Cuando los estudiantes dieron cátedra

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Cien años de la Reforma Universitaria argentina

En 1916 el pueblo argentino elige por primera vez a su Presidente a partir del  voto secreto, libre, obligatorio: sin embargo, dos años después un ámbito central en la vida de la sociedad, como son las universidades, continuaba anclado en el pasado.
En 2018 se cumple el centenario de la Reforma Universitaria, un hecho de inesperado protagonismo juvenil destinado a tener un profundo impacto en la Argentina de aquellos años y también en otras naciones en los años por venir.

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Una de las imágenes más emblemáticas de esos días: los estudiantes sobre el techo del antiguo rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba.

¿Qué pedían los jóvenes?

Algunas de las principales exigencias de aquellos jóvenes —en tiempos en que la adolescencia y la juventud aún no estaban tan reconocidas como franja etaria— eran la capacidad de las universidades de gobernarse a sí mismas, sin presiones religiosas, ideológicas ni políticas, y con presupuesto propio; el cogobierno de docentes, graduados y estudiantes, en una clara institucionalización de la democracia universitaria; la designación por concurso de los profesores al frente de cátedras de renovación periódica. También la libertad tanto para postularse a esos cargos como para enseñar e investigar, asegurando que haya más de una cátedra para poder optar entre ellas.

Otras demandas eran la conexión entre la docencia y la investigación, para que el desarrollo de un programa científico y filosófico permita generar conocimiento original; la orientación de las opciones institucionales al bien común y el conjunto de la sociedad; la extensión universitaria, que pone a la institución al servicio de la comunidad más allá de las actividades académicas habituales. Y finalmente, la gratuidad y la ampliación de las posibilidades de acceso a la vida universitaria; la comunicación y el trabajo en conjunto entre los estudiantes y la clase obrera y la interrelación con universidades del exterior, especialmente de América Latina.

Desde Córdoba a todo el continente

En ese contexto, si bien ya había reclamos similares en otras universidades, es en la Universidad Nacional de Córdoba donde surgió el movimiento que se constituiría en el principal impulsor de la “Reforma”. El 15 de junio de 1918, cuando estaba por elegirse un rector que mantendría la situación sin cambios, los alumnos interrumpieron la designación y declararon una “huelga de estudiantes”, impulsando su ideario. Fueron meses vividos con tensión y conflicto, en los que no faltaron la intervención militar y la represión, las concesiones y las negociaciones.

Llama la atención la actualidad de las consignas reivindicadas por los estudiantes reformistas.

En ese sentido, es iluminador repasar el Manifiesto Liminar del 21 de junio de 1918, redactado por Deodoro Roca, joven graduado de 28 años y uno de los líderes de ese movimiento: “(…) La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”.

Algunas de las consignas reclamadas pudieron alcanzarse con relativo éxito; otras todavía pueden realizarse mejor. Sin embargo, es de destacar la repercusión que tuvo el movimiento reformista en aquel entonces, extendiéndose rápidamente a otras provincias, e incluso a otros países, así como las consecuencias que tuvo en el tiempo. Pensemos en la activa participación social que supieron tener los estudiantes en el Mayo Francés —del que se cumplen cincuenta años—, la represión por parte de la dictadura de Onganía a los universitarios en la triste “noche de los bastones largos”; la persecución, desaparición y asesinato de estudiantes en los setenta, siendo la “noche de los lápices” uno de sus episodios más emblemáticos. Incluso llama la atención la actualidad que presentan aún hoy en día las consignas reivindicadas por aquellos estudiantes reformistas.

Un derecho que da frutos

En tiempos en que algunos dirigentes se animan a cuestionar los beneficios que tiene un extenso tendido articulado de actividad universitaria, presente en todas las provincias y las principales áreas urbanas, es conveniente tener presente algunos de los frutos de nuestras apreciadas universidades públicas: en la Universidad de Buenos Aires se graduaron cuatro premios Nobel, y uno más en La Plata. Asimismo, de 1983 a la fecha, surgieron un Presidente de la República de las aulas de Buenos Aires, otros dos de Córdoba y dos más de La Plata.

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A su lado, un facsímil de la Gaceta Universitaria del 21 de junio de 1918, donde se publicó el Manifiesto de los estudiantes reformistas.

Es desafiante y complejo compatibilizar la democracia en la toma de decisiones, la inventiva y la iniciativa en la investigación, la subordinación al espíritu científico en la búsqueda de la verdad y el conocimiento, por poner algunos ejemplos. Sabiendo de estas dificultades y las resistencias que hubo que vencer en su momento, es necesario que la sociedad vuelva a valorar el enorme potencial que representan sus universidades: desde los protagonistas principales, los estudiantes, aprovechando con seriedad la posibilidad que la sociedad les da abierta y gratuitamente, hasta los profesores, impulsando la calidad de sus clases, sus investigaciones, y sus publicaciones… pasando por los graduados, que deben honrar la educación recibida, ejerciendo sus ciencias, profesiones, oficios y artes con dignidad y responsabilidad social. •

Por Ricardo Díaz

BOLETIN SALESIANO – SEPTIEMBRE 2018

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