Contra la corriente, en defensa del agua

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Un grupo de jóvenes se organiza para estar presente en una gran movilización. Quieren sumar su voz y poner al tanto al resto de la sociedad sobre algunas situaciones que necesitan ser puestas en evidencia. Los días previos se ocuparon de difundir la fecha, el horario y el lugar de encuentro. 22 de marzo de 2021: el día llegó.

Las actividades planeadas en el marco del Día Mundial del Agua hicieron que esta escena se repita simultáneamente en varias ciudades. Esta jornada tiene como principales objetivos concientizar a la comunidad global acerca de la importancia de este bien natural común y fundamental para el desarrollo de las personas y las especies en el planeta; y visibilizar la problemática de millones de personas —familias migrantes, en situación de calle o que viven en condiciones de extrema pobreza— que aún no tienen acceso al agua potable. A escala local, los problemas de escasez de agua radican principalmente en la contaminación por industrias como la megaminería y por prácticas agrícolas y ganaderas nocivas.

En nuestro país, la confluencia de movimientos y organizaciones sociales, ambientales, rurales y de trabajadores ha permitido visibilizar en esa jornada, además, la necesidad de la aprobación de los proyectos de ley de humedales, acceso a la tierra, reciclado con inclusión social y educación ambiental. Ya hace tiempo que las problemáticas, los fenómenos y los desastres ambientales —y la recurrencia de éstos— no son ajenos a la sensibilidad y opinión públicas. El hecho de que se den múltiples conflictos socioambientales en simultáneo y que están vinculados, no es casual. Sin embargo, la perspectiva ambiental no sólo es relegada a segundo plano desde la política, sino también por la justicia.

Adolescentes y jóvenes toman la iniciativa en las discusiones cotidianas. Son protagonistas en las demandas y expresiones de protesta, espacios donde el derecho por el que se manifiestan pareciera, lamentablemente, cada vez más difícil de asegurar: una casa común con presente digno, y un futuro posible. 

Estas nuevas formas de manifestarse incluyen protocolos y distanciamiento, pero seguirán creciendo y manteniéndose en el tiempo mientras naturalicemos el avance de la crisis ecológica, climática y humanitaria. Se necesita de la voluntad genuina por parte de las autoridades para impulsar políticas públicas ambientales que estén acompañadas por legislación que impida el lucro indiscriminado de los bienes comunes por parte de sectores corporativos, y no permita la impunidad de los responsables frente a estos atropellos. Con la certeza de que nadie se salva solo, es clave que nos involucremos en la disputa por un ambiente sano y apoyemos las instancias donde resuenan los gritos de las juventudes.

Noelia Luna

BOLETÍN SALESIANO – ABRIL 2021

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