Los buitres van a fondo

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El 30 de julio pasado expiró el plazo para coronar una negociación de la Argentina con los fondos de inversión —los llamados “fondos buitre”— en relación al pago de 1.500 millones de dólares, según dispuso el juez del segundo distrito de Manhattan, Thomas Griesa. Por la falta de acuerdo con dichos fondos, los acreedores de la deuda reestructurada por el Estado en 2005 y 2010 no cobraron la suma que les corresponde, que Argentina ya había girado a las entidades encargadas de efectivizar tales pagos y cuya concreción detuvo el juez, como medida de precaución para que cobren los fondos beneficiados con su fallo.

Los buitres levantan vuelo

Por un lado, esto puede ser perjudicial para el país, ya que se configuró un escenario similar al de un default, sin llegar a serlo nítidamente: un default es una declaración abierta, por parte del deudor, de la imposibilidad real de cumplir con el conjunto de sus obligaciones en tiempo y forma. Cabe aclarar que la denominación que se aplique no es anecdótica: un término u otro puede provocar efectos jurídicos —y económicos— muy distintos (Zaiat, Página12, 03/08/2014). Ya hemos vivido en 2001 un default, y conocemos algunas de las duras consecuencias socioeconómicas que trajo aparejadas: desconfianza internacional hacia el país, encarecimiento del crédito, huida de los ahorros, menos inversiones.
Por otro lado, pagar sin más el fallo del juez Griesa —lo que podría hacerse sin mayores complicaciones financieras— hubiese llevado en el corto plazo a demandas similares en el orden de los 15.000 millones de dólares por parte de los otros acreedores que tampoco aceptaron el canje de la deuda: esta cifra ya es bastante más amenazante. Y en un mediano plazo, por la tan comentada cláusula RUFO —sigla en inglés de “derechos sobre ofertas futuras”, que garantiza las mejores condiciones de pago que pudieran establecerse hasta fines de 2014 a los acreedores de la deuda reestructurada—, podrían iniciarse juicios por cifras cuyas estimaciones van desde 120.000 a 500.000 millones de dólares… absolutamente impagable para un país cuyo entero PBI anual no llega a cubrir esta cifra, y cuyo Banco Central tiene reservas por “sólo” 30.000 millones de dólares.

Mientras se dirime esta controversia,
es interesante reflexionar
sobre nuestras propias “actitudes carroñeras”

¿Fondo buitre, fondo de alto riesgo?

Las palabras no son inocentes: los fondos buitres tienen como objetivo la compra de activos a precios muy bajos, decididamente viles, con una expectativa de cobranza baja. Los acreedores originales no tienen voluntad, tiempo o dinero para litigar o sostener un pleito, y venden sus derechos a estos fondos. Buscan maximizar su ganancia, especulan con distintas posibilidades, con bonos reestructurados y caídos, y al mismo tiempo litigan y se aseguran contra la adversidad. No es que sean malvados villanos: simplemente no son altruistas, no incluyen consideraciones de responsabilidad social en sus objetivos.

¿Hay vida después de los buitres?

Más allá de las preferencias u orientaciones político ideológicas, es importante que los destinos del país sean conducidos desde el propio país, sustentados en forma primaria, aunque no únicamente, en los propios recursos. Y sabemos que la Argentina —sin graves conflictos étnicos, religiosos, ni frecuentes catástrofes naturales— es un país generoso en extensión territorial, capacidad alimentaria, energética, talento humano; depende de nosotros hacerlo fructificar.
Por lo pronto, es probable que debamos transitar un escenario problemático, es verdad, aunque no sería tan traumático como el de otras crisis económicas atravesadas en nuestra historia reciente. También es probable que continúen distintas conversaciones y tratativas, y surjan novedades cuando ya no opere la cláusula RUFO, en enero de 2015, o antes.
Mientras tanto, debe continuar el trabajo del día a día, la educación de los jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos. No debe descuidarse el sentido básico de solidaridad y cohesión social como pilar para cualquier desarrollo sustentable.

La Argentina debe honrar su deuda… social”

En este sentido, es relevante no perder la sensibilidad frente a situaciones muy concretas, pequeñas o grandes. Si los vínculos financieros involucran cierta dimensión ética, ¿cuánto más los vínculos sociales y humanos?
Cito textualmente a Víctor Manuel Fernández, rector de la Universidad Católica Argentina, en la presentación del Barómetro de la Deuda Social, el 17 de julio —el informe completo puede descargarse de uca.edu.ar/uca/common/grupo81/files/UCA_ODSA_2014_Ultimo.pdf—: “Ante las circunstancias recientes de la deuda externa he escuchado a empresarios, muy preocupados por el futuro financiero del país, decir que a las deudas hay que honrarlas. Sin embargo, pocas veces he advertido la misma sentida preocupación ante la deuda que tenemos con los excluidos de la sociedad, con los descartables o sobrantes, como los llama el papa Francisco”. (EG 53)
Tampoco debe descuidarse la formación y selección de buenos líderes y dirigentes: en breve, será electo un nuevo presidente, al igual que varios importantes gobernadores e intendentes, sin contar numerosos legisladores. Será una instancia importante, promediando la segunda década del siglo XXI, luego de una extendida gestión, cargada de decisiones y polémicas.

Caranchos cancheros

Mientras se dirime esta seria controversia con los “buitres” —que trajo y traerá complicaciones a nuestra economía, se resuelva como se resuelva—, es interesante llamarnos a reflexión sobre nuestras propias “actitudes carroñeras”, emulando a nuestros criollos “caranchos”:

  • A nivel político-dirigencial, cada vez que en lugar de sumar aportes desde una intención constructiva, nos preocupamos por destruir al contendiente empresarial, sindical, partidario.
  • A nivel económico-empresarial, cada vez que reproducimos la misma conducta ya reseñada de los “buitres” en el plano local, cuando la especulación interesa más que la producción y el trabajo, cuando tomamos ventaja injusta del caído, abusando de los apuros financieros y de una relación de poder.
  • A nivel de las relaciones humanas, cada vez que reafirmamos nuestro ego a partir del maltrato a los demás, especialmente cuando advertimos situaciones de fragilidad y vulnerabilidad. Pensemos las ocasiones en que uno se siente importante por humillar a otro en condiciones de inferioridad (Lc 18, 9-14).

La conversión de las grandes estructuras político-económicas no debe ir disociada de las pequeñas conversiones en nuestro día a día. El sabernos hermanos de los demás, crecer en un sentimiento genuino de fraternidad, es un buen punto de partida para esta tarea.

 

Por Rafael Tesoro

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