Película: Risa y la cabina del viento (2025)
Dirigido por: Juan Cabral
Disponible en: Netflix
Por Demian Labadie //
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Y conocé
que la vida no termina
donde vos lo ves.
Ser así no cuesta nada.
Extracto de la canción “Gratis”, Babasónicos.
¿Qué sucede cuando nuestras búsquedas se encuentran con las voluntades del prójimo?
Risa,es la única niña del pueblo que puede escuchar el timbre del teléfono de la cabina del viento: un punto de encuentro donde los habitantes dejan mensajes a sus seres queridos que ya no se encuentran en este plano. Cuando Risa atiende, esperando encontrarse con la voz de su padre del otro lado, da con múltiples voces que no conoce, pero que se conectan con su alrededor: sus amigos, vecinos e incluso su propia familia.
Las voces le piden favores que les han quedado incompletos en vida y que ayudan a cerrar sus últimos deseos para descansar en paz: desde terminar una partida de ajedrez, hasta comunicarles a sus seres queridos que sigan adelante. Todo para eventualmente llegar a escuchar a su padre.
Se pone en juego entonces una pregunta para nada sencilla y dolorosamente actual. ¿Por qué tengo que encargarme de los problemas de otros? ¿Qué gano en ayudar si me desvío de mis propias búsquedas?
La figura de Esteban, el vecino que cuida a Risa cuando su madre trabaja, nos puede ayudar a pensar la respuesta. Él también sufrió una pérdida y hace años que vive aislado de todo. Sin embargo, encuentra en Risa y su don una excusa para volver a salir al encuentro de la gente del pueblo. Tanto nuestros dones como nuestras dificultades, siempre al servicio de nuestra comunidad.
El desarrollo del vínculo entre Esteban y Risa se acerca mucho a las ideas que Don Bosco nos propone a lo largo de su obra: los deseos del prójimo pueden ser parte de mi búsqueda, y cuando se comparten —lo que otrora fueron padecimientos o voluntades incompletas— se transforman en luces que alumbran un nuevo camino para seguir adelante, para caminar con otros. Compartir mi don para potenciar y ver el crecimiento del don del prójimo.
Actualmente a los jóvenes algunos espacios y propuestas les exige claridad sobre su porvenir, priorizarse a sí mismos y evitar compartir en comunidad. Se penaliza la incertidumbre y se premia la aceleración sobre nuestros pasos, a pesar de que carezcan de convencimiento. Pero la película nos recuerda que pararse y escuchar, aunque nos desvíe de nuestro objetivo, es perderse para volver a encontrarse.
BOLETÍN SALESIANO DE ARGENTINA – SEPTIEMBRE 2026
