Esa persona…

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Cómo te extraño

Quiero abrazarte y sentir
volver a ser un niño,
y que me alejes del miedo, cariño,
y no sentir los años,
dormir desnudo y a salvo
de todo lo que hace daño.

Quitar la vida y mentir
se hizo una costumbre.
Cuando la fe y el amor ya no alumbren
no va a quedar más nada.
Vivir será lo temido por todos
y la muerte amada.

Sabor temprano de azul
es el color del cielo,
si llueven sueños, la luna está en celo
y el sol de soltería.
Me gana el llanto añorando
decirte mis tonterías.

Podrás decirme que soy,
tal vez, exagerado,
cuando aseguro que estar a tu lado
me vuelve el tiempo al cero.
Y ahora mismo apagar el reloj
es lo único que quiero.

Y cómo te extraño, cómo te extraño…

Tú, vida, eres tú
y yo un bendecido con tu amor
y con tu luz
que calma mi dolor.
Tú, vida, eres tú
y yo un bendecido con tu amor
y con tu luz
que calma mi dolor.
Mi dolor.

Se termina el año y empezamos a hacer cierres, balances y reflexiones a partir de todo aquello que nos fuimos proponiendo. Así vemos que en el transcurso de este tiempo hemos pasado por varios y diversos momentos: de alegría, de dolor, de espera. También de grandes revoluciones, o de sentimientos encontrados.

Sin embargo, en todos estuvo presente una persona que nos ayuda a tener claro el sentido, la meta y también el camino de lo que vamos transitando. Esa persona es la que nos sostiene, nos levanta y nos recuerda una y otra vez que confía en nosotros. A ella le podemos poner el nombre de papá, mamá, de un compañero, un colega, una pareja o un amigo… ¡y en ella está Jesús!

Si bien a partir de esta canción de Abel Pintos podemos pensar que la extrañamos porque pareciera que no la tenemos junto a nosotros, al mismo tiempo nos recuerda que gracias a Él descubrimos que no todo es mentira en este mundo, no todo es atropello, no todo está perdido.

Apostemos a que la violencia no tenga la última palabra y hagamos que mentir no se vuelva una costumbre. La vida es valiosa y tenemos que respetarla, la nuestra y la de los demás, siendo custodios de nuestros hermanos, porque allí está en juego lo más hondo y profundo de nuestro ser. La vida del otro nos importa, nos preocupa, nos interpela y nos ayuda a crecer. Por eso, cuando nos falta, la extrañamos y mucho.

Pidámosle al Señor que nos asista cada día con su Espíritu para que seamos luz y bendición para los demás. Llevemos a Dios a este mundo que ya no habla tanto de Él. Como dice la canción, “tú, vida, eres tú”: lo que decidís ser, hacer y para qué.

Para seguir reflexionando:

  • ¿A quién extraño? ¿Por qué?
  • ¿Cuáles son esas “tonterías” que añoro?
  • ¿Extrañamos a Jesús? ¿Es Él que se alejó de nosotros o nosotros nos alejamos de Él?
  • ¿Qué puedo hacer para que mi vida sea una bendición para los demás?

Por Mariano Bueno • mbueno@donbosco.org.ar

Boletín Salesiano, noviembre 2016

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