Don Ángel Fernández: por seis años más

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El Capítulo General 28 renovó por seis años más el servicio de Don Ángel Fernández Artime como Rector Mayor de los Salesianos.

 

Queridos amigos y hermanos de la Familia Salesiana, 

Comenzando mi nuevo sexenio, comparto con ustedes lo que siente mi corazón. Primero que nada, agradezco a Dios, en cuyas manos amorosas nos encontramos y movemos todos. Dios nos ha guiado hasta este momento. El “sí” que nuevamente he pronunciado nace de la confianza en Dios y en todos ustedes, que forman el alma y el corazón de esta amada Familia.

La emoción es grande. Me siento aún asombrado por el hecho de ser “sucesor de Don Bosco”, centro de unidad de la Familia Salesiana. Y me quedo sin palabras, una vez más, cuando leo el testamento espiritual de Don Bosco:

“Antes de partir para mi eternidad, debo cumplir con ustedes algunos deberes y satisfacer así un vivo deseo de mi corazón (…) Los dejo aquí en la tierra, pero sólo por un poco de (…), su Rector ha muerto, pero será elegido otro que cuide de ustedes y de su eterna salvación. Escúchenle, ámenle, obedézcanle, recen por él, como lo hicieron por mí”.

Las palabras de nuestro amado padre resuenan en mi mente y en mi corazón como bálsamo y como fuego al mismo tiempo. Su figura es tan grande que inevitablemente me siento pequeño e indigno. Sólo la gracia que viene del Señor —a la cual me abandono—, Su ayuda, la de todos los salesianos en los más diversos lugares del mundo, y el amor que tengo y tenemos por nuestros jóvenes, especialmente los más pobres, me dan la paz y la valentía necesarias.

Muchos hermanos me han preguntado cómo me siento. Mi respuesta ha sido siempre esta: muy en paz y muy libre. Esto es lo que he sentido todo el tiempo, durante el Capítulo y durante el discernimiento. Es lo que he sentido antes y después de las elecciones: paz y libertad, porque no he buscado ni busco este servicio. Estaba espiritualmente listo para continuar, porque siento que los seis años que vivimos fueron años de gracia, aunque no sin dificultades, pero no me han arrebatado ni quitado la esperanza y el deseo de fidelidad personal a la Congregación. Sin embargo, estaba también listo para concluir mi servicio.

Buscaré ser, en lo posible, un verdadero hombre de Dios, con fuerte identidad carismática y pastoral.

Y es con esta paz y libertad que imprimo en mí lo que se dijo sobre las expectativas sobre el Rector Mayor: buscaré ser, en lo posible, un verdadero hombre de Dios, con fuerte identidad carismática y pastoral; visionario, capaz de una mirada de fe y esperanza al leer la realidad. Es mi profundo deseo continuar siendo, en lo posible, hombre capaz de paternidad y afecto fraterno, de acompañamiento, cercano a los hermanos.

Pienso que pondré muchas de mis energías para ser un hombre capaz de construir unidad, de involucrar y acompañar, de crear una visión común, de unir las diferencias, de construir comunión entorno de sí, de trabajar en equipo y delegar.

Los jóvenes son para nosotros el «sacramento» de nuestro encuentro con Dios

Finalmente, dirijo la mirada a los jóvenes. Ellos son para nosotros el “sacramento” de nuestro encuentro con Dios. Constituyen “la zarza ardiente” a la cual nos acercamos en nombre de Dios. Son el lugar sagrado de la santificación que Dios nos ha asignado en Don Bosco.

La presencia de los jóvenes en el Capítulo General ha dejado nuestros corazones llenos de emoción con motivo de la fuerza de sus palabras juveniles.

Los jóvenes nos han pedido estar con ellos, no dejarles abandonados a su destino. Nos han pedido quererles, amarles, porque nos anhelan y nos aman. Nos han pedido acompañarles en el camino de la vida. Y nos han pedido ser personas capaces de hablarles del amor que Dios tiene por ellos. No nos han pedido estructuras, o más paredes, ni programas de gestión, ni tampoco actividades.

Los jóvenes fueron cofundadores con Don Bosco, como dijo el papa Francisco en su mensaje al Capítulo General 28. He aquí porque ellos y el ruido de sus voces —escribe el Santo Padre— son y deben ser nuestra “mejor música”. Estamos llamados a permear la vida de tantos jóvenes abandonados, en peligro, pobres, descartados, que esperan una mirada de esperanza, que esperan aquel salesiano que será hermano, a veces padre y siempre amigo.

No podemos no ser fieles teniendo ante nuestros ojos a los niños, adolescentes, jóvenes y a sus familias. Se espera de nosotros una doble fidelidad: fidelidad a los jóvenes y docilidad al Espíritu Santo.

Ha sido importante vivir el Capítulo en Valdocco. El mismo Santo Padre nos habla de la que ha definido como “la opción Valdocco” y que traduzco en sueños que son ya realidad pero que deben serlo aún más, porque sueño como Don Bosco que el salesiano del siglo XXI sea una persona llena de esperanza, apasionada de Jesucristo. 

Sueño una Familia Salesiana, que viva por y con los muchachos y jóvenes, amándolos verdaderamente en el nombre del Señor.

Sueño una Familia Salesiana con el espíritu de Valdocco como la construyó Don Bosco, que viva por y con los muchachos y jóvenes, amándolos verdaderamente en el nombre del Señor.

Sueño una Familia Salesiana en la que los pobres y abandonados, los descartados, los excluidos, aquellos que han sufrido algún tipo de abuso y violencia sean la prioridad, como hizo Don Bosco.

Si es así, la Madre Auxiliadora continuará haciendo todo en esta Congregación y en esta Familia salesiana. Y a todos ustedes, con afecto, repito las palabras del papa Francisco: “Sueñen y sueñen en grande. Sueñen y hagan soñar”.

 

Don Ángel Fernández Artime

BOLETÍN SALESIANO • ABRIL 2020

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