Una mirada pastoral sobre el Mundial de Fútbol

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ediciones_77Cuando mires los partidos del Mundial, podés hacerlo con ojos salesianos: ojos jóvenes que miran bien a los jóvenes. Nos basta que sean jóvenes para que los queramos —…a todos, ¡sin excepción!
Porque esos que ves en la cancha son jóvenes. Fueron chicos y adolescentes, con papás y mamás, maestros y maestras, y, a veces, catequistas y sacerdotes amigos. Parecidos a nuestros destinatarios. Y ahora son jóvenes, forman familias… y son también vulnerables, manipulables por corporaciones que a veces los usan. Llegaron a primera gracias a gente buena y capaz que los guió, y aprecian encontrar gente de fe que los acompañe. Muchos provienen de los márgenes de las ciudades, y de las orillas del mundo.
Miralos con respeto y empatía. La tele los mostrará como semidioses; pero son sólo muchachos. Viven bajo intensa presión. Necesitan amigos y, muchas veces, consejeros. Sólo una élite muy pequeña llega a ganar —por pocos años— verdaderas fortunas, y muchas veces no está preparada culturalmente para eso. Necesitaría de buenos “Don Boscos” orientándolos, para multiplicar su bendición material hacia el bien, y así volverse como el Pupi Zanetti: promotores de acciones para los chicos más pobres.
Ni qué hablar de los jugadores “de medio pelo”, los del ascenso del club de tu zona: ganan muchísimo menos. Por eso, miralos sin distancia ni miedo, y sé su amigo cuando vengan a inscribir su nena a la comunión, o a su nene al jardín. No los trates como personajes, sino como jóvenes.

Cuando mires los partidos del Mundial, déjate asombrar por esta constatación: el futbol es una pasión, la más inmensa pasión global. Y sólo las grandes pasiones transforman la realidad.  ¿Puede la Iglesia desaprovechar semejante fuerza de vida? Jamás.
El gesto de Francisco levantando una camiseta de futbol no es sólo simpático, sino profético: es un lenguaje universal de pasión compartida. Ni la paloma blanca, ni los cascos azules de la ONU, ni el signo de la paz hippie estilo Lennon son más poderosos hoy que Francisco alzando una remera de futbol: todos, en cada continente, entienden eso. Comprenden que —como los griegos en sus treguas olímpicas— todos podemos encontrarnos: hay un lugar donde disfrutar juntos de lo que nos apasiona; allí donde el rico europeo no es más que el pobre africano: ¡Una cancha!
Igualitarismo extremo: el garoto de la favela gambetea al bávaro o al yanqui, y todos felices. Pasión que permite a cada chico del mundo, y sobre todo a los que peor la pasan, intuir que ellos también pueden salir airosos en el partido de la vida.
¡Y en cada barriada sencilla, esa ilusión es la que el futbol reenciende! ¿Y empatizar con esa pasión, transformando baldíos en canchitas, no fue siempre un arte oratoriano, de ADN salesiano?
Por eso, este bendito Bergoglio habla con las masas del mundo el idioma sonriente del fútbol.
Allí hay una frontera: decenas de miles de pibes en todo el país… ¡No despreciemos lo que Francisco no desprecia!

Cuando mires los partidos del Mundial, habrá alguien a tu lado que diga: “¡Qué lástima que todo esté corrompido por el dinero y sea puro negocio!”. Ahí deberán a empezar a actuar tus anticuerpos salesianos, capaces de ver lo bueno en el fondo de lo turbio.
Pues el Mundial —como el Día de la Madre— viste de “puro negocio”, y claro que puede corromper, a lo que en realidad tiene como centro algo perfectamente válido, celebrable y asumible por nosotros: ¡el fútbol!
El fútbol como excelente deporte, fiesta, juego, prevención, sanación, encuentro, clave de la vida de una barriada, organizador de la amistad adolescente, articulador de la personalidad, salida de la nada, escuela de vida, disciplina, aprendizaje, salud, camino de conducta, profesión…
¡Tantos chicos adolescentes se tatúan: “yo amo el fútbol”! Y cuántas frases así en estos años me han pedido: “Dame una frase para tatuarme que nombre a Dios, a mi familia, y al fútbol”.
Porque a millones de chicos en el mundo, el futbol “les ha salvado la vida”: es sagrado. Y los sigue “rescatando”. Por eso compartimos su regocijo ante el Mundial… ¿O acaso nuestro padre no nos enseñó a amar las cosas legítimas que los jóvenes aman? El deporte que los apasiona y los saca del ocio y los vuelve soñadores, atletas y compañeros, no es algo como para despreciarles. Ya les ayudaremos después a poner fuerza en otras tareas menos gustosas.
El Mundial es la celebración máxima de algo que los jóvenes no viven como espectadores, sino habitualmente como celebradores. Ellos contienen el aliento y se conmueven hasta el éxtasis. Es una especie de cónclave de los “cracks-cardenales” en el “Maracaná-Vaticano”.
(Reconozco aquí mi pregunta permanente por lo que sienten las chicas; en otros países, el fútbol es tan femenino como masculino; en Argentina mucho camino toca recorrer aún y falta hallar, con ellas y para ellas, espacios festivos y deportivos con cotas tan altas de vivencia y compromiso personal, grupal y social, como es el fútbol para los muchachos).
Entonces: sí que es meganegocio, pero es mucho más que eso. El Mundial es uno de los rostros de la humanidad plural, en paz, celebrándose. Y todo, y sólo, gracias al fútbol.

