Una vida entregada al servicio de los más necesitados

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«Esto no comenzó con un proyecto determinado, vinos a tomar mate con la gente, pero al mismo tiempo a animar los sueños de los que estaban acá y de los que venían de afuera». Así trataba de explicarle el Padre Montaldo al Boletín Salesiano como había surgido la obra que él, junto a otros, habían emprendido en el barrio de Ludueña. Escuelas, comedores, orquestas, espacios recreativos, toda una serie de instituciones que el sacerdote salesiano había puesto de pie a partir de un intenso trabajo en red.

Hoy, el barrio de Ludueña, llorá la partida del que fuera uno de los más importantes referentes pastorales y sociales, quien falleció ayer 25 de diciembre a los 85 años de edad.

Para los que alguna vez recorrieron o conocen la obra que los salesianos atienden en Ludueña, parece difícil creer que todo ello haya surgido compartiendo unos mates con los vecinos. Sin embargo la credibilidad del Padre Montaldo, hace imposible desconfiar de él.

Esta sacerdote salesiano, que ingresó por primera vez a un colegio de Don Bosco cuando era apenas un niño de primaria, eligió quedarse para siempre con el santo de los jóvenes. «Si yo me hice salesiano era precisamente por esa característica de Don Bosco, de poner su mirada en los jóvenes más pobres, en los excluidos y en los encarcelados.  Como niño soñaba con eso, me fui a los 12 ó 13 años a Ramos Mejía. Era el primogénito y mi madre lo aceptó, pero le costó muchísimo», recordaba.

Allá por el 2008, cuando el Boletín Salesiano se propuso dar a conocer la obra de este salesiano, en una de las aulas de la escuela Luisa Mora del Olguín -donde hoy son velados los restos del salesiano- Ana Solaune, una de las maestras expresaba: «Si él no hubiera tomado la posta como lo hizo, con una entrega de vida total, esto no existiría. Porque él nos recibió a todos o nos fue a buscar. Sin él, la escuela de Doña Luisa no hubiera podido seguir funcionando. Con esta generosidad que lo caracteriza y con el apoyo de la obra salesiana la escuela empezó a crecer de a poquito. Con rifas que él realizó y con otros aportes de algunas instituciones…”

«Todo el barrio conoce al padre Edgardo. Desde que llegó se quedó no sólo para brindar alimentos a los que menos tienen sino para ser una presencia de fe y esperanza en Jesús, un Jesús que él reconoce en los más pobres y en los que más dificultades tienen. Su vida, como la de muchos por Barrio Ludueña, es la opción por Jesús y por la gente»; así sintetizaba el Boletín por aquellos años la figura de este salesiano. Hoy a los 85 años de su nacimiento y luego de más de 50 de trabajo pastoral el sentimiento que atraviesa las calles de Ludueña es ambiguo. El fallecimiento del padre Montaldo dejará un dolor difícil de superar, sobre todo para quienes trabajaron codo a codo con él, para los niños y jóvenes destinatarios de cada una de sus iniciativas. Pero al mismo tiempo en Ludueña -su barrio y lugar en el mundo- saben que el padre Montaldo, como buen educador salesiano, supo contagiar en sus seguidores el mismo espíritu que él demostraba a cada paso. Eso es garantía de que su trabajo continuará por muchos años más.

 

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