Dar cuenta: Cien kilómetros por hora

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Esa era la marca en el velocímetro del micro que volcó en la cordillera. Una tragedia en nuestra provincia de Mendoza, donde murieron diecinueve personas y veintitrés fueron hospitalizadas por heridas graves. En una curva donde no se debían superar los cuarenta kilómetros por hora, los conductores manejaban a cien.

Da escalofríos leer el listado de las víctimas, y escuchar los testimonios de los que se salvaron, quienes relatan los gritos de los pasajeros pidiendo al conductor que baje la velocidad en distintos momentos. No se desconocen las presiones que tienen todos los choferes de corta, media y larga distancia en nuestro país. Por llegar a tiempo a destino, por cumplir las reglamentaciones exigidas, por llevar el salario a sus familias. Eso es claro, pero nada justifica el exceso.

También nosotros podemos preguntarnos por nuestros propios excesos: ¿Qué nos pasa cuando no podemos “bajar el velocímetro”? ¿Cómo lidiamos con las presiones que nos llegan por distintos frentes? Somos dueños de nuestros actos: ¿cómo autorregular la intensidad de nuestras acciones para cuidar nuestra vida y la de los demás?

Aprendamos aquí también de Jesús y su capacidad para detenerse, para llevar un ritmo intenso y constante, pero no desenfrenado. Un marco de referencia para todos en este inicio de año. En los grupos juveniles, en las comunidades educativas, en nuestras familias: bajar la velocidad nos puede salvar.

Por Susana Billordo

Boletín Salesiano, marzo 2017

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