Cuando mires los partidos del Mundial, hacé memoria del padre Lorenzo Massa. En 2015 festejamos cien años de su “otro” invento, los exploradores —junto al padre José Vespignani. ¿Será que Lorenzo tenía una sintonía fina para crear espacios novedosos y proféticos de vida joven y contención “extra aula”?
El padre Massa funda en 1908 el club San Lorenzo de Almagro. Su genialidad fue ver las energías de un grupo de muchachos de la zona: Lorenzo no se encerraba “con los de su casa”, y punto. Atendió a unos muchachos “extra-casa salesiana”; y no les exigió entrar a un grupo existente, sino que los acompañó, “evangelizando y guiando formativamente la propia idea de ese grupo, de formar un club”.
Lorenzo los hizo “ser ellos” dándoles la imprescindible guía. Salió hacia el mundo del fútbol. No salió como capellán a bendecir institucionalmente lo que “ya” existía, sino a acompañar con humildad la gestación de un espacio novedoso donde los jóvenes eran protagonistas sociales desde el deporte.
Por eso fue un genio, adelantado cien años, que merecería más atención si queremos ser pioneros de nuevas fronteras en lo juvenil y lo deportivo. Pues la orientación de Francisco es ésa: no ser centrípetos, sino salir, ir, ser gente de éxodo, des-colocarnos… no “pasteurizarlo todo para que entre en nuestros esquemas”, sino animarnos a visitar esquemas, o aún más, acompañar “no-esquemas” ajenos. Y confiar en que nuestra presencia es fecunda pues llevamos, por Don Bosco, un ADN extraordinariamente provocativo.

Cuando mires el Mundial, se estará desarrollando a la vez un “Mundial de favelas y barrios”.Lo logró promover, convenciendo a empresas para que lo patrocinen, un laico responsable del área de Compromiso Social de una gran empresa.
El vio —colaborando en la visita a pensiones de clubes— cómo los jugadores son los “héroes contemporáneos” de los chicos, quienes viéndose en el espejo de los futbolistas, dejan vicios, adquieren hábitos, sueños, disciplina, consignas.
Se trata de valores. Y de hacer circular a través del fútbol un círculo virtuoso. Un modelo de hombre: un guerrero en cuerpo, alma y mente. Así vale la pena vivir, estudiar, vacunarse, respetarse, no drogarse. Y los jugadores van gustosos al barrio o pensión donde se les pide que den su testimonio de vida sana.
Toda esta movida está pasando en villas y barrios, a la vez que los torneos que ves por tele.El fútbol puede ser un círculo virtuoso despertador de vidas.

Por eso: Vos, tu comunidad, como ese laico, pueden movilizar fuerzas.
Ponerse en red con jugadores y clubes de tu zona. Alentar a tus deportistas… y mucho más.Así, como el paulatino cambio de nombre del grupo de Lorenzo Massa tan bien lo grafica, los salesianos seguiremos logrando que el fútbol cambie a los pibes… de agitados y sin rumbo “Forzosos” —de Almagro—  en duraderos y fecundos “Gauchitos” —de Boedo.
¡Para todo esto, vale la pena que “te cargues las pilas” con el Mundial!

Por Eduardo Meana • emeana@donbosco.org.ar
  Salesiano sacerdote, desde 1986 acompañó pastoralmente futbolistas; desde 2004, en la formación de futbolistas en clubes de primera y del ascenso:  planteles de inferiores y jugadores profesionales.

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