¡Así se festeja la Independencia!

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Tres historias sobre la celebración del 9 de julio en las obras salesianas de la Patagonia.

La Familia Salesiana siempre participó de las fiestas nacionales con despliegues escenográficos: desfiles, demostraciones gimnásticas, el famoso chocolate caliente, el Te Deum, discursos varios y hasta incluso cañonazos. Al momento de festejar, no había que quedarse cortos.

Tal como cuenta la crónica de la obra de Fortín Mercedes —casa de formación, pupilaje y escuela agrícola, fundada en 1895 y ubicada en el margen del río Colorado, al sureste de la provincia de Buenos Aires—, para conmemorar el centenario de la Declaración de Independencia el 9 de julio de 1916 se realizó un acto en el que participó toda la escuela. Sin embargo, al otro día, los sacerdotes de la casa llevaron a los pupilos a disfrutar de un paseo recreativo a una estancia vecina, donde el dueño del establecimiento los recibió con un gran festín: “10 de julio, paseo general a la estancia La Elena, conmemórese el 9 de Julio, se consideró como el verdadero día patrio, el señor Urgoity y su familia agasajaron opíparamente a todos”.

En medio de las noticias de los actos realizados en el Centenario de la Independencia a nivel nacional, La Cruz del Sur —periódico salesiano de Rawson, Chubut, en circulación desde 1905— en su edición del 9 de julio de 1916 publica una simpática “queja salesiana” que dice así:

“Anomalía inexplicable. El día 9 de julio, el Excelentísimo Señor Presidente de la República, con todos los Señores Ministros, el cuerpo Diplomático y altos empleados del Poder Ejecutivo, asisten al Te Deum; concurren también el Presidente de la Suprema Corte con sus Ministros y Tribunal (…) Con las autoridades supremas de la Nación acuden las familias; solamente los niños de las escuelas oficiales no pueden intervenir en corporación.

¿Por qué la escuela, que no es más que la continuación y el complemento de la familia, no puede participar de actos solemnes en que intervienen los jefes y miembros de la misma? ¿Qué concepto se hará el niño de una escuela que no puede presentarse en donde están los altos poderes del Estado y sus padres y hermanos?”.

Para la misma fecha, pero cincuenta años después, los chicos del colegio Don Bosco de San Carlos de Bariloche —donde los salesianos están presentes desde 1915— festejaban estoicos. Ni la nieve los paraba:

“Amanece nublado y frío, a las 9 se reúnen los alumnos en la galería, primeros y segundos, para un breve acto patriótico: himno-discurso-poesía-palabras del padre Director. A continuación se va a la Iglesia mayor, participan en el Te Deum (…) presidido por el Padre Párroco.

En la calle Mitre se desarrolla el desfile bajo la nieve que en esos momentos cae copiosamente. A pesar de ello, [hubo] muchísimo público. Los primarios, debido al frío, no participaron, a última hora los secundarios desfilaron muy bien”.

Veremos qué anécdotas seremos capaces de construir en este Bicentenario de la Independencia para que otros, dentro de muchos años, las recuerden.

Por Pamela Alarcón y Julieta Ferraggine • palarcon@donbosco.org.ar

Boletín Salesiano – Julio 2016

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