Es la música que corre en nuestras venas

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“La música es una cosa amplia, sin límites, sin fronteras, sin banderas”: así definió el músico argentino León Gieco a este maravilloso arte que despierta todos los sentidos, que nos alegra, nos entristece, nos transporta, nos emociona, nos hace reflexionar, bailar y cantar.

Desde quienes la crean o interpretan hasta quienes la escuchan, la música es sinónimo de expresión y es una constante generadora de vínculos. Es un fenómeno que traspasa todas las fronteras, que invita a descubrir otras culturas y otros idiomas: la música continúa siendo hoy el verdadero lenguaje universal. La música expresa lo que el cuerpo y el alma quieren decir.

“Me entiende y me hago entender”

Ahora bien, ¿qué les sucede a los jóvenes con la música? “Es un motor para mi vida” (Francisco, 16); “me hace sentir libre, es buena energía, entiende lo que siento” (Sol, 16); “es una manera de comunicarme y entenderme con el otro” (Guido, 15), “me tranquiliza en momentos tensos” (Marisol, 14). Muchas de las características señaladas se potencian, y así como ocurre con el lenguaje o la vestimenta, la música es para los jóvenes parte de su identidad. Es quizás una de las maneras más influyentes que tienen de entender el mundo, de vivirlo, de identificarse y diferenciarse.

Es quizás una de las maneras más influyentes que tienen de entender el mundo, de vivirlo, de identificarse y diferenciarse.

Como toda expresión artística, brinda la posibilidad de poder decir, sentir, expresar y compartir. “Para un joven conflictuado por el ‘deber ser’, por el pertenecer, por sus inseguridades, por la relación con su familia, o mismo sin ella; por sus pares, por la sociedad que les marca un camino de éxito que es inasequible para ellos; la música en ese marco es muchas veces una contención. Dicté clases en zonas de gente con muchos recursos y en zonas híper postergadas, y en ambos lugares encontré en los jóvenes y adolescentes la misma avidez por el vínculo afectivo con alguien que les prestara atención, los comprendiera o escuchara”, cuenta Brian Majlin, periodista y profesor de historia y comunicación social.

Chicos y chicas se definen a partir de las bandas o cantantes que siguen: la música pasa a ser una referencia y parece ser un refugio igualador que les permite no sólo sentir que alguien en el mundo los entiende o “siente lo mismo”.

Estilo libre

Las preferencias musicales son de lo más diversas y heterogéneas. No por ser adolescentes o jóvenes escuchan sólo rock o música electrónica. Si bien puede haber muchos que estén pendientes de los top de las radios FM, no todos se identifican con aquello que las grandes cadenas ordenan. Más aún, la música no pocas veces actúa como intérprete de rebeldías que surgen durante esta etapa de la vida.

Es así como no todo se agota en un estilo, sino que podemos encontrar pop, cumbia, reggaetón, folklore y cantantes melódicos, entre otras opciones. Dentro de lo importado, bandas metaleras como Limp Bizkit y Dream Theater hasta el pop de Primus, Foo Fighters o los clásicos Rolling Stones, The Beatles, Pink Floyd, Coldplay, Radiohead. Los más chicos, muchos preadolescentes, también gustan de One Direction o el muy mediático Justin Bieber.

Pero es el rock nacional, más o menos sinfónico, más o menos pesado, quien sigue estando en la preferencia de una gran mayoría. Ya no asombra cómo año a año crece el número de fanáticos que siguen al “Indio” Solari, quien en el último mes de abril reunió a ciento ochenta mil jóvenes —seguramente algunos no tanto— en el recital que brindó en la ciudad de Gualeguaychú. Y no sólo el ex líder de los Redonditos de Ricota acapara el gusto de los chicos y las chicas de Argentina. Siempre están vigentes Los Piojos —que hoy Ciro Martínez continúa su estilo—, Soda Stereo  y los más históricos Charly García, León Gieco o Luis Alberto Spinetta, fallecido hace dos años y tan presente en los gustos juveniles como en los tiempos de Almendra o Jade. Actualmente, grupos como Pampa Yakuza o Arbolito fusionan rock y folk, mientras se entremezclan con el rock de Callejeros y La Vela Puerca, sin faltar espacio para intérpretes más melódicos, como Abel Pintos —quien en 2012 y 2013 fue el músico argentino con más ventas de CD.

“Lo hermoso es que cada vez que escuchás algo, sentís algo diferente, y nunca es igual a veces anteriores”, explica Francisco, estudiante secundario de Buenos Aires. Millones de jóvenes de todo el mundo logran conectarse a través de la música, de distintas maneras y perspectivas, con distintos gustos y preferencias, pero siempre con el mismo fin: entender, liberar y expresar los sentimientos y las pasiones de la plena juventud.

 

Por Analía Anchel

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