«Aquí nos sentimos escuchadas»

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En Mendoza, mujeres con problemas de consumo encuentran un espacio de apoyo y contención.

Por Mariela Usach
mariusac80@hotmail.com

Desde el año pasado, en Rodeo del Medio, Mendoza, se encuentra funcionando el grupo “La Escucha”. Se trata de una propuesta para acompañar a mujeres en situación de consumo problemático, y también, para mujeres que conviven con personas que atraviesan esta dificultad, y se sienten sobrepasadas por las circunstancias. Tres veces por semanas doce mujeres de distintas edades se encuentran a compartir sus realidades y, principalmente, a ofrecer un oído a sus compañeras que llegan con la necesidad de ser escuchadas sin ser juzgadas.

Muchas necesidades, muchas propuestas

Unos años atrás un grupo de mujeres solía acercarse a pedir ayuda a la Capilla San José Obrero, ubicada en el barrio 25 de Mayo. Este barrio –junto a otros de la zona– es popular, de movimiento migratorio –especialmente de la comunidad boliviana–, de gran pobreza estructural y de densidad poblacional. Esto hace que en muchas ocasiones dos o tres familias vivan en una misma casa en condiciones precarias. También habitan otras familias que pudieron progresar y que se dedican a trabajar en fincas y a la construcción.

Tras la pandemia el riesgo por consumo en niños, niñas y adolescentes ha crecido notablemente, y ese es otro desafío que hoy el barrio debe enfrentar. Por estos motivos 25 de Mayo cuenta con un CIC –Centro de Integración Comunitaria–, además de una comisaría, una escuela primaria y una plaza. Y por supuesto, un lugar muy significativo para los vecinos: la Capilla “San José Obrero”. Las primeras mujeres llegaron allí pidiendo ayuda y soporte económico. Ellas expresaban sus ganas de salir adelante, pero la falta de herramientas imposibilitaba hacer realidad ese deseo.

Las mujeres expresaban sus ganas de salir adelante, pero la falta de herramientas imposibilitaba ese deseo.

Fue entonces como, tras finalizar las misas, la comunidad se quedaba conversando y pensando qué podían hacer para ayudar a estas mujeres que enfrentaban una necesidad muy común en el barrio, y para la que aún no tenían respuestas. Finalmente un día, Zulema y Silvia –catequistas y residentes del barrio– convocaron a una reunión e invitaron a todas las mujeres que quisieran formar parte de la nueva iniciativa. Así fue como surgió el grupo “La Escucha”.

Además de ser un espacio de acompañamiento, el grupo recibe charlas de un equipo interdisciplinario de la municipalidad. Las mismas buscan brindar herramientas para aprender a poner límites, para poder expresar con palabras las distintas emociones, para entender cómo funciona el círculo del consumo y para abordar temas relacionados a la violencia de género, a la violencia psicológica y a la violencia económica, ya que son problemáticas recurrentes en el barrio.

Crecer en comunidad

Una de las primeras cosas que aprenden quienes llegan al grupo, es el valor de formar parte de una comunidad. Las palabras del papa Francisco “Nadie se salva solo”, es algo que se tiene muy presente: el trabajo junto a otros es fundamental para seguir creciendo. Y por eso, existe también un gran trabajo en red junto al Oratorio Felipe Neri, donde asisten algunos niños, niñas y adolescentes, hijos e hijas de
las mujeres parte de “La escucha”.

El trabajo comunitario también se ve desplegado en otras áreas. Otro desafío que deben enfrentar las mujeres es la falta de salida laboral. Por ese motivo se han puesto en marcha distintos talleres que pretenden brindar algunas herramientas para facilitar esa búsqueda de trabajo. Junto a la parroquia y el Oratorio se ha logrado conseguir un horno, una amasadora y una heladera. Estos elementos les permite al grupo cocinar pan, tortas, prepizzas, facturas, y no solo para sus familias, sino también para vender en el barrio. De esta forma se busca sustentar el grupo y comprar los materiales para darle continuidad a los talleres.

Además cocinan para el Oratorio los días sábados, y en el mes de mayo colaborarán en la Fiesta Patronal de San José Obrero. Todas estas propuestas hacen que poco a poco las mujeres se sientan parte de la comunidad y que encuentren un lugar-hogar donde juntarse y compartir la vida.

“Desde el primer día que llegué me sentí bien y me sentí escuchada, que era lo que más necesitaba”, expresa Ana quien llegó al grupo a través de la invitación de su cuñada. Por su parte, Brisa, coincide en que el grupo le brindó un espacio de escucha muy grande y que allí “entendí qué es la contención”. Cada tanto se organizan salidas al aire libre con el fin de que los vínculos sigan afianzándose y que la confianza se fortalezca cada día más. Quizá ese es el motivo por el cual las palabras “contención y apoyo” se mencionan con mucha frecuencia entre las integrantes. El clima de familia que fue construyéndose durante el último año abraza con calidez a cada una de ellas, y les brinda un espacio seguro para seguir soñando juntas.

BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – MAYO 2026

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