“Me quedo con Don Bosco”

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La frase de Juan Cagliero permite profundizar sobre uno de los desafíos que el Rector Mayor propone trabajar los próximos años: la identidad salesiana.

Primera expedición misionera salesiana. Juan Cagliero sentado a la izquierda, junto a Don Bosco.

Por Luis Timossi, sdb // redaccion@boletinsalesiano.com.ar

El año pasado el Capítulo General XXVIII, reeligió como Rector Mayor a Don Ángel Fernández Artime quien como síntesis de lo trabajado durante esos días presentó su “Plan para el sexenio”. El texto ofrece ocho ejes que guiarán la propuesta salesiana durante los próximos seis años.  

Al respecto el salesiano Luis Timossi -integrante del Centro Salesiano de Formación Permanente América- ofrece en estas líneas una interpretación y profundización de ese documento, que será central en la vida de la Familia Salesiana.

La identidad carismática

“Fraile o no fraile yo me quedó con Don Bosco”. Esta simpática y fascinante reacción corresponde a Juan Clagliero, quien tal vez sea el discípulo más temperamental de nuestro padre y expresa una verdad que hoy el Rector Mayor don Ángel Fernández Artime, nos propone como primera prioridad para avizorar salesianamente este sexenio: la identidad carismática.

El carisma es como un prisma que revela la riqueza de colores que contiene el haz de luz que lo atraviesa. El amor de Dios, Jesús y su Evangelio, al pasar por el corazón de Don Bosco, se reflejan con facetas deslumbrantes y rasgos inconfundibles. Descubren lo más profundo y hermoso de su persona: su identidad.

Quedarse con Don Bosco significa haber sido tocados en el corazón, por la belleza de su carisma; quedar fascinados y movidos a hacer de ese modo de vivir, el estilo inspirador de nuestras propias vidas.

Cuando digo quedarme con Don Bosco, manifiesto un principio unificador de mi vida y una pertenencia: soy como él y soy de él.

Cuando digo quedarme con Don Bosco, manifiesto un principio unificador de mi vida y una pertenencia: soy como él y soy de él. Asumo sus rasgos de identidad carismática como los genes espirituales y como los latidos del corazón que impulsan mi acción educativa – pastoral. 

Creo que esto constituye la esencia de mi filiación espiritual: me siento hijo de este padre que es Don Bosco. Y experimento el carisma como la fuente de mi fraternidad: me hace familia, hermano en la vivencia de su, y a la vez nuestro, carisma salesiano: la Familia Salesiana.

Rasgos esenciales

Cuando contemplo la mirada de Don Bosco, veo brillar en sus ojos, como en el centelleo de las facetas de un diamante, cinco reflejos de su corazón. Cinco rasgos esenciales que componen la armonía de su carisma como discípulo del Señor. Estas facciones de su rostro conforman el espejo en el que contemplo mi imagen de hijo y de hija: 

La predilección por los pequeños y los pobres que conforma el campo donde trabajar.
La paternidad de Dios que constituye la raíz misma de un modo de amar paterno-materno.
La imagen del Buen Pastor que delinea el estilo del amor manso, tierno, dispuesto a dar la vida.
El celo apostólico por la urgencia del Reino que encausa todas las energías en esta misión.
La unidad de la comunión fraterna que lleva a una opción comunitaria y a un estilo familiar de vida y acción.

Un regalo de Dios

Este modo de tener a Jesús en el centro de la vida, de asumir y vivir su mandamiento del amor, de encarnar en lo cotidiano de la existencia esa gracia de unidad que une cielo y tierra, propios de Don Bosco, son para nosotros puro don, genial regalo de Dios, y hacen nacer desde lo más profundo, un único sentimiento: ¡Gracias!

Pero también nos movilizan a un compromiso de aceptación, reconocimiento, profundización, conformación y actualización. El carisma es un potente principio dinamizador. Es el mismo Espíritu Santo quien nos ilumina, en el día a día.Concluyo con las palabras de don Ángel: “Este sexenio deberá distinguirse por un profundo trabajo de crecer en profundidad carismática, en identidad salesiana, en todas las etapas de la vida, con un serio empeño en cada Inspectoría, y en cada comunidad, hasta poder decir como Don Bosco: ‘He prometido a Dios que hasta mi último suspiro sería para mis queridos jóvenes pobres’”.

BOLETIN SALESIANO – FEBRERO 2021

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