El arte de andar en skateboard

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Ser «buenos cristianos y honestos ciudadanos» es una invitación que requiere el desafío de mantener el equilibrio sin perder la tensión.

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El lema que nos regala el Rector Mayor recuperando una de las expresiones más auténticas de Don Bosco, tiene su raíz y encuentra su sentido en la oración que rezamos todos los días a nuestro padre Dios: que su voluntad y su amor, se vivan tanto en la tierra como en el cielo.

Un binomio desafiante

Lo que Don Bosco nos propone como educadores y evangelizadores de los jóvenes es justamente un binomio que establece una tensión dinámica, de distinción y de reciprocidad, complementarias e indisolubles, que toca tanto la dimensión personal como la comunitaria. Ambos polos del binomio son facetas realmente diversas: aspectos específicos de la realidad del ser humano y de su proceso de educación: la tierra honrados ciudadanos y el cielo buenos cristianos. Pero de acuerdo al sistema preventivo ambos aspectos se reclaman uno al otro de tal manera que no existe para él un joven perfecto, es decir santo, si no es un ciudadano maduro y comprometido en la comunidad en la que actúa y, al mismo tiempo, un hombre de Dios: seguidor de Jesús y de su Evangelio, de la mano de María.

 

La tensión como riqueza

Toda tensión genera una sensación de inestabilidad, que provoca las ganas de eliminarla o disminuirla fácilmente inclinando la balanza hacia uno de los platillos, o haciendo desaparecer uno de los polos en cuestión, lo que lógicamente produciría la deformación del binomio. De hacer esto se caería en el activismo o en el intimismo. La solución en cambio es la búsqueda de la armonía.

No existe para Don Bosco un joven santo, si no es un ciudadano comprometido con su comunidad y, al mismo tiempo, un hombre de Dios: seguidor de Jesús y de su Evangelio.

Existe una relación circular entre los dos polos: los dos tienen su indispensabilidad, desde puntos de vista diferentes. El procedimiento consiste en permitirle a la “gracia de unidad”, don y fuente del carisma salesiano, de acuerdo a lo que marca Egidio Viganó, ejercer su sabiduría de educación sobre nosotros. Se trata de una gracia y un aprendizaje: como aprender a mantenerse armónicamente dispuestos en un skateboard patineta en movimiento. Inicialmente seguro nos demos unos cuantos golpes, pero estarán compensados por la sensación de agilidad y libertad que adquirimos en el desplazamiento. A medida que crecemos en destreza disfrutaremos la ligereza, vivacidad y rapidez que logramos. Seguridad y desafío se armonizan en una nueva síntesis superadora.

 

El maestro

El maestro en este arte es el mismo Don Bosco. Las Constituciones de los Salesianos en el artículo 21 describen una fotografía narrativa hermosa: “admiramos en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, vivía como si viera al Invisible. Ambos aspectos se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio a los jóvenes. Lo realizó con firmeza y constancia, entre obstáculos y fatigas, con la sensibilidad de un corazón generoso: No dio (un) paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas”. Él supo conjugar en su persona, lo que nos propone vivir como salesianos educadores.

 

La hora de la actualización

Nos toca entonces espejarnos en la imagen de nuestro padre para ver en primer lugar cómo cada uno de nosotros vive esta espléndida armonía entre el compromiso por nuestro pueblo aquí en la tierra, mientras nuestro corazón está habitado por la continua unión con Dios; y cómo se retroalimentan vitalmente ambas dimensiones.

Existe una relación circular entre los dos polos: los dos tienen su indispensabilidad, desde puntos de vista diferentes.

¿Somos educadores en el arte de vivir en armonía siendo honrados ciudadanos y buenos cristianos? ¿Nuestros exalumnos son testigos de esta gracia y aprendizaje? ¿Se mueven con habilidad e incidencia sobre el skateboard de la educación salesiana que les permite no caerse en medio de las dificultades de nuestro tiempo? ¿Llegan antes, a cada desafío que les propone la vida, la cultura, la sociedad en que vivimos, y proponen una respuesta llena de la sabiduría del Espíritu Santo que los habita?

Hermoso y apasionante desafío para este año: vivir y enseñar a vivir como honrados ciudadanos y buenos cristianos ¡Qué don Bosco nos conceda esta gracia y habilidad!

 

Por Luis Timossi, sdb ltimossi@donbosco.org.ar

BOLETIN SALESIANO – MARZO 2020

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