Cuesta trabajo

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Una charla con jóvenes sobre el mundo laboral

El sol se va asomando en el horizonte pampeano, y un grupo de  jóvenes de la ciudad de General Pico, en un bello ritual semanal, se van encontrando en la sala del oratorio como cada viernes. Han recibido en esta oportunidad la invitación de reflexionar juntos acerca de una realidad particular: el mundo del trabajo.

En primera persona

Jonathan viene de muchas horas de estar despierto; madrugó para ir a trabajar a la panadería y por la tarde le salió una “changa” junto con su hermano adolescente cortando pasto. Le toca ayudar a su mamá desempleada y a sus dos hermanos menores.

“Hoy no te llaman porque no tenés el secundario. Por un lado está bien y por otro lado está mal. Hay gente que no pudo estudiar porque tenía necesidad de trabajar. No abandonás la escuela porque querés, la abandonás porque necesitás plata para comer”.

Enzo enganchó un trabajo de temporada cargando camiones de una importante cadena de heladerías de la zona. Ingresa cada día, en agobiantes jornadas de calor, a la enorme sala frigorífica, limpia los tachos y realiza cuanta tarea le toque para llevar algo de plata para pagar el alquiler y sostener a su pequeña hija y su mamá.

Daniela está cursando su primer año de la facultad. Desde su adolescencia cuida niños pequeños y limpia casas para poder pagar sus gastos y ayudar en el hogar.Durante el año ha decidido renunciar a algunos de sus trabajos para poder dedicarse más plenamente al estudio, pero siempre tiene algún rebusque con venta de ropa, cosméticos, elaborando comidas y cuidando niños por hora.

El mate está listo y los jóvenes junto con sus animadores comienzan una interesante conversación que se prolonga más allá de una hora.

¿Qué es el progreso?

“Progreso”, “trabajo en blanco”, “respeto”, “experiencia”, “esperanza”, “ganas de trabajar”,  “desempleo”, “vacaciones”, “aguinaldo”, “trabajo en negro”: palabras que resuenan cuando hablamos sobre el trabajo con estos jóvenes del centro juvenil Campito Centenario.

“Progresar es diferente para cada uno.Para mí es poder comprarme una bicicleta, o tener mis cosas. Para otros puede ser otra cosa.”

Algo es seguro: chicos y chicas buscan “progreso” pero,¿qué es el progreso para ellos? Es tener un trabajo en blanco, contar con vacaciones pagas, obra social, seguridad frente a los riesgos, recibir un trato respetuoso, ingresos estables y acordes a la economía actual; en otras palabras, derechos. Pero alcanzar el objetivo no es fácil, y su realidad dista bastante de lo que sueñan. Los trabajos a los que estos jóvenes acceden son precarios, “mal pagos”, inestables, “no hay seguro” frente a un accidente, “sos esclavo”, “te ponen en blanco pero a la mitad”… sin contar el trato despectivo con el que suelen encontrarse por parte de los patrones y los abusos de autoridad.

¿Con trabajar no alcanza?

Y el modo en que el trabajo configura la vida de las personas es mucho más complejo. En primer lugar, la identidad de los jóvenes se construye principalmente alrededor de dos esferas: la educación y el trabajo. En el caso de los jóvenes que quedan excluidos del sistema educativo, es aún más fuerte el arraigo al trabajo. La pregunta es: ¿qué ocurre con aquellos jóvenes que luego de abandonar la escuela, acceden a empleos precarios como los mencionados antes? ¿Cómo se construye la identidad de ese joven? ¿Desde qué lugar? La precariedad y la flexibilización laboral propia de estos tiempos complejiza aún más la situación. El trabajo no sólo es el piso desde el cual se construye la subjetividad, sino que también funciona como mecanismo de integración social. Hoy este mecanismo atraviesa una crisis, ya que la calidad de los trabajos pareciera no poder garantizar la integración de las personas a la sociedad en su carácter de ciudadanos.

“Hay algunos patrones que le faltan el respeto a los empleados y el chico por necesidad se queda ahí. ‘Andá y buscá otro trabajo mejor’. No te quedés ahí si te están ‘verdugueando’ y no te gusta. O de última aclaráselo. No porque es el patrón te puede maltratar: sos persona también”.

En este contexto, donde prima cierto discurso “meritocrático” que deposita la responsabilidad del “progreso” en los sujetos aislados, dando por hecho que todos tienen las mismas oportunidades, es importante correr el foco y prestar atención a los procesos económicos nacionales e internacionales que condicionan la vida local y cotidiana de los jóvenes, y que fortalecen los procesos de exclusión, pero encubiertos desde este discurso del mérito propio.

Dentro de las dificultades que los jóvenes se encuentran, también van descubriendo aprendizajes. Uno de ellos es la necesidad de terminar la escuela, como una herramienta para alcanzar un sueño, no solo material, sino también el sueño de estar bien con uno mismo, de ser alegre en el trabajo, de crecer como persona.

Los jóvenes claman por ser mirados como como sujetos de derecho y no como mano de obra barata. Ello implica una sociedad comprometida con la juventud, que pueda acompañar desde espacios de educación formal y no formal, solidaria en la garantía de sus derechos y que lo ayude a descubrir sus potencialidades.

Las estadísticas convalidan la percepción de los jóvenes sobre el trabajo. Los últimos informes disponibles del INDEC ubican a la tasa de desocupación argentina en el 8,3% en el tercer trimestre de 2017, pero en la franja de 18 a 24 años esa cifra casi que se triplica: el segmento más joven es al que más le cuesta insertarse en el mercado laboral.

Por Florencia Gutiérrez, Andrea Pizarro y Julio Torres

*Florencia Gutiérrez, Andrea Pizarro y Julio Torres son animadores de la obra salesiana de General Pico. Julio es operador sociocomunitario. Florencia y Andrea son licenciadas en Trabajo Social, y ambas realizaron su tesis de grado sobre los jóvenes y mundo del trabajo.

Boletín Salesiano, marzo 2018

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