La palabra imprescindible

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La persona agradecida siente la vida como gracia y eso lo transforma en felicidad y seguridad. Pero no siempre es así: a ser agradecidos también se aprende.

Por Pino Pellegrino
Boletín Salesiano de Italia

Educar a la gratitud es educar a la belleza de la vida. La persona agradecida siente la vida y la existencia como gracia. Por eso el agradecimiento es un sentimiento más fuerte que la esperanza: quien es agradecido siente que posee algo muy grande. Este sentimiento se transforma en felicidad y seguridad. Los ingratos, por el contrario, son incapaces de sentirse satisfechos y felices. Viven permanentemente inquietos, llenos de resentimiento por lo que no tienen y de ansiedad por lo que quieren.

La gratitud es un camino para celebrar un matrimonio muy necesario y esperado entre la “humanidad” y los “seres humanos”. La palabra “gracias” de por sí, tiene perfume de humanidad. Quien dice “gracias” es gentil, amable… humano. Quien dice “gracias” tiene un toque de nobleza. Por eso la gratitud debe defenderse, para que las personas sigamos siendo humanas. Nada es más helado que la ingratitud.

Los ingratos son incapaces de sentirse satisfechos y felices. Viven permanentemente inquietos, llenos de resentimiento por lo que no tienen y de ansiedad por lo que quieren.

Llama la atención y causa estupor que algunos chicos y jóvenes, pero también muchos adultos, no responden cuando reciben un regalo en Navidad, en su día de cumpleaños u onomástico. Al regalar un libro, un celular, o una indumentaria, muchas veces no hay ninguna reacción, como si fuera una obligación de los padres o de los amigos. 

De esta forma desaparece algo esencial de la humanidad, del ser humano. Mientras la tierra se recalienta, los corazones se vuelven más fríos. ¿Qué está pasando? Faltó enseñar a ser agradecidos. Y sin embargo, los caminos para esa hermosa tarea están a disposición de todos. 

Un medio, por ejemplo, es recordar que las pocas o muchas comodidades que hoy tenemos se las debemos a quienes las han preparado. Los niños de Europa, por poner un ejemplo, encuentran desde su nacimiento una riquísima herencia que no se dan cuenta que tienen: desde caminos asfaltados hasta una heladera, pasando por la televisión, el baño, el agua caliente… tantos bienes en su casa, sin haber vertido una sola gota de sudor propio.

La idea de que el mundo no siempre haya sido así ni siquiera le pasa por la mente al niño, por muy curioso que sea. Está claro, entonces, que para llevarlo a la gratitud debemos recordarle que los puentes no nacieron como hongos, que los celulares no nacen de los árboles como las manzanas, o que los relojes no se hicieron solos: todo es trabajo de quienes nos brindan esas cosas. 

Obviamente, la conversación sobre el deber de expresar gratitud por estas comodidades debe tomar en cuenta el grado de madurez actual del hijo, sin “dar cátedra” ni hacer discursos frontales y directos —sobre todo ante adolescentes, que los rechazarían fácilmente—, sino hacerlo de un modo indirecto. Como decirle a un amigo o un hermano: “¿Te acordás cuando en la casa no había estufas de gas? ¡Qué frío hacía entonces!”

La idea de que el mundo no siempre haya sido así ni siquiera le pasa por la mente al niño. Para llevarlo a la gratitud, debemos recordárselo.

Otro camino para educar en la gratitud es el de moderar el bienestar. Es un hecho conocido que dar muchas cosas produce gente insatisfecha y pretenciosa. El niño con el cuarto lleno de juguetes piensa que tiene el derecho a siempre poseer más.

Y un tercer camino es mostrarnos agradecidos. Es la vía más poderosa. De modo que al hijo que nos regala algo, siempre le decimos “gracias”. Al que nos entrega el correo, le decimos “gracias”. Al policía que no ha dado una información, le decimos “gracias”. Al mozo que nos trae la comida, le decimos “gracias”. 
Son gestos sencillos de gratitud que te regalarán la satisfacción de haber educado un hijo o una hija que tal vez no lleguen nunca a ser “ricos”, pero sí verdaderos “señores”. Eso es un magnífico éxito. ¡Felicitaciones también de parte de quien escribió la presente nota: “Gracias por tu aporte al medio ambiente humano”!

BOLETIN SALESIANO – DICIEMBRE 2020

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