De campesino a obrero, de aprendiz a maestro

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Don Bosco aprendió trabajando

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En las Memorias del Oratorio, Don Bosco disfruta de narrar distintos episodios de su infancia y adolescencia que permiten conocer la cultura campesina y familiar en la que dio sus primeros pasos. Allí también se puede observar el paso hacia una cultura más urbana, obrera y anónima, que resulta del proceso de industrialización y migración a las ciudades propio de la segunda mitad del siglo XIX.

Pastorear rebaños, labrar la tierra, podar las parras, segar los cereales, recoger y formar fardos, limpiar el trigo y otros trabajos similares y compatibles con sus fuerzas forjaron el carácter y la personalidad de Juan Bosco, incluso desde pequeño en el seno de su familia.

Trabajar para estudiar

La difícil situación que se plantea en su hogar, debido a que su hermano Antonio no entiende su deseo de estudiar, empujan ya de chico a Juan Bosco a migrar y buscar trabajo afuera. En la casa de la familia Moglia desarrollará y profundizará muchas de esas tareas. En ese momento solo tenía doce años, pero su corta edad no le impidió ejercer de criado y mozo de cuadra. Entre sus tareas estaban mantener el establo limpio y encargarse de lo que animales tuviesen agua, comida y pasto; también realizaba pequeños trabajos en la granja.

La amplia experiencia laboral de Don Bosco formará su carácter y le permitirá entender rápidamente las necesidades de los jóvenes migrantes.

Después de casi dos años Juan volverá a su casa en I Becchi, pero la relación con su hermano Antonio está lejos de solucionarse. La aparición en su vida del sacerdote Juan Calosso le permitirá estudiar y avanzar en la vida espiritual. La muerte de este “verdadero amigo del alma” será una tragedia para Juan y tirará por la borda sus posibilidades de adelantar en los estudios.

En ese contexto, mamá Margarita comprende que sólo la división de bienes dejados por Francisco Luis Bosco a sus tres hijos brindará a la familia la libertad necesaria para que Antonio pueda iniciar su vida familiar, José pueda abrirse paso a través de su trabajo y Juan realice su sueño de estudiar en la ciudad.

En 1830, Margarita finalmente divide los bienes y deja la casita de I Becchi a Antonio, que contrae matrimonio. Ella por su parte se marcha para trabajar junto a José en la hacienda de Susambrino. Juan, que continúa con su intención de estudiar, marcha a Castelnuovo, y en el curso lectivo 1830-1831 se alojará en el domicilio del señor Roberto, músico y sastre. Allí aprenderá a tocar el clavicordio y el órgano, a coser y a cortar trajes. Más adelante, y previa consulta a mamá Margarita, comenzó a emplear unas horas al día como aprendiz de herrero con el señor Evasio Savio.

A mediados de 1831, terminados los estudios elementales, Juan se traslada a Chieri y se instala como residente en la casa de Lucia Pianta. Durante el ciclo lectivo 1832-1833, Juan Bosco da lecciones a Juan Bautista, hijo de la dueña de casa, a cambio de alojamiento y comida.

Abrirse paso

El siguiente año escolar fue de privaciones. Juan durmió durante un tiempo en el establo del señor Miguel Cavallo, a cambio de cuidar el caballo y realizar algún trabajo en su viña. Necesitaba dinero para proveerse de libros de estudio indispensables y para costearse la pensión. También por aquellos años tomó un trabajo de camarero a tiempo parcial en la taberna del señor Juan Pianta, hermano de Lucia. Como pago, le otorgaron un sitio para dormir, literalmente, “un hueco en la pared”. Al ver la destreza de su empleado, el señor Pianta le ofreció trabajo permanente como pastelero, pero Juan lo rechazó y se quedó entonces sin lugar donde vivir. Finalmente, en noviembre de 1834  encuentra alojamiento en casa del sastre Tomás Cumino.

Es así que Juan Bosco aprende los más diversos oficios y aún cuando no sea experto este aprendizaje lo convertirá en un joven práctico y con cualidades para abrirse paso en la vida.

Un sacerdote diferente

Las experiencias de su adolescencia, en especial los cinco años transcurridos en la ciudad de Chieri antes de su ingreso al seminario, serán fundamentales en la formación del corazón pastoral de Don Bosco. Tal es así que cuando entre en contacto con los adolescentes y jóvenes albañiles, deshollinadores y aprendices que vagan por calles y mercados, entenderá rápidamente sus necesidades y búsquedas. Su mirada no será la del sacerdote tradicional, más interesado en lo litúrgico o en la estricta catequesis. Su experiencia de mozo de cuadra en el campo y de aprendiz de diversos oficios en la ciudad le permitirá descubrir la riqueza de acompañar estas vivencias complejas de los jóvenes migrantes del campo a la ciudad y a partir de ello les propondrá espacios de aprendizaje, entretenimiento, cobijo familiar y encuentro con Dios.

Por eso para el carisma y la misión salesiana los espacios de formación profesional, los talleres y los aprendizajes de artes y oficios se convierten en lugares privilegiados para el encuentro y el acompañamiento de los jóvenes. Allí el educador salesiano sigue aprendiendo y cultivando el arte de escuchar y acompañar. Allí los jóvenes son a la vez aprendices y maestros que nos enseñan y acompañan.

Por Alejandro León, sdb aleon@donbosco.org.ar

BOLETIN SALESIANO – JULIO 2018

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