Volvió a sonar el centenario órgano de Rodeo del Medio

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Detrás de los tubos de la fachada, el órgano del Santuario María Auxiliadora tiene unos 1.200 más, de diversos tamaños, confeccionados en madera y metal. Desde debajo de la consola -donde se encuentran los dos teclados, la pedalera y las teclas de registro- surgen unos 500 cañitos de plomo que conducen el aire por varios metros hasta esos tubos.

Visto en reparación, el instrumento parece una maraña metálica, pero cuando el organista muestra cómo funciona, el aire se convierte en música que llena el templo.

Jorge Franco y Enrique Rimoldi son los especialistas de Buenos Aires a cargo de la tarea de restauración del instrumento, que fue ensamblado en el santuario de Rodeo del Medio en 1909.

Las partes fueron adquiridas, como varios otros órganos tubulares neumáticos que hay en el país, en la fábrica alemana Rudolph Ibach. Desde entonces se lo ha mantenido. De hecho, la última reparación se realizó en 2004 y seguía siendo utilizado para las bodas, pero necesitaba una recuperación integral.

Para encarar la reparación Laura Perigrinelli contó que plantearon a los habitantes de Rodeo del Medio que necesitaban 1.214 amigos que colaboraran con 50 pesos, para poder restaurar los 1.214 tubos del órgano; lograron el objetivo.

Franco y Rimoldi resaltaron el valor litúrgico, artístico y patrimonial del instrumento, que es único en el país. Esto, porque si bien hay muchos similares, el diseño específico de cada uno se ajusta a las características de la iglesia en la que fue instalado.

Enrique Rimoldi, músico profesional, docente y organista de la Catedral de Buenos Aires, señala que en muchos órganos los tubos frontales o de fachada son un mero adorno.

En el caso del de Rodeo del Medio, los del arco central y de la izquierda emiten sonido, mientras los de la derecha no. Se denominan principales o primordiales, ya que la música se proyecta directamente sobre la gente. Estos son metálicos, hechos con una aleación de estaño y plomo. Pero ocultos a la vista del público hay otros de madera de abeto, roble y haya.

Rimoldi plantea que algunos tubos de madera están confeccionados a partir de un tronco completo de abeto y que su sonoridad es equivalente a la del contrabajo de una orquesta.

Otra particularidad del instrumento es que el intérprete debe leer tres pentagramas al mismo tiempo para los dos teclados y la pedalera, por lo que a los conocimientos de piano debe sumar una especialización.

La restauración 
Jorge Franco, técnico en pianos acústicos y armonio-tradicionales, explica que lo que hicieron fue llevar el órgano a su situación original, remplazando algunas partes por otras que confeccionaron en Buenos Aires (o encargaron a una fábrica de repuestos alemana), pero respetando el diseño y los materiales de 1909.

Es que una ley internacional fija que todos los instrumentos construidos antes de 1950 son históricos y hay que preservarlos en su situación originaria.

Los restauradores se abocaron durante una semana a la parte funcional: desarmaron el mecanismo, lo limpiaron y remplazaron unas membranas que forman parte del sistema neumático. Es que todo funciona a partir de aire almacenado en unos fuelles, que va viajando a presión por unas finas tuberías de plomo hasta llegar a las válvulas de los tubos.

La semana siguiente se dedicaron a la regulación y afinación. Mientras uno presiona una tecla desde la consola, el otro, que está en el interior del mueble de roble macizo, va ajustando los tubos hasta lograr que la presión de aire sea la que corresponde y el sonido, el preciso.

Los especialistas detallaron que el instrumento del Santuario de María Auxiliadora estaba en buenas condiciones y que les sorprendió no encontrar ni siquiera un agujero de polilla en la madera, a lo que estiman ha contribuido el clima seco.

En cambio, debieron ajustar bastante la consola, algo que puede haberse debido al movimiento del suelo, en particular a los sismos, y resaltaron que un milímetro de cambio de posición de un elemento puede ser muy significativo.

Cuando se les pregunta por qué eligieron dedicarse a esa tarea artesanal, minuciosa, que entraña ver de qué manera llegan a la instancia en que el instrumento “ya es de ellos”, es decir, cede y empieza a funcionar bien, Franco y Rimoldi comentan con una sonrisa que ni ellos mismos lo saben.

Aunque la respuesta tal vez esté en su mirada, que se ilumina cuando el sonido del órgano tubular conmueve al público que lo oye por primera vez luego de mucho tiempo.

 

Fuente: www.losandes.com.ar

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