Un lugar para volver a empezar

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El Hogar de Cristo de Casa Angelelli en La Rioja.

Por: Virginia Villarruel

salesianoslarioja@donbosco.org.ar

El Hogar de Cristo de Casa Angelelli, ubicado en la provincia de La Rioja, nace en el año 2021 como una respuesta comunitaria y reparadora frente al creciente dolor que atraviesan muchos jóvenes y familias a causa de los consumos problemáticos y otras situaciones de exclusión social. Surge desde la necesidad de salir al encuentro de quienes muchas veces quedan al margen, invisibilizados o heridos por una sociedad que suele señalar antes que abrazar.

El Hogar es, ante todo, una gran familia. Una casa abierta donde recibimos todas las vidas y cada vida tal como viene, sin condiciones, sin exigencias previas y sin juicios. Creemos profundamente en el valor sagrado de cada persona y en la dignidad de cada historia, incluso de aquellas marcadas por el sufrimiento, el abandono o el consumo. Siguiendo el Evangelio y el carisma salesiano, buscamos construir una comunidad que acompañe desde la cercanía, el amor y la esperanza.

Nuestro modo de habitar el Hogar tiene que ver con caminar junto al otro. Por eso, no trabajamos solamente sobre el consumo, sino sobre la vida entera de cada pibe y cada piba que llega. Compartimos meriendas, espacios de juego, talleres, momentos de oración, escucha y educación. Intentamos que cada encuentro sea una oportunidad para reconstruir vínculos, recuperar sueños y volver a creer que otra vida es posible.

Una comunidad que es familia

El Hogar está ubicado en la zona norte de la capital riojana, en la comunidad juvenil Wenceslao Pedernera, dentro del barrio 20 de Mayo. Desde allí, el espacio se fue convirtiendo en un punto de referencia para muchos jóvenes de distintos barrios cercanos y también de otras zonas de la provincia. Actualmente participan alrededor de treinta a cuarenta personas que asisten semanalmente al espacio, encontrando allí un lugar donde sentirse esperados, nombrados y profundamente amados.

El equipo que sostiene el Hogar está conformado por operadores de calle, una trabajadora social, una psicóloga y un sacerdote. Cada uno aporta desde su tarea y vocación, pero entendiendo siempre que nadie acompaña solo, la comunidad es el verdadero corazón del Hogar. La comunicación, el trabajo conjunto y el cuidado mutuo son fundamentales para poder abrazar integralmente a quienes llegan.

Johnatan tiene 31 años y fue invitado por un amigo poco después de la inauguración del Hogar. Desde su experiencia asegura: Me recibieron como uno más, con alegría. Pude encontrar contención, una familia”.

Cuando un pibe o una piba cruza la puerta del Hogar, no se encuentra solamente con un dispositivo de atención, se encuentra con una comunidad hecha familia, con personas dispuestas a escuchar, a compartir el mate, a sostener en las caídas y celebrar los logros cotidianos. Se encuentra con hermanos y hermanas que intentan vivir el Evangelio en lo concreto, siguiendo el ejemplo de Jesús, que siempre eligió caminar al lado de quienes más sufrían, de quienes eran excluidos o descartados.

Por su parte, Matías, quien tiene 28 años y desde hace dos años forma parte del Hogar, añade:“Fui recibido bien, no pasó una semana y nos fuimos de paseo a Talampaya. Acá encontré amigos, fe, humildad.

Volver a empezar

Creemos profundamente que nadie se salva solo. Por eso, el Hogar busca ser presencia, cercanía y abrazo. Un lugar donde los jóvenes puedan descubrir que su vida tiene valor, que son importantes para otros y que siempre hay posibilidad de volver a empezar. Muchas veces, antes que trabajar el consumo, necesitamos construir un vínculo, recuperar la confianza y devolverle a cada persona la experiencia de sentirse amada.

La fe atraviesa cada rincón del Hogar. Dios se hace presente en lo sencillo y cotidiano: en la ronda de mates, en una charla compartida, en una merienda, en un abrazo, en el acompañamiento silencioso de un momento difícil. El Evangelio aparece en cada gesto de cuidado, en la paciencia para respetar los tiempos de cada proceso, en la capacidad de seguir creyendo en el otro aun cuando todo parece derrumbarse.

Entendemos que acompañar también implica caminar junto a las familias, que muchas veces atraviesan el dolor, el cansancio y la incertidumbre frente al consumo de un ser querido. Por eso el espacio cuenta con encuentros destinados especialmente a ellas, generando momentos de escucha, contención, formación y comunidad. Buscamos que las familias también puedan sentirse acompañadas y sostenidas, entendiendo que el camino de recuperación no es individual, sino comunitario.

El Hogar de Cristo Casa Angelelli intenta ser, cada día, un signo concreto del amor de Dios en medio de tanta fragilidad. Una casa donde nadie sobra, donde cada vida importa y donde seguimos apostando, desde la esperanza, a que el amor siempre puede más.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – JUNIO 2026

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