Me llamo Magdalena Martini

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Por: Ana María Fernández, fma

anamferma@gmail.com

Me llamo Magdalena. Nací en Beinasco, un pueblo del norte de Italia, en 1849. Eran tiempos difíciles. Yo era chica, pero recuerdo que se hablaba de revoluciones, de crisis económicas, de malas cosechas… La gente del campo se venía para las ciudades. 

En casa estábamos bastante bien. Papá y mamá eran gente de trabajo y de mucha fe. Realmente en casa se respiraba algo especial porque dos de mis hermanos fueron sacerdotes y mi hermana Olimpia y yo, nos sentimos llamadas a la vida religiosa. A mí me gustaba mirar el horizonte, será que de casa se veían los Alpes… y me sentí orientada a entrar en alguna orden de clausura, pero no me definía. Mi salud no era muy buena, pero me gustaban los pequeños, les daba catecismo. Y así pasaba el tiempo.

Un día del año 1874, Don Bosco, que había sido compañero de mi párroco en el seminario, vino a visitarlo y yo tuve oportunidad de conocerlo y preguntarle su opinión sobre mi vocación. “Vos no sos para la clausura y no tenés mucha salud”, me dijo enseguida, “¡andá a Mornese, allá están las Hijas de María Auxiliadora! Ahí vas a estar bien”.  Y yo fui. Ya tenía 26 años.

La madre María Mazzarello me recibió con mucho cariño, pero yo no terminaba de sentirme bien. Entonces le escribí a Don Bosco y él me contestó animándome a seguir la voz de Dios y prometiéndome su oración. Su carta me llegó al corazón, era exigente y revelaba su confianza en mí. Me decía: 

1. No se va a la gloria a costa de gran fatiga.

2. No estamos solos, pues Jesús está con nosotros y San Pablo dice que con la ayuda de Jesús nos volvemos omnipotentes.

3. Quien abandona la patria, parientes y amigos y sigue al Divino Maestro ha asegurado en el cielo un tesoro que nadie podrá arrebatarle.

4. El gran premio preparado en el cielo nos ha de animar a soportar cualquier pena sobre la tierra.

Como por encanto se fueron mis dudas y emprendí la aventura. ¡El 24 de mayo de 1876 ya era religiosa! En Mornese era feliz. Pero a mí me seguía tirando el horizonte, y Dios me dio enseguida la oportunidad: ¡sonaba la hora de América y yo me ofrecí para ir! ¡Y la Madre aceptó!

Al comenzar enero de 1879 ya estábamos partiendo. Yo me iba con alegría y con temor porque el desafío era enorme: no solo debía ser jefa de la expedición sino también la fundadora y directora de la Casa de Buenos Aires, en la Argentina y, como si esto fuera poco, ¡la primera inspectora de América!

La despedida fue difícil. Tanto la madre Mazzarello, como Don Bosco, vinieron hasta Génova y nos colmaron de cariño y bendiciones. Llegamos el 26 de enero. Nuestra casita era pobre y pequeña en las afueras de la ciudad, donde estaban ya los salesianos. Una capillita, un patio y en él un ranchito donde pasábamos casi todo el día trabajando en mil cosas y divirtiéndonos con nuestro aprendizaje del castellano. El domingo nos llenaban de alegría unas veinte oratorianas. Esa fue la primera “Casa Inspectorial” y casa de formación de América. Desde allí fundamos algunas Casas, ¡incluso a las puertas de la Patagonia!

Las fatigas fueron muchas y mi salud, siempre precaria, pero mi misión no duró mucho tiempo y Jesús estuvo siempre conmigo. En cuatro años estuve lista para el Cielo y allá me fui para recibir ese tesoro que nadie podría arrebatarme… como me había dicho Don Bosco.

Magdalena Martini nació en Beinasco, pueblo cercano a Turín, Italia, el 26 de febrero de 1849. Entró al Instituto de las Hijas de María Auxiliadora en agosto de 1875 y profesó el 24 de mayo del año siguiente. Partió hacia la Argentina en la 2ª expedición misionera. Llegó a Buenos Aires el 26 de enero de 1879 y con otras seis hermanas dio inicio a la obra del Instituto en la Argentina. Falleció en Buenos Aires el 27 de junio de 1883.

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