Más que un deja vú

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El oratorio está en vos

Sé que de alguna manera,
y pese al tiempo y a la espera,
nos conocimos y me invitaste a jugar con vos.
Sé que en alguna esquina,
donde desahogamos siempre la vida,
nos encontraste y nos invitaste a estar con vos.

Nadie nos había escuchado,
así de atento y desde adentro.
¡De a poco te compartimos el corazón!

No lo busques en un lugar,
si no donde ellos están,
porque “el oratorio está en vos”.
Y aunque no se puso a pensar,
latía en su corazón,
Don Bosco también me soñó.

Donde habitaba mi herida,
cosechaste semillas de vida.
Porque creíste en Jesús mismo,
en su compasión.
Sé que acortaste distancias,
y que vos siempre nos dabas confianza,
y tú palabra ya no era otra entre el montón.

Nadie nos había hablado
con la ternura, con el abrazo
¡De a poco fue todo a medias, todo de a dos!

No lo busques en un lugar (…)
Don Bosco también te soñó.

Sé que nos miran pensando:
“son imputables”, “están condenados”.
Pero miraste con otros ojos, con otro amor.
Sé que nos seguís llamando.
A dar la vida, a dar la mano.
A la alegría que se le planta a todo bajón.

Sé que ahora estoy con Don Bosco,
y que cada vez que más lo conozco,
las calles se vuelven patios y ahí quiero estar…

No lo busques en un lugar (…)
Don Bosco también nos soñó.

Letra: Alejandro Fernández, Marina Alcaraz, Mariano Bellusci, Clara Caruso, Juan Martín Opacak
Música: Alejandro Fernández • alebu25@gmail.com

¿Fue ayer o es hoy? ¿Es cosa del pasado o está pasando ahora mismo? ¿Cuándo sucedió esta historia? A veces se me mezclan las líneas temporales y los tiempos verbales, y me sale hablar de Don Bosco, no como un personaje del que puedo aprender leyendo, o solamente como aquel admirable innovador del que aprender un método pedagógico revolucionario. No. Me pasa que hablo de él como quien habla de una persona con la que se encuentra todos los días y que conociera de toda la vida. Y no lo digo como un juego de palabras, me sale hablar así de él… porque siento realmente que él me salió al encuentro desde muy chico. Y porque siento que cuando fui creciendo y metiéndome —sin saberlo— de cabeza en el mundo de su Oratorio las cosas de a poco iban cobrando sentido y se iban llenando de color y de vida.

Me pasa eso. Hablo de Don Bosco en un presente simple; veo por ahí a un animador charlando con ese pibe que menos “pintaba” por el patio al comienzo y digo “qué grande Don Bosco”;  o me entero visitando algún lugar que los salesianos de ahí están donde los más pobres y digo: “Por acá anda Juan”.

Siento, y se me atropellan las palabras, que el viejo Bosco está por ahí mirando, metiéndose, “patiando”; entre los pelotazos, en las conversaciones y sus silencios… sin quedarse quieto, y así empujando de a poco la vida y las opciones, para que sigamos jugándonos por aquél hermoso sueño que él tuvo de un mundo con pibes creciendo queridos, cuidados, acompañados… en especial aquellos que hoy están en la situación opuesta.

Siento que nunca nos dejó, y que por eso le dijo aquella frase a Miguel Rúa: “el oratorio está en vos”. Porque no necesitamos más que nuestra propia vida para construir ese oratorio, su versión del Reino de Dios. Allí Dios nos regala el encuentro con los pibes y pibas más empobrecidos, y en ellos el encuentro con Jesús. Si nos animamos a estar abiertos a ese encuentro en cada lugar donde estemos, hay Oratorio… y eso ya latía en su corazón: Don Bosco también nos soñó.

Para rezar y pensar la canción…

  • ¿Qué encuentros te hacen sentir presente a Don Bosco hoy mismo en tu vida? ¿Cuáles son esas “calles” que hoy ves que necesitan convertirse en verdaderos “patios”?
  • ¿Quiénes son los pibes que andan necesitando que alguien los mire como miró Don Bosco? ¿Qué “miradas de la sociedad” necesitan ser “oratorianizadas”?

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