Las bodas de oro de la cuna de enólogos

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El diario Los Andes dedicó su editorial del día de la fecha a homenajear a la Facultad de Enología Don Bosco, que celebra 50 años de actividad. A través de sus líneas la nota recorre la historia, destaca el aporte a la educación y desarrollo económico de la región y del país que brindó esta institución perteneciente a la Obra de Don Bosco, y finalmente dedica un grato reconocimiento al padre Francisco Oreglia, uno de los mayores impulsores de este proyecto.

A continuación la editorial publicada hoy, martes 10 de noviembre, por el diario Los Andes:

«En los últimos 25 años, el crecimiento de la industria vitivinícola ha sido exponencial. A excepción de los últimos 5, en que erróneas políticas económicas implementadas a nivel nacional han generado un profundo problema de competitividad a las economías regionales, nuestra principal industria de base agrícola ha logrado instalarse en los primeros planos de la actividad a nivel internacional.

Pero ello no surgió por la casualidad; fue el fruto de años de trabajo, de estudios, de inversiones y de hombres que dieron impulso a la vitivinicultura, en base esencialmente a priorizar la calidad por sobre la cantidad, como sucedía antes de la década de los ’90.

En ese marco de situación, hubo hombres que tuvieron una tarea fundamental para instalar a la vitivinicultura local en el lugar que se merece. En ese plano podríamos mencionar al ingeniero Alberto Alcalde y su tarea desarrollada en el INTA, quien a través de estudios de las hojas de las cepas y de los racimos determinó con claridad los cepajes cabernet, malbec y merlot, que hasta aquel entonces eran conocidos como uvas “francesas”. O lo que logró Raúl de la Mota, calificado a nivel internacional como el mejor enólogo latinoamericano del siglo XX. Dos nombres dentro de los muchos que bregaron y siguen trabajando en el afán de sostener el bien ganado prestigio de los vinos locales.

Pero también hay dos hombres que podrían ser considerados los “padres” de la industria. En primer lugar aparece el ingeniero Miguel A. Pouget, un francés que llegó a Mendoza procedente de Chile trayendo consigo los cepajes “franceses” que potenció a través de la Quinta Agronómica, que funcionaba donde actualmente se encuentra el Centro Cívico. Y aparece también el padre Francisco Oreglia, un salesiano de la obra de Don Bosco, quien impulsó la creación de la Facultad de Enología, inaugurada el 31 de octubre de 1965, aunque desde 1901 ya se educaba en esa institución en el ámbito enológico.

En estos 50 años de actividad han egresado de sus aulas 460 profesionales en enología y unos 250 bromatólogos -muchos de ellos de muy bien ganado prestigio a nivel internacional y hacedores de los mejores vinos mendocinos-, mientras ahora se ha incorporado una nueva carrera, la de sommeliers, cuyo futuro también resulta por demás interesante en la medida en que continúe creciendo la actividad turística y gastronómica, como sucede en los países más importantes que tienen su base agrícola en la vitivinicultura.

Es más, la calidad educativa de la facultad es respetada fuera del ámbito nacional, a punto tal que quien tiene a su cargo el organismo rector de la vitivinicultura en Bolivia -lo que en la Argentina vendría a ser el INV- es un egresado de la facultad de Don Bosco.

Las bodas de oro encuentran a esta facultad en pleno desarrollo, a modo de fortalecimiento de la tarea desarrollada hasta el presente. Sus directivos destacan la obra, pero principalmente la tarea del padre Oreglia, “por su capacidad de visión no solo desde lo educativo sino también desde el plano tecnológico, marcando un hito histórico desde el punto de vista cultural”, como muy bien lo resumió el actual decano de la facultad, Raúl Tornello, mientras una de sus egresadas, la enóloga Estela Jaime, destacó la función de la casa de altos estudios no sólo desde el plano vitivinícola sino también desde el ámbito de los alimentos y de la industria frutihortícola.

Vale entonces el reconocimiento a una institución que durante 50 años se convirtió en la hacedora de profesionales que permitieron a la vitivinicultura argentina instalarse, en base a calidad, entre los mejores exponentes de los vinos en el mundo. Y también para destacar la figura de un sacerdote como el padre Oreglia quien, a través de sus alumnos, impulsó el gran cambio producido en la principal industria de base agrícola de la provincia.»

Fuente: www.losandes.com.ar

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