diálogo nos conocemos y generamos puentes que permitan encontrarnos entre personas de distintos credos. En Argentina el diálogo interreligioso funciona bastante bien, pero sería importante que este modelo se trasladara a otros ámbitos sociales. He escuchado decir “mejor no hablemos de política, de futbol ni de religión porque eso trae problemas”. Me encantaría que no fuera así, que pudiéramos hablar, exponer nuestras diferencias, conversar sobre nuestras distintas perspectivas y respetarnos con apertura de corazón.

¿Es lo mismo hablar de ecumenismo que de diálogo interreligioso?

Hablamos de ecumenismo nos referimos al conjunto de actividades y de obras que buscan favorecer la unidad de los cristianos, es decir, entre todos aquellos que creen en Jesucristo y que han recibido el bautismo. El diálogo interreligioso se refiere a los esfuerzos de reunir personas de diferentes credos en distintas formas de diálogo con el objetivo de acrecentar el respeto mutuo, favoreciendo la paz y la integración social.

En este sentido reconocemos cuatro formas principales de diálogo: una es la que nosotros llamamos el diálogo de la vida, en el que las personas se esfuerzan por vivir en un espíritu de apertura y de buena convivencia, compartiendo alegrías y penas, problemas y preocupaciones humanas. Otro es el diálogo de las obras, en el que las instituciones colaboran en referencia a una temática específica en vistas a promover el desarrollo integral y la libertad de la gente. La tercera forma de diálogo es el de los intercambios teológicos, en el que los expertos buscan profundizar la comprensión de sus respectivas herencias religiosas y apreciar recíprocamente sus propios valores espirituales. Y finalmente el diálogo de la experiencia religiosa, en el que las personas desde sus propias tradiciones religiosas comparten sus riquezas espirituales, por ejemplo en lo que se refiere a la oración y la contemplación, la fe y las vías de la búsqueda de Dios.

«No hay que tenerle miedo a las diferencias: es interesante descubrirlas, estudiarlas, comprenderlas»

¿Por qué pareciera que este es un tema que no se trabaja en las comunidades de fe?

Son varios los documentos del Concilio Vaticano II y otros posteriores que llaman al cristiano y a las comunidades a trabajar en el ecumenismo y diálogo interreligioso. Claramente este llamado es para todos y no para unos pocos, pero no ha llegado a la mayoría de las comunidades. Creo que la formación para el ecumenismo y diálogo interreligioso debe ser parte de los programas de formación de sacerdotes y laicos; las comunidades deben involucrarse, concurrir a paneles interreligiosos y también fomentar y participar en actividades de servicio de las parroquias, como la noche de la caridad que se debieran hacer en colaboración con comunidades vecinas. En la acción compartida se conoce al otro y se genera una relación que construye la cultura del encuentro que tanto pide el papa Francisco.

¿Qué riesgos se corren en practicar este diálogo?

No hay riesgo si el diálogo es genuino y maduro. Pero también podemos tener un monólogo interreligioso en vez de diálogo interreligioso donde no hay riesgo pero tampoco riqueza. En el diálogo interreligioso así como en otros diálogos debe haber capacidad de escucha, interés por conocer al otro y apertura a ser interpelado sin perder la propia identidad.

¿En qué aspectos se parecen y en qué se diferencian las grandes religiones?

Me parece importante aclarar que a veces se asocia o se cree que lo parecido es bueno y la diferencia algo que tenemos que ocultar, negar o disimular. Creo que cuando el diálogo es genuino, está abierto a la diversidad, incluso la celebra. No hay que tenerle miedo a las diferencias: es interesante descubrirlas, estudiarlas, comprenderlas. Cuando encuentro diferencias en concepciones y prácticas de otras religiones puedo pensar cómo enriquecer mi propia vida de fe. El ser humano está en una continua búsqueda y es muy interesante ver que esta búsqueda lleva a distintas personas por distintos caminos.

 

Por Ezequiel Herrero

BOLETIN SALESIANO – AGOSTO 2018

 

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