De ganadores y perdedores

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La odisea de los giles

Argentina, 2019

Dirección: Sebastián Borenzstein

 

 

 

 

Estamos frente a un caso de “argentinidad al palo”. El mismo título de la película, como el contexto del “corralito” financiero del 2001, seguramente ameritarán más de una explicación fuera de nuestras fronteras nacionales, sobre todo cuando tengan que traducirse.

Basada en la novela La noche de la usina, de Eduardo Sacheri, y con un elenco de primeras figuras, La odisea de los giles nos sumerge en el drama posible en cualquier pequeño pueblo de nuestra patria asediado por las medidas políticas y económicas de la década del noventa.

Divididos en bandos estereotipadamente diferenciados, hay dos campos antagónicos. El primero y más numeroso es el de unos improvisados cooperativistas, un poco a la manera de los que Osvaldo Soriano convirtió en metáforas políticas y sociales de la Argentina. Quieren poner en pie una vieja acopiadora de granos que podría volver a dar trabajo y vida a ese pueblo casi fantasma. Los enemigos jurados son un gerente de banco traicionero y, en particular, un abogado inescrupuloso.

Las características de los protagonistas, el ritmo de la narración, el humor y la ironía bien llevados y la agilidad propia del subgénero conocido como heist movies —“películas de atraco”—, permiten la adhesión y el enganche de un amplio público. Esto habilita varios recorridos posibles:

  • Permite profundizar las causas y el contexto más amplio de los experimentos que promueven lo que el papa Francisco llama “la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (EG, 55). En esa línea, resulta provechoso poner en tensión una de los puntos más objetados por la crítica del film: parecería que la responsabilidad no es de un sistema que generó la debacle social y económica de la Argentina, sino de sujetos particulares que se quedan con los ahorros de otros.
  • Un abordaje más central y “apto para todo público” se da a partir del concepto de “gil”. Según la Real Academia Española, se trata de una “persona incauta”. Se abre un abanico infinito de ejemplos cotidianos en que la honestidad, la solidaridad, la confianza en la palabra y en las instituciones, las utopías compartidas y los proyectos colectivos pueden ser comprendidos culturalmente como propios de giles, de “buenudos”, de ingenuos o de perdedores. No está de más analizar a partir de las escenas y los personajes cómo la trampa y el engaño, la evasión, el emprendimiento individualista o el aprovechamiento del más débil son apreciados como “viveza criolla” o meras habilidades que la sociedad —o al menos una parte— festeja y admira…

En definitiva, Borensztein logra delinear un retrato bastante acertado de nuestra sociedad, combinado con una reflexión de ciertos comportamientos humanos en una producción que, sin duda, se perfila en la lista de las mejores películas argentinas de este difícil 2019. •

 

Por Andrés Wolff • redaccion@boletinsalesiano.com.ar

BOLETÍN SALESIANO – OCTUBRE 2019

